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«Italia es muy loca, pero engancha»

Manuela Hevia, con Florencia a sus espaldas. / E. C.
Manuela Hevia, con Florencia a sus espaldas. / E. C.

Manuela Hevia está de Erasmus en Bari y «es mejor incluso de lo que creía» | Esta estudiante de ADE disfruta de uno de los mejores años de su vida: «Pienso en cuando se termine y creo que voy a entrar en depresión»

A. VILLACORTA

Por si alguien lo dudaba, se confirma: ser Erasmus es un chollo y «lo de que hay mucha juerga también es verdad, para qué vamos a engañarnos. Salimos todos los días en plan tranquilo y dos días a la semana, de fiesta fiesta». O, al menos, eso cuenta la ovetense Manuela Hevia, que a sus veinte años no da crédito al que, sin duda, está siendo uno de los mejores años de su vida desde que en septiembre hizo las maletas rumbo a Bari, un paraíso a orillas del Adriático que esta estudiante de tercero del grado de Administración y Dirección de Empresas (ADE) compara con alguna localidad «del sur de España, pero hace diez años. Una ciudad que conserva cierto aire de pueblo».

Eso fue precisamente lo que la hizo decidirse por Italia entre todos los destinos europeos ofertados. «Quería algo parecido a lo que tenemos aquí, con el mismo ambiente y el mismo calor». Y eso fue justo lo que encontró cuando pisó tierras de la región de Apulia junto a su madre, que la acompañó «una semana al principio para quedarse tranquila»: «Los italianos son casi iguales que los españoles. Aquí estoy conociendo a mucha gente de todo el mundo. Polacos, franceses, ingleses... Pero ellos son muy guays y muy abiertos».

Y lo mismo piensa del país que la ha acogido, que ha aprovechado para recorrer en estos últimos meses y sobre el que también ha sacado ya una conclusión: «Italia es muy loca, pero engancha. Todo es un poco caos. El tráfico, por ejemplo. No hay semáforos o, si los hay, cada uno va a su aire». Pero, con todo, la bota de Europa tiene un no sé qué que a ella la lleva a concluir que «es incluso mejor de lo que creía».

Empezando por el sistema de exámenes de la Università Degli Studi di Bari 'Aldo Moro' -inaugurada por Benito Mussolini y que hasta 1943 llevó el nombre del dictador, al que sustituyó el del primer ministro asesinado por las Brigadas Rojas-, que le parece perfecto a esta futura experta en el mundo de la empresa: «En España tenemos dos convocatorias y en Italia tienen ocho. En general, nosotros somos más exigentes. Por ejemplo, en Italia llegar tarde a clase es bastante normal. O que un profesor falte dos semanas sin avisar».

No obstante, jura que ella está estudiando, así que lanza un mensaje de tranquilidad a sus padres, al tiempo que agradece «el esfuerzo que están haciendo, porque, al final, la beca es de doscientos euros al mes», que apenas le alcanzan para pagar el alquiler de un piso que comparte con otras dos estudiantes de Jaén en una ciudad tomada por universitarios, de los que, además, «el 90% son españoles».

En esa casa -escenario también de alguna que otra celebración estudiantil- está aprendiendo Manuela a ser independiente con algún que otro contratiempo.

«Por ejemplo, estuvimos dos semanas lavando la ropa con suavizante sin darnos cuenta. O el otro día, mientras fregaba un plato, se escurrió y, cuando me di cuenta, me había hecho un corte un poco raro y estaba sangrando. Fue ridículo, pero acabé en urgencias, donde me pusieron cuatro puntos y me trataron con mucho cariño».

Tan bien se siente que incluso se ha soltado con el idioma a pesar de que llegó sin saber una palabra de italiano y con el inglés del colegio. «Entender lo entiendo todo y a la hora de hablar meto muchísimo la pata y hasta me invento palabras con los profesores y con los que no son profesores, porque el peligro del italiano es que, en cuanto chapurreas un poco, te lanzas a improvisar», se ríe.

Así que no es de extrañar que esté «deseando que llegue el buen tiempo y los días empiecen a crecer, porque ahora se hace de noche a las tres de la tarde y es un bajón». Ni que «lo único malo» que se le ocurra de esta experiencia sea «pensar en cuando se termine. Creo que voy a entrar en depresión», bromea ahora que ha visto Asturias desde fuera. ¿Y cómo se ve? «Pues ahora que estoy viajando tanto y conociendo a tanta gente, la veo más pequeña y monótona, pero la sigo queriendo igual».