Un nuevo comienzo con regusto amargo

Fernando Hiero, con Michu y Jonathan Vila, durante un entrenamiento en El Requexón. /
Fernando Hiero, con Michu y Jonathan Vila, durante un entrenamiento en El Requexón.

El Real Oviedo sepultó sus opciones de ascenso con un pésimo final de campaña en su regreso a Segunda

IVÁN ÁLVAREZ

Una montaña rusa de sensaciones para sus aficionados. Eso supuso para el Real Oviedo el 2016, iniciado con la licencia para soñar que le otorgaba la tercera posición a solo un punto de la zona de ascenso directo y despedido en reconstrucción tras los primeros meses de un nuevo proyecto que pretende corregir los errores cometidos en el final de la pasada campaña.

Con la comunión entre la grada y los jugadores en auge por los buenos resultados en la primera mitad de la campaña de regreso tras más de una década en el barro, un terremoto sacudió la tranquilidad azul. El anuncio de la dimisión de Sergio Egea el 14 de marzo, posteriormente justificada por Arturo Elías como «problemas de vestidor», crispó a la afición y enrareció el ambiente en un momento clave de la temporada, nada más cruzar la frontera del último tercio liguero.

La entidad optó por otorgarle las riendas del equipo a un entrenador novato, que apenas cuatro meses antes había colgado las botas ovacionado por Carlos Tartiere. Generelo se estrenó como entrenador con una derrota en Alcorcón, preludio de lo que supuso su etapa en el banquillo azul, marcada por los malos resultados.

Aunque el conjunto carbayón se repuso siete días después con un cómodo triunfo (3-0) sobre la Ponferradina en un día festivo para conmemorar el noventa aniversario del club, la arriesgada apuesta de la entidad no cuajó. Las escasas cuatro victorias y un único empate en trece duelos compusieron el pobre bagaje de trece puntos sobre los últimos 45 en disputa que dinamitaron las opciones de disputar el play off de ascenso tras estar en los puestos que dan acceso a él durante todas las jornadas de la segunda vuelta salvo las cuatro últimas.

En esa recta final se consumó el descalabro, con cuatro derrotas consecutivas que generaron el epílogo más triste. Con un Carlos Tartiere de uñas tras el tropiezo en La Romareda que había agotado las opciones matemáticas de pugnar por el salto a Primera, Osasuna goleó (0-5) a los azules para dejar el regusto más amargo en una campaña que suponía el fin a una larga travesía por el desierto.

Sin demoras, nada más finalizar el partido, el asesor deportivo del club, Joaquín del Olmo, y el presidente, Jorge Menéndez Vallina, comparecieron en sala de prensa para asumir los errores y comenzar a planificar la siguiente campaña, anunciando un cambio de rumbo con la llegada de un entrenador con experiencia y carácter. El elegido fue Hierro, abanderado de un proyecto diseñado a medio plazo, bajo la premisa de lograr el salto a la élite del fútbol nacional en un período de cinco años.

El técnico malagueño desembarcó en su bautismo de fuego junto a un cuerpo técnico experimentado para acometer la reconstrucción de un conjunto zarandeado en el final de la pasada campaña. Con varios cambios en la metodología de trabajo, se acometió también una profunda remodelación en la plantilla.

Once refuerzos llegaron en el pasado mercado estival a El Requexón. Los nuevos en enfundarse la elástica oviedista componían una mezcla de jóvenes con proyección en busca de continuidad para catapultar su carrera y futbolistas con experiencia en la categoría, con ascensos en su currículo deportivo. Cerró ese capítulo de altas la más esperada por la afición, el anhelado regreso de Michu.

Estandartes de la casa

En un verano en el que los seguidores oviedistas celebraron la renovación de Esteban, también volvieron a ver con el escudo del club en su pecho a Michu, que regresó al equipo en el que desarrolló su trayectoria formativa nueve años después de poner fin a su primera etapa. Recuperada la sonrisa en el Langreo tras un calvario con las lesiones, el mediapunta disparó la ilusión desde el momento de su presentación, que congregó en el Carlos Tartiere a más de 4.000 personas.

Tras un período de adaptación, inauguró oficialmente su segunda etapa en el club de sus amores con dos goles en La Condomina y volvió a experimentar la sensación de perforar la portería contraria en el Carlos Tartiere para hacer hincar la rodilla al líder en el feudo azul.

El internacional español es uno de los estandartes de un equipo que, tras un inicio dubitativo, ha encontrado el camino con la solidez defensiva como brújula. Una virtud ensombrecida en los últimos duelos a domicilio, asignatura pendiente del cuadro carbayón, que solamente ha logrado vencer lejos de su estadio ante el Cádiz y el UCAM Murcia a lo largo de 2016. Las dos alegrías como visitante llegaron con Hierro al mando, que despidió el año con derrota y espera sentar las bases para construir un equipo ganador que devuelva al club a su lugar histórico.

 

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