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Asturianos por el mundo

«En Berlín se respira libertad sexual»

«En Berlín se respira libertad sexual»
Marcos Martínez, sorprendido con confeti por sus amigos a la salida de un club berlinés en su cumpleaños.

El lavianés Marcos Martínez acaba de cursar un máster en la capital alemana

A. VILLACORTA

A veces, las razones más prosaicas se esconden tras las decisiones más transcendentes y el lavianés Marcos Martínez Calvo decidió estudiar Farmacia por una razón que nada tiene que ver con la vocación ni con la herencia familiar: «Sentía que necesitaba estar conmigo mismo y explorar nuevos lugares, porque en casa de mis padres, que además era pequeña, ya me estaba empezando a agobiar. Ten en cuenta que Laviana no es Gijón ni Oviedo». Así que, apurado por aquella urgencia, se lo comentó a su hermano mayor y cogieron el coche rumbo a la Universidad de Salamanca, donde cursó el grado con un erasmus en Alemania incluido, en el que aprovechó para iniciarse en el idioma del pueblo germano y perfeccionar su inglés.

La bola de nieve había empezado a rodar. Marcos, que hoy tiene 25 años, había descubierto otro mundo y le había gustado. Mucho. De manera que, cuando terminó la carrera, escogió un máster de desarrollo farmacéutico que también acaba de concluir. Y el destino elegido fue Berlín, donde reside desde el 3 de octubre de 2017, una fecha que marcaría el inicio de su nueva vida.

Una vida en la que comparte piso y en la que forma parte de un grupo de españoles que se echan una mano siempre que hace falta. «Por ejemplo, si alguien tiene que hacer una mudanza, solo tiene que escribir un mensaje en el grupo de WhatsApp y allí aparecen, dispuestos a ayudar».

Pero, además de practicar la solidaridad entre emigrantes patrios, con ellos ha descubierto la noche berlinesa y el techno, una música a la que se ha aficionado en una ciudad que nunca duerme, con unos 900 bares y más de 190 clubes. La reina de la cultura rave. Casi nada. «Fue meterme en el ambiente y me enganchó», admite.

Y es que el epicentro europeo de la electrónica es también el de esas fiestas en las que se mezclan culturas, identidades y cualquier otra forma de división, fundidas en la fe que los devotos profesan a este tipo de música. Unas celebraciones en las que, muchas veces, los sonidos de vanguardia y el sexo van de la mano, según confirma Marcos. «He recibido algunas proposiciones que no se pueden contar en el periódico y otras que sí. Como cuando me entró un chico mexicano que me ofreció trabajo en su productora gay. La verdad es me sentí halagado y le di las gracias, pero es que ni siquiera soy gay y no creo que hubiese dado el perfil», bromea. Y ya en serio afirma que, «en general, en Berlín se respira libertad sexual. La gente tiene menos prejuicios, pero a la vez es muy respetuosa. Y, de hecho, conozco varias parejas que, después de llevar bastante tiempo juntas, tienen una relación abierta».

Él, de momento, está soltero. Así que, ahora que ha terminado de estudiar, planea quedarse en Alemania para encontrar trabajo en alguna entidad como la Organización Mundial de la Salud o la Agencia Europea de Medicamentos y disfrutar a fondo de una capital «en ebullición, llena de cultura, de vida, de artistas y de gente joven en busca de fortuna y ansiosa de nuevas experiencias» y a la que solo le encuentra una pega: «El frío». Porque, cuando los termómetros bajan sin piedad, «no puedes estar ni diez minutos en la calle sin congelarte. Pero, cuando llega el verano, las cosas se ven mucho mejor, y estamos en la gloria entre los 25 y los 30 grados».

Allí lleva desde el 3 de octubre de 2017 recibiendo a amigos y familiares para hacerles de perfecto anfitrión. Por ejemplo, a sus padres, que «ahora que se jubilaron están deseando viajar» y que pasaron con él una semana friéndole a preguntas y a traducciones simultáneas. Y allí seguirá un tiempo. Porque, si tiene que ser sincero, en Asturias no ve muchas salidas o, al menos, oportunidades apetecibles: «La mayor parte de mis amigos o no trabajan o cobran a duras penas mil euros por una jornada completa, así que quizá debería haber otra reconversión. Aunque, por otra parte, no sé si los fondos mineros sirvieron para reactivar las Cuencas o para hacer museos y centros de interpretación».