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«Dublín es mi ciudad, lo tiene todo»

Borja Martín presume del paisaje de Irlanda del Norte en «la Calzada de los Gigantes, que aparece en la portada de un disco de Led Zeppelin»./
Borja Martín presume del paisaje de Irlanda del Norte en «la Calzada de los Gigantes, que aparece en la portada de un disco de Led Zeppelin».

Borja Martín lleva cinco meses en la capital de Irlanda, donde busca trabajo | El naviego, poeta y profesor de inglés, anima a los jóvenes a salir de casa: «Nunca sabes dónde vas a encontrar tu sitio»

A. VILLACORTA

«Sentado en un rincón le contemplaba / cumpliendo como un Dios imperturbable / el triste mandamiento del trabajo». Los versos pertenecen al poemario 'La tierra que pisamos', firmado por Borja Martín (Navia, 1994) y con el que el pasado año se proclamó ganador del concurso de poesía de la Universidad de Oviedo. Y en eso anda estos días precisamente: haciendo entrevistas y moviendo currículums, a la búsqueda de un empleo en Dublín, donde lleva desde el pasado 31 de mayo tras concluir sus estudios de enseñanza y la parte teórica de un máster que lo acredita como especialista en impartir lengua inglesa en educación Infantil y Primaria.

El destino empezó a tentarle desde bien pequeño: «Tenía diez años cuando mis padres me llevaron a un mercadillo en Avilés y allí vi que vendían una película con una carátula en la que aparecía un hombre con falda, algo que me extrañó bastante. Era 'Braveheart' y, a partir de ahí, descubrí la peli, empecé a leer cosas, fui de viaje de estudios a los dieciséis y me fascinaron Irlanda y Escocia».

Así que las pasadas navidades lo comunicó en casa. «Les dije que necesitaba marcharme a vivir otras experiencias», cuenta este poeta al que Navia y Oviedo se le quedaron, de repente, «muy pequeños». Y, allí, le animaron todos. Desde su padre, que le dijo: «Hazlo ahora, porque, si no, luego no lo vas a hacer y te puedes arrepentir». Pasando por su abuelo, que le preguntó: «¿Eso qué ta por ahí pa'rriba?». Y por su bisabuela: «Creo que ella no se hace muy bien una idea de dónde está Irlanda, pero me deseó mucha suerte».

Con la bendición familiar y un colega ya en territorio dublinés como avanzadilla, Borja aterrizó en el escenario de las obras maestras de Joyce y entonces lo supo: «Esta es mi ciudad. Una ciudad enorme, pero a la vez muy acogedora y con un ambiente multicultural, mucha música folk y con un índice de paro muy bajo. Lo tiene todo. En media hora estás en el mar o en medio del bosque, rodeado de unos árboles y una naturaleza increíbles que te quitan todo el estrés».

Tampoco tiene queja de los dublineses, «gentes con un humor directo y socarrón que casi siempre están dispuestas a ayudarte». Lo comprobó cuando sufrió un accidente en bici y, «a los cinco segundos, tenía dos conductores parados» a su lado ofreciéndose a llevarle a donde necesitase. Y ha tenido tiempo a conocerlos en profundidad, porque convive con una familia: «Dublín es una ciudad muy cara y puedes pagar por una habitación para ti solo entre 700 y 1.000 euros al mes o unos 500 si es compartida. Así que la opción de vivir en familia está muy bien a pesar de que a veces cenamos precocinados», bromea.

Pero, por si todo eso fuese poco, cuenta con un montón de amigos irlandeses que le han ayudado a practicar su inglés y una moza con la que ha empezado a cortejar, por lo que cree que conseguirá obviar su añoranza «del cachopo, el pulpo y les fabes» sin problema hasta Navidad, cuando volverá unos días a Navia haciendo escala en Santander.

En casa, tendrá tiempo para contarles con calma a sus padres y a su hermana que, tras dejar un empleo en una guardería y no ver muy claro lo de currar en un colegio («te exigen que convalides el título, además del nivel básico de irlandés gaélico, algo similar a que te pidan el euskera para trabajar en el País Vasco»), ahora acaba de encontrar algo provisional, pero que sigue en busca de algo relacionado con lo suyo o vinculado con la tecnología. Y es que, si de él dependiese, se quedaría «toda la vida en Dublín»: «Desde aquí, España se ve de capa caída y no sabemos cuándo se va a recuperar, así que animo a todos los jóvenes a pasar una temporada fuera, porque nunca sabes dónde vas a encontrar tu sitio: si en Roma, Berlín o Nueva York». El mundo, que nun ten cancellas.

 

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