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«El ambiente aún está cargado en Nueva Zelanda»

Lidia del Moral se fue de Asturias hace casi tres años./E. C.
Lidia del Moral se fue de Asturias hace casi tres años. / E. C.

Lidia del Moral vive en la ciudad neozelandesa de Christchurch | Hace año y medio que encontró trabajo: «No tengo ninguna queja, solo que aquí comen a las doce», bromea La gijonesa

M. F. ANTUÑA

Lids. Así llaman a Lidia del Moral Fernández (Gijón, 1993) en Nueva Zelanda. «No están muy acostumbrados a nombres tan largos», bromea esta ingeniera formada en la Politécnica de Gijón, donde se graduó en la especialidad de diseño mecánico y fabricación. No tenía muy claro qué hacer y las circunstancias parecían enfocar hacia las antípodas. «Durante mi último año de carrera tuve muchas dudas sobre qué hacer al acabar. La situación en Asturias no estaba muy bien así que me planteé algo diferente: mi padre ya llevaba una temporada en Nueva Zelanda y mi novio se iría el curso siguiente a estudiar a Australia, así que ¿por qué no buscar una oportunidad por Oceanía?».

Allá se fue y allí vive desde hace casi tres años. «En junio de 2016 presenté proyecto y tres días más tarde estaba cruzando el planeta», relata desde donde tiene ahora su sede vital. «Pasé una temporada viviendo y viajando por Australia y más tarde me mudé a Nueva Zelanda, donde volví a ver a mi padre. Meses más tarde encontré trabajo aquí, en Christchurch».

Tiene empleo, de modo que profesionalmente hablando está feliz y contenta. Y eso que no fue fácil hacerse un hueco. «Fue duro encontrar trabajo, sin experiencia previa, sin ser el inglés mi lengua materna y, sobre todo, sin visa de trabajo. Nadie apostaba por mí, pero al final alguien lo hizo y aquí estoy», afirma. Asegura que en su empresa, Energyline, dedicada al diseño y fabricación de luminarias comerciales, valoran su quehacer y respetan sus decisiones, y subraya que invierten en formar a trabajadores jóvenes para que puedan crecer profesionalmente. No se olvidan, tampoco, del plano personal. «No tengo ninguna queja, pero si tuviera que decir algo en contra: comen a las doce del mediodía», bromea.

La vida, eso sí, es más rutinaria en el ámbito personal durante la semana. «Tengo que trabajar, encargarme de cosas de casa y encontrar tiempo para hacer lo que me gusta», resume. Eso sí, la conclusión después de año y medio de trabajo es que todo va como la seda. «He conocido a un montón de gente excepcional y me gusta la vida aquí». No es extraño que así sea, porque sus fines de semana se llenan de continuas escapadas y es «como tener vacaciones constantes». Pero no hay que olvidar lo obvio: vive en una cultura diferente «y lo de irse de cañas un miércoles por la tarde, aquí no existe». Esos pequeños detalles se añoran desde la distancia.

Pero puede que sean más los descubrimientos que las añoranzas en un país hermoso como pocos. «Es precioso», introduce de forma contundente y, sin embargo, no está muy explotado y las posibilidades para hacer rutas, para conocer lugares espectaculares, son infinitas. «He viajado por gran parte de la isla sur y una zona de la isla norte. Hay playa, montaña, fiordos y lagos, muchos lagos», anota. Añade que aún le queda mucho por descubrir. «Tuve que venir al otro lado del mundo para darme cuenta de lo bonito que es perderse haciendo 'tramping', como dicen aquí. Pero creo que aún no he visto ni la cuarta parte», afirma. Concluye con un deseo de llegar más lejos: «Algún día».

La inmensa distancia que la separa de Asturias y las impertinencias de un cambio horario que invierte día y noche son un par de obstáculos en su experiencia al otro lado del mundo. «Todo es duro cuando te vas de casa, y está claro que sin redes sociales sería mucho peor, pero por mucha comunicación que haya, no hay dinero que pague el abrazo de un ser querido. Tengo muchas ganas de ver a mi familia, amigos y perderme por las calles de España», confirma.

La familia, los amigos, la habitación de casa, los bares de siempre, «Cimata» y el idioma español están en esa lista de cosas que cada día quisiera tener cerca, pero, aunque volver está en sus planes, de momento se queda allí. «Volveré de vacaciones a menudo, ¿pero a vivir? ni idea, el futuro es muy incierto. Quién me iba a decir que iba a estar aquí ahora. Ya veremos, la vida es larga y bonita».

En Christchurch vivió esta asturiana muy de cerca el reciente atentando contra la comunidad musulmana, aún latente en la ciudad. «Christchurch y su gente siempre fueron muy tranquilas, es una ciudad grande y multicultural, nadie se podía creer lo que había pasado», explica. «El ambiente aún está cargado de 'odio' a actos como estos y 'amor' al prójimo; es extraño, triste y bonito a la vez», concluye.