https://static.elcomercio.es/www/menu/img/asturianos-por-el-mundo-desktop.jpg
Asturianos por el mundo

Asturianos por el mundo | «Aquí si dejas la casa abierta no pasa nada»

David Fueyo con Adrián, de casi tres años, en brazos, y Ayeh con Liam, de casi dos. / E. C.
David Fueyo con Adrián, de casi tres años, en brazos, y Ayeh con Liam, de casi dos. / E. C.

David Fueyo vive en Dubái desde 2010, donde se casó en 2015 con una iraní y nacieron sus dos hijos | «Me gusta mucho trabajar con gente de otras culturas», asegura el responsable de servicios de Thyssen en los Emiratos Árabes

M. F. ANTUÑA

De mayo a octubre el calor aprieta duro, pero el resto del año es un paraíso. David Fueyo (Gijón, 1977) lleva casi una década viviendo en Dubái y no solo se ha acostumbrado al país, sino que se confiesa feliz. «Aquí encontré a mi mujer y aquí nacieron mis hijos y la experiencia de todos estos años trabajando es muy buena», resume este gijonés con estudios superiores en electrónica que lleva 23 años en Thyssen. En 2006 estaba en la delegación de Gijón cuando pidieron personas dispuestas a cooperar en la construcción del aeropuerto de Dubái, se apuntó, se fue, regresó a España y en 2010 volvía de nuevo ya para quedarse. Primero su trabajo se centró en la última terminal del aeropuerto, luego le dieron la responsabilidad de un centro comercial que se estaba construyendo junto al circuito de carreras y ahora es el jefe de servicios de todo el país. «No me aburro, no, ahora mismo tengo a más de 300 empleados a mi cargo», afirma.

Está integrado y encantado en el país en el que conoció a Ayeh, una arquitecta nacida en Dubái pero con pasaporte iraní con la que se casó en 2015. «Nos casamos en la embajada española, pero la celebración fue en Asturias y con gaiteros». Ahora tienen dos hijos, Adrián y Liam, de tres y dos años. De momento, la familia no tiene planes de mudarse, pero volver a Asturias es una opción muy apetecible. Con dos niños pequeños, la idea es que tengan oportunidad de crecer allí, aprendiendo de forma natural diferentes idiomas y conociendo culturas, pero en el futuro querrían cambiar de destino. «Aquí la educación es muy cara, mi hijo de tres años va a la guardería y tengo que pagar unos mil euros al mes por tres días cuatro horas, y es es solo la guardería», explica. Por eso, la mirada al futuro apunta a lugares más cercanos a Europa.

Tiene ese calor y esa humedad agobiante que obligan a vivir una vida sin salir nunca a la calle, siempre de un lugar con aire acondicionado a otro con aire acondicionado, pero tiene también muchas cosas positivas Dubái. «El nivel de seguridad es muy bueno, puedes dejar el coche o la casa abierta que no pasa nada», explica.

«Yo la verdad es que he tenido mucha suerte, me gusta trabajar con gente de otras culturas y ahora mismo conmigo hay personas de más diez países», explica. Porque, como él mismo se encarga de aclarar, solo el diez por ciento de la población son locales, el resto son expatriados y el país cada vez se adapta más a ellos. «En Ramadán hay que respetar sus creencias, no se puede comer en público, por ejemplo, pero cada vez son más flexibles, en los centros comerciales antes no, pero ahora siempre hay un área para comer abierta, protegida por biombos, pero abierta», relata.

El trabajo -y también la situación geográfica de Dubái- le ha permitido viajar a países como Vietnam, Tailandia, Sri Lanka, Hong Kong y le ha dado la oportunidad de relacionarse con personas de culturas dispares -australianos, checos, sirios, estadounidenses...-, pero, eso sí, la llamada de España está ahí siempre. «Al final tiramos a la cómodo y después de todo el día hablando otro idioma te gusta juntarte con gente que habla el mismo, buscas esa afinidad». Así que sus amigos españoles en Dubái son muchos y todos saben que el 8 de septiembre hay una cita ineludible y esperadísima: fabada en casa de David. «El año pasado nos juntamos veintitantos». Madrileños, andaluces, algún asturiano, todos dispuestos a hincarle el diente al potaje y a paliar esas añoranzas gastronómicas inevitables. Claro que la familia se echa aún más en falta. David suele viajar un par de veces al año a Asturias, pero ahora con los niños la cosa se complica, así que ha decidido llevar la montaña a Mahoma. «Los últimos tres años he ido invitando a diferentes miembros de mi familia para que vengan», apunta.

Pero muy pronto, en tres semanas será Mahoma el que vaya a la montaña. Asturias sigue siendo la patria querida, la aspiración de futuro y el hogar al que volver.