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«Tenemos unas ganas locas de volver»

Noelia y Sergio, tras su boda./LADY SELVA
Noelia y Sergio, tras su boda. / LADY SELVA

Noelia González y su marido regresarán a Asturias tras varios años en París | Esta pareja de sierenses abandonarán sus trabajos en la ciudad de la luz y del amor, «que es muy bonita, pero muy dura para vivir»

A. VILLACORTA

Tras varios años viviendo en París, Noelia González y su hoy marido, Sergio Palacios, le dieron muchas vueltas, pero ya lo tienen claro: «Hemos decidido que volvemos a casa y tenemos unas ganas locas». Lo cuenta ella desde la ciudad de la luz y del amor, «que es muy bonita, pero muy dura para vivir». Un lugar al que viajó esta arquitecta de Ñora, Siero (129 habitantes según Wikipedia) de 1983, que a los 17 años se fue a estudiar Arquitectura a Madrid y después estuvo un año de Erasmus en Bélgica, donde aprendió francés y donde vive mucha familia que salió de Asturias en los sesenta. «Parece que lo de ser emigrante es hereditario», bromea.

El siguiente paso, tras terminar la carrera, fue buscar trabajo. Y Noelia tenía claro que le apetecía empezar su vida laboral en el extranjero, «por lo de vivir una nueva experiencia. Así que, tras probar a hacer entrevistas por Skype en Pekín o Chicago, se fue París. «Aproveché para recorrer todos los estudios que pude y dar mi port-folio. Unas semanas después, me llamaron del estudio donde estoy y me ofrecieron trabajo si me incorporaba inmediatamente, sin entrevista ni nada y unos días más tarde estaba allí, viviendo en un hostel hasta que encontré piso», recuerda.

Un año después, en 2012, la siguió su entonces novio, Sergio, poleso. «Él trabajaba en Feve, teóricamente un trabajo para toda la vida, pero se quedó al paro. Y, como no encontraba trabajo en Asturias, emigró para probar suerte sin tener ni idea de francés y en unos meses consiguió empleo como almacenista en Chanel. Para él el cambio fue mucho más duro. No hablaba el idioma, venía por obligación, el trabajo no le gustaba...».

Pero, poco a poco, se fueron haciendo a París, donde «las condiciones laborales en general son mejores que en España: los sueldos son más altos, hay cinco semanas de vacaciones al año, a partir de cuatro meses de haber trabajado tienes derecho a paro...». Y también en cuatro meses tanto Sergio como Noelia tenían un contrato indefinido. «Aunque luego no es todo tan ideal, ni los horarios, ni el sueldo. Sobre todo, teniendo en cuenta lo caro que es todo aquí. A no ser que seas ingeniero, claro» apuntan.

Eso sí, los franceses son muy suyos con el idioma, en el que «lo peor son las conversaciones telefónicas, sobre todo las laborales, y los números. Por ejemplo, noventa se dice cuatro veces veinte más diez. ¿En serio?».

«Y, después de seis años, cuando en algún bar o restaurante notan que eres extranjero, te siguen hablando en inglés». Algo que a ella le pone de muy mal humor. Así que, aunque al principio se esforzaron en hacer amigos extranjeros, al final su círculo terminó siendo «cien por cien español». Porque «está muy bien la teoría de hacer amigos de fuera para mejorar el francés, pero llega un momento que eso te da igual y lo importante es estar a gusto. Y lo de poder comunicarte en tu lengua y que te entiendan los chistes no tiene precio».

Pero, para ser justos y «al margen de esa discriminación con el idioma y a la hora de buscar piso, para lo que te piden un avalista francés», antes de llegar Francia, la pareja tenía la idea «de que los franceses nos tienen tirria a los españoles y hay que decir es totalmente falsa». Ahora bien, se encontraron con cosas que les resultaron curiosas. Por ejemplo, las dimensiones de las viviendas: «Aquí hay pisos de nueve metros cuadrados. Nosotros ahora vivimos en uno de 35 y antes vivimos en uno de 20. Me río yo de los minipisos de Zapatero».

Y, aunque se han 'aparisinado' en cosas como «hacer cola para todo», hasta el punto de que si no hay cola en un restaurante no van porque 'muy bueno no será', la operación regreso ya está en marcha y Sergio, «que es un freak de las dos ruedas, dimitió hace unos meses en Chanel para poder hacer una formación de mecánico en Barcelona y ahora está temporalmente trabajando de bici-mensajero», porque «en enero abrirá un taller-tienda de bicicletas en Pola de Siero, que se va a llamar Paname, el nombre en argot de París».

Noelia, por su parte, hablará con los jefes «para pedir una ruptura negociada, que es una modalidad de cese laboral en la que convienes la fecha y la indemnización y a la empresa no la dejas de un día para otro» y, aunque reconoce que anda «acojonadita con lo de regresar y tener que empezar de cero», está deseando «volver a comer buen pescado» aún sabiendo que echará de menos el pan, «porque ahí los franceses juegan en otra liga».

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