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«No veo que Asturias vaya a mejorar»

Manuel Llorca y Raquel Blázquez, en Durham. / E. C.
Manuel Llorca y Raquel Blázquez, en Durham. / E. C.

Manuel Llorca Riego lleva desde 2015 en Durham, al noreste de Inglaterra | El economista gijonés es investigador postdoctoral en la universidad y emigró con su mujer, ilustradora

A. VILLACORTA

«Me apena mucho, pero no soy del todo optimista acerca del futuro de Asturias. Hay una población cada vez más envejecida, un alto número de pensionistas y empleados públicos, su PIB es de los que menos ha crecido en las últimas décadas, los jóvenes no ven oportunidades claras y se van, la reconversión industrial se hizo de aquella manera... Y lo peor es que no veo claro que en los próximos años la situación vaya a mejorar».

Esta valoración llega desde Durham, al noreste de Inglaterra, y la hace el gijonés Manuel Llorca, que a mediados de 2015, tras leer su tesis doctoral en economía de la energía, hizo las maletas y se marchó rumbo a esa pequeña ciudad histórica que creció alrededor de la catedral y del castillo, a la vera del río, y que presume de tener la tercera universidad más antigua de Inglaterra después de Oxford y Cambridge, fundada en 1832.

En ese centro de conocimiento que es clave para la economía de Durham y también para su vida cultural, con calles animadas por cientos de estudiantes, encontramos a Llorca, porque allí es investigador postdoctoral, «un trabajo flexible en el que no hay que fichar y casi todo se puede hacer desde el portátil, pero que también tiene sus desventajas, como que puedes estar un domingo a las doce de la noche enviando correos electrónicos desde la cama». Aunque, si de lo que se trata es de hacer balance, lo justo es decir que el economista «está contento», porque, además, junto a él está Raquel Blázquez (o Raquel Bonita de nombre artístico), licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, ilustradora y la mujer de su vida, con la que se casó en 2016 en el piloñés Palacio de Rubianes y que cambió su vida en Madrid por la aventura inglesa. Y, como su trabajo también puede hacerse a distancia, no hay más fronteras para esta pareja de gijoneses que «la pasta que cuesta volar a Asturias, tal y como están las conexiones aéreas».

Aunque, a decir verdad, por el momento no tienen intención de volver más que de vacaciones, por más que sus padres les pregunten «qué va a pasar» si algún día deciden tener hijos. Y si esto es así es porque, aunque saben que en España podrían surgirles oportunidades, la cuestión es que las condiciones «no suelen ser tan buenas. En el caso de Asturias, hay un montón de gente que quiere volver o que no quiere marcharse, y ese apego algunas veces pesa más que unas mejores condiciones laborales en otros lugares».

Eso sí: Manu no pierde el vínculo con sus antiguos compañeros de la Universidad de Oviedo colaborando en diversos trabajos de investigación. Y explica que el modelo británico ha sido tradicionalmente «más prolífico a la hora de publicar que el español, en el que hasta hace poco se primaba sobre todo la docencia y no existían tantos incentivos a la investigación». Un modelo que el economista está conociendo ahora en profundidad y que valora como «muy competitivo, en el buen sentido del término», y en el que «surgen un montón de oportunidades, proyectos, nuevos grupos de investigación... prácticamente a diario».

Por lo demás, los días en Durham son tranquilos. «Tanto, que hay estudiantes que dicen que no hay nada y se van a vivir a la ciudad importante más cercana, que es Newcastle y que está a una distancia como de Gijón a Oviedo».

«Hacemos una vida bastante hogareña, hacemos deporte, estudiamos idiomas (Raquel francés, Manu chino), vamos al cine o salimos a cenar. Porque, aunque hay quien dice que la comida británica no existe, hay algunas cosinas y siempre puedes disfrutar de los restaurantes indios, tailandeses o de cualquier lugar del mundo, y los dos somos de buen comer».

Ese es el espíritu de esta pareja que lo mismo estaría «bien en Inglaterra que en Francia o en Alemania» y que si tuviese que decir una cosa negativa de Durham solo hablaría de las temperaturas («no tanto en invierno, sino en verano, que no da tregua porque el promedio de máximas llega solo a los veinte grados en julio») y que si echa de menos tira de redes y teléfono: «Con la tecnología que hoy tenemos, podemos hablar más con la familia y los amigos que hace unos años viviendo a media hora».