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Asturianos en la diáspora

«Me dedico a que los demás se lo pasen bien. ¿No es maravilloso?»

Ricardo García, elegancia gijonesa en Nueva York. / E. C.
Ricardo García, elegancia gijonesa en Nueva York. / E. C.

Ricardo García dirige en Nueva York una empresa que organiza fiestas y eventos | Rihanna, DiCaprio, Paris Hilton, la Selección española de fútbol o la Familia Real saudí están entre sus clientes

A. VILLACORTAGIJÓN.

Ricardo García se confiesa «adicto al deporte», no prueba ni una gota de alcohol y, por supuesto, nada de drogas. Y es que este gijonés tiene muy claro que esa es «la única manera de trabajar en el mundo de la noche» y no quedarse colgado de ella en Nueva York, la ciudad que jamás duerme y donde este jovencísimo emprendedor es uno de los que manejan el cotarro noctámbulo desde que fundó con varios amigos -uno de ellos, Víctor Ruiz, también gijonés- 1990 Group, uno de los grupos más potentes de promoción de fiestas y eventos de Manhattan. Una empresa a cuya puerta han llamado ya 'celebrities' como Rihanna o DiCaprio, Paris Hilton o la Familia Real saudí en busca de un poco de diversión.

«Nos dedicamos a hacer realidad los sueños y a que los demás se lo pasen bien, al mismo tiempo que nosotros también nos divertimos. ¿No es maravilloso?», cuenta Ricardo García, que llegó a la Gran Manzana después de cursar el Bachillerato en Gijón. Y todo, gracias a una beca deportiva para jugar al tenis y, de paso, estudiar Económicas.

Y, aunque su destino inicial fue Arizona, donde permaneció un año y medio, más pronto que tarde se dio cuenta de que lo suyo eran las grandes urbes. Ninguna, claro, más excitante que Nueva York, uno de los centros de la economía mundial y donde el dinero fluye como si no hubiese un mañana. Y más, por la noche. El sueño americano hecho realidad.

Allí, García formó con varios amigos y «casi por casualidad» 1990 (el año de su nacimiento), una firma a la que también han recurrido la Selección española de fútbol o equipos como el Real Madrid o el Atlético en sus visitas a Estados Unidos, donde un reservado en una discoteca de moda puede alcanzar precios astronómicos. Traducido a cifras: la mesa más barata en uno de estos clubes cuesta 1.500 dólares. Donde a los garitos únicamente acceden los elegidos que figuran en la lista del portero. «La decisión de quién pasa y de quién no es suya. Da igual quién seas o cuánto dinero tengas. Es el rey de la noche».

Este mago de las relaciones públicas tiene muchas de esas llaves, pero, como la discreción es otra de las máximas de este gijonés acostumbrado a tratar con la fauna nocturna más variopinta, lo único que explica es que «cualquier persona que llegue a Manhattan» puede solicitar sus servicios y que ellos se encargarán de conseguir cualquier cosa que desee: desde una cena de lujo a una limusina, pasando por un espectáculo o la actuación de un rapero o de un dj de fama mundial. Aunque, últimamente, «lo que más está pegando en Nueva York es el reguetón. Cada vez más. Sobre todo, entre el público latino».

Por lo demás, su trabajo comienza poco después de levantarse a media mañana y consiste en coordinar a un equipo de veinticinco personas para que todo salga como espera el responsable de la multinacional de turno o el deportista de élite que les ha contratado. Un empleo «a tiempo completo» cuyo mayor activo son los contactos de su agenda, que suman varios miles.

«Trabajamos seis noches a la semana. Eso sí: solo hasta las tres. Porque el concepto es diferente que en España y las madrugadas en Nueva York son más cortas. A partir de las cuatro, nadie tiene licencia para vender alcohol», apunta. Hasta esa hora, casi todo es posible en la ciudad de los sueños. Y Ricardo García -que tiene visado de trabajo hasta 2023 y espera prorrogarlo- es el hombre encargado de hacerlos realidad.