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Asturianos por el mundo

«En Dinamarca las cosas funcionan»

Andreas, Maui y Carmen. / E. C.
Andreas, Maui y Carmen. / E. C.

Carmen García Bango se fue en 2015 por amor y allí sigue con boda en ciernes: «En mi oficina tenemos gimnasio, clases de yoga, un bar con cerveza y vino gratis los viernes, desayuno, comida y cena»

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Carmen García Bango (Gijón, 1991) hizo el hatillo por amor. De eso hace ya cuatro años. Andreas, su novio, es danés y, como en 2015 ella -licenciada en ADE y Marketing en el CEU de Madrid y Máster en Grenoble- estaba escribiendo la tesis de su máster y él empezaba con su primer trabajo, la lógica imponía mudanza. Pero no fue la única razón: «También porque en Dinamarca puedes sobrevivir sin hablar danés y en España es un poco más complicado». Se fue con la idea de un par de años, pero allí sigue, con perro, trabajo en una empresa de software, hipoteca, organizando boda y sin billete de vuelta.

«Si tuviese que describir Dinamarca rápidamente, diría simplemente que es un país en el que las cosas funcionan. Sí, pagamos muchos impuestos, pero, cuando las principales necesidades de la sociedad están más que cubiertas, parece que duele menos», resume. Son muchas las ventajas que le ve al país, de forma especial en el ámbito laboral. «En Dinamarca es súper importante la conciliación de la vida laboral y la personal. Puedes entrar en cualquier oficina a partir de las 17.30 horas y lo más seguro es que solo te encuentres a la persona de la limpieza. La verdad es que es una maravilla, te da tiempo a tener hobbies y realmente disfrutar de tu tiempo libre», afirma. Y explica que las empresas se ocupan y preocupan de que los trabajadores estén a gusto. «En mi oficina tenemos gimnasio, clases de yoga, un bar con cerveza y vino gratis todos los viernes, desayuno, comidas e incluso cenas si te pides la comida para llevar». No es un país jerárquico y eso se agradece. «El CEO de nuestra empresa nos conoce a casi todos por nombre y muchas veces comemos con él o con otros altos cargos. Para mí, este fue uno de los mayores cambios culturales que experimenté en mi primer año en Dinamarca». Pero hay contras: «Es bastante difícil encontrar un trabajo que te guste sin hablar danés».

En cuanto a la vida social, el nuestro es un país más expansivo. «En España somos mucho de estar en la calle y la mayor parte de las cosas que hacemos tienen un componente social, pero Dinamarca no es así para nada». Ella, que ha vivido en Estados Unidos y en Francia, nunca había tenido problemas para conocer a gente nueva hasta llegar a Dinamarca. «Los daneses mantienen el mismo grupo de amigos desde el colegio y raramente lo abren a gente nueva». Son más de casa que de salir a tomar cañas al aire, pero es que la meteorología tampoco ayuda. Los inviernos parece que nunca terminan y la oscuridad no invita a salir a la calle, pero es que además es un país muy caro y el recurso casero siempre es más económico. «En un tono más positivo, Copenhague, que es donde yo vivo, es una ciudad increíblemente joven. Siempre hay cosas que hacer, sobre todo por el verano, y ves gente joven constantemente. Ojalá fuese Gijón así». Es, además, una ciudad preciosa, con un tamaño perfecto. «Otro punto a favor de Dinamarca es la facilidad de poder ir en bici a todas partes. Todo el mundo va al trabajo, a la uni e incluso cuando se sale de fiesta».

Añora a la familia y los amigos y echa de menos las excursiones de fin de semana. «Dinamarca tiene una naturaleza, desde mi punto de vista, extremadamente aburrida. El país es completamente plano, no hay ni una triste colina. A mí al principio no me entraba en la cabeza». La comida ocupa también su lugar en materia de añoranzas: «La danesa no le llega ni a la suela de los zapatos a la asturiana. Cada vez que voy a Asturias me la paso de fartura en fartura y vuelvo con la maleta llena de comida». Pese a todo, volver no es una opción: «Acostumbrada a trabajar aquí, volver a Asturias solo empeoraría mi situación laboral en todos los aspectos», dice, aunque se le parte el alma de pensar que esa puerta está cerrada.