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«Como buena canguesa, no me pierdo las fiestas del Carmen ni la Descarga»

«Como buena canguesa, no me pierdo las fiestas del Carmen ni la Descarga»
Abigail Fernández, en playa Blanca, Punta Cana.

La arquitecta Abigail Fernández Carnicer trabaja en la República Dominicana

A. VILLACORTA

Si hay una cita imperdible en el calendario estival de Abigail Fernández Carnicer (nacida en Cangas del Narcea en 1985), esa es el Carmen: «Como buena canguesa, no me pierdo las fiestas ni la Descarga». Así que esta arquitecta afincada en Santo Domingo vuelve cada mes de julio a Asturias para estar con los suyos, disfrutando a todo disfrutar de la gran folixa de la pólvora y de esos más de 80.000 voladores lanzados por 800 tiradores y apurridores en un tiempo aproximado de seis minutos.

Todo un subidón de adrenalina y tradición, de raíces, para esta mujer arriesgada que se animó a emprender la aventura americana en 2013. Una decisión en la que influyeron varios factores. «Pero, sobre todo, mis ganas de tener la experiencia de vivir fuera de España por un tiempo. Era algo que siempre había querido hacer y en la universidad me quedé con la espinita de no disfrutar de una beca Erasmus», cuenta.

Dicho y hecho: hizo las maletas y rumbo a la capital de la República Dominicana se marchó. «Tengo familia allí y ya había visitado el país en otras ocasiones, lo cual me facilitaba el cambio. Me adapté tan bien que, en principio, me fui para unas vacaciones y tardé ocho meses en volver a España... ¡a buscar el resto de mis cosas!».

En su nuevo destino, empezó trabajando en una compañía española radicada en el país latinoamericano en la que continúa y que compatibiliza con su propio estudio de arquitectura. Una firma en la que hoy está volcada en «el diseño y construcción de un proyecto turístico de apartamentos y chalets en primera línea de la playa de Las Terrenas, Samaná, uno de los lugares más espectaculares de la isla».

Allí, ha crecido Abigail personal y profesionalmente, porque «el balance general es muy positivo». Y es que cuenta con muchas bazas a su favor. En primer lugar, «que la colonia española más grande del país es la asturiana, por lo que la gente siente una gran afinidad y tiene mucho conocimiento de nuestra tierrina». Y, en segundo, que «hay una gran comunidad de expatriados de diferentes países, lo que te da la oportunidad de enriquecerte relacionándote con gente de diversas culturas».

Y aún hay más ventajas: «Me encanta el clima, aunque, contra lo que la gente pueda pensar, llueve mucho, pero la ventaja es que a los diez minutos brilla el sol como si nunca hubiese caído una gota de agua». O «el carácter de los dominicanos: personas hospitalarias, serviciales y que siempre tienen una sonrisa y una palabra amable». Gentes que, en general, «sienten mucho afecto por los españoles. Aunque también está presente ese sentimiento de amor-odio a la madre patria común en todos los países de América Latina, aunque aquí es menos acusado que en otros en los que he estado. Y, además, les sorprende mucho que, siendo España un país más desarrollado, emigremos a República Dominicana», aclara.

Pero, como ni siquiera el edén es perfecto, la pega es que «está muy lejos de casa» y que, además de a su familia y a sus amigos, Abigail Fernández Carnicer echa de menos un placer tan pequeño y a la vez tan grande como caminar tranquilamente por la calle. «Aquí, entre la falta de costumbre y el clima, nadie camina y es imprescindible tener coche para moverse». Y, si de pedir se trata, tampoco estará mal «una mayor oferta cultural y de ocio».

Con todo, de momento, el plan es seguir a orillas del Caribe sin descartar nuevas latitudes. «Aunque aquí estoy feliz, no le cierro la puerta a otras oportunidades que puedan surgir en cualquier otro lugar». Larga vida a la aventura.

 

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