Un enfermo mental mata a su madre en el barrio gijonés de Monteana y se entrega a la Policía

A la derecha, la vivienda en la que murió Marimí. /
A la derecha, la vivienda en la que murió Marimí.

Marimí Fresno, de 54 años, murió asfixiada en su casa mientras su familia dormía ajena. El parricida confeso había estado ingreso en Jove

OLAYA SUÁREZGijón

A María Milagros Fresno Ramos Marimí la encontró la Policía muerta en su casa de Monteana el 29 de noviembre. Fue su propio hijo, diagnosticado con una enfermedad mental, el que se personó en la Comisaría para confesar el crimen. La mujer murió asfixiada en el salón de la vivienda mientras su marido y sus otras dos hijas dormían ajenos al drama. No se percataron de lo ocurrido hasta que los agentes se presentaron en la casa para comprobar si el testimonio de Iván G. F., de 32 años, era veraz.

«No pasó nada en concreto, me desperté, no podía dormir, bajé al piso de abajo y la maté», relató con tranquilidad a los agentes. A continuación, tal y como él mismo explicó, salió a la calle y empezó a caminar, aún de noche. Recorrió a piel los más de diez kilómetros que separan la vivienda familiar de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de El Natahoyo.

«He matado a mi madre. Sufro un trastorno psicosocial grave y no tengo capacidad de empatía con los demás ni siento nada», le espetó al policía que regula la entrada a las dependencias policiales. Según las investigaciones, no existió un móvil concreto que desencadenase el crimen, más allá de la propia alteración mental que sufre el presunto parricida y para la que, según dijo, no tomaba la medicación prescrita. Su último ingreso en el área de Psiquiatría del Hospital de Jove fue el pasado mes de junio. Pero los problemas venían «de más lejos». El joven se negaba a tomar la medicación que le fue recetada por los facultativos médicos.

Desde hacía años la enfermedad mental de Iván se había convertido en el eje sobre el que giraba la vida de una familia muy querida y apreciada en Monteana. Marimí, de 56 años, vivía en la parroquia desde pequeña, cuando se trasladó con sus padres a residir a los pisos de Ensidesa. Allí se casó con Rafael y allí establecieron su vida.

«Era muy buena gente, nunca tenía una mala palabra con nadie y vivía para su familia. Nadie se merece un final así de trágico, pero menos ella que se desvivía por sus hijos», comentaba una vecina de la fallecida.

Delito de asesinato

Iván G. F. ingresó en prisión por un delito de asesinato con el agravante de parentesco. Relató ante la jueza de Instrucción número 2 la misma versión que ya había aportado con los agentes. «Tenía una relación muy buena con mi madre, pero la tenía que matar, no pasó nada en especial pero la maté», dijo con sangre fría. Su abogada alega problemas mentales y considera que su cliente podría no ser jurídicamente imputable por una supuesta incapacidad. El caso permanece en fase de instrucción a la espera de juicio.

María Milagros Fresno Ramos fue despedida en el tanatorio de Jove por sus familiares y amigos, consternados por el violento episodio que acabó con «una mujer vital». «A Iván no lo podemos juzgar, tenemos que ayudarlo, cualquiera de nosotros podría pasar por una situación como la suya. Marimí ha sido víctima de una enfermedad, no suya, sino de la de su hijo», pronunció durante la homilía Constantino Bada, párroco de Monteana. Los vecinos de la familia golpeada por la tragedia intentan dar una cierta normalidad al viudo, Rafael, que no ha dejado de acudir a diario al bar Cañaveral, ubicado justo frente a su casa.

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