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ASTURIANOS POR EL MUNDO

«Perú te cambia la escala de las cosas»

Noval, en la plaza de Armas de Puno, con la catedral al fondo. /E. C.
Noval, en la plaza de Armas de Puno, con la catedral al fondo. / E. C.

Carlos Noval trabaja en la ciudad de Puno en una obra de aguas y saneamiento. «Es emocionante que mi trabajo permita la mejora de la calidad de vida de la población», afirma el geólogo e ingeniero poleso

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Mucho cambia la forma de ver y entender el mundo a medida que se conoce. A Carlos Noval González (Pola de Siero, 1977), licenciado en Geología y graduado en Ingeniería Civil por la Universidad de Oviedo, la aventura americana a la que le ha llevado el trabajo le está dando nuevas perspectivas. Coordinador técnico de proyecto del Grupo Proyfe en Latinoamérica, tiene su base de operaciones en la ciudad peruana de Puno, donde coordina el proyecto de ampliación y mejora de los servicios de agua potable y recolección de aguas residuales. Claro que antes, en 2015 ya tuvo una experiencia previa en Brasil, en concreto en Recife, donde trabajó hasta 2017 en tres proyectos de centrales fotovoltaicas. En 2017 tuvo su primer contacto con Perú, en la región de Arequipa, durante tres meses, y desde noviembre es nuevamente su lugar en el mundo.

«La experiencia está resultando muy enriquecedora profesionalmente, pues si yo hasta ahora realizaba la parte del proyecto de mi especialidad, ahora como coordinador estoy gestionando todo el desarrollo, contrataciones del personal local, logística, relaciones con las instituciones y autoridades locales, etcétera, además de supervisar la parte de mi especialidad de geotecnia, cimentaciones y estructuras», explica, y añade después que desde el punto de vista técnico no es especialmente complicado el desarrollo del proyecto; otra cosa es la burocracia. «Resulta más complicado el tema de la organización y logística, pues la forma de trabajo en Perú es muy burocrática y a veces es un poco frustrante que algo que podría solucionarse con una llamada de teléfono o un mail en un día, termine alargándose una semana». Todo ha de ser comunicado por carta, pero es que además, salvo en Lima, en el resto del país existen problemas de desabastecimiento y conviene organizar con tino y tiempo. «Otra cosa que te cambia es la escala de las cosas, aquí es como todo grande respecto a las magnitudes que manejamos. Por ejemplo, en España cuando hablas de viajar en coche mides el trayecto en tantas horas, aquí hablan de días».

En el plano personal, la vida es tan difícil como emocionante: «Difícil porque estás lejos de tu familia, pareja y amigos y exige un gran sacrificio personal, estás siempre con la maleta a cuestas; y emocionante porque tu trabajo permitirá el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida de la población».

El agua y el saneamiento en Perú son otro planeta muy distinto al nuestro. «Es sorprendente ver cómo una ciudad como Puno, de casi 200.000 habitantes y capital de la región, tiene restricciones en el servicio de agua potable, con barrios que solo disponen de agua corriente dos horas al día y que existen áreas en la periferia sin suministro, donde el agua llega por medio de camiones a los depósitos que tienen instaladas las viviendas o mediante pozos construidos de forma artesanal. Además, el agua que se suministra para el consumo no cuenta con un tratamiento de potabilización adecuado», resume. En la gestión de aguas residuales, otro tanto de lo mismo: vertidos a los ríos o al lago Titicaca sin tratamiento previo o con un tratamiento deficiente. Y todo junto genera enfermedades, que en España se podrían solventar rápidamente, pero que en Perú pueden causar la muerte. «Ver y conocer este tipo de situaciones hace que te replantees muchas cosas, y que cuestiones que considerabas un problema pasen a un segundo plano», afirma.

El aprendizaje es brutal y empieza por apreciar lo que se ha dejado atrás. «Valoras más los servicios que tenemos en España, como por ejemplo las infraestructuras básicas y los beneficios sociales o el sistema nacional de sanidad», anota. No ha tenido tiempo de hacer turismo aún por un país con una gran variedad de paisajes, donde conviven selva y desierto, pero tiene intención de hacerlo a lo largo de los once meses que dura el proyecto. Ya disfruta, eso sí, de «una gastronomía fascinante, donde la comida tradicional criolla, con raíces españolas, se mezcla con influencias japonesas, chinas y cantonesas dando una variedad de platos impresionante». Pese a todo lo dicho, no faltan añoranzas; hasta los días grises y fríos se echan en falta, pero en su cabeza quienes tienen lugar prioritario reservado son siempre las personas queridas.

Cuando acabe el proyecto, le encantaría poder trabajar en Asturias. Pero no lo ve claro: «Las cosas en nuestro país no acaban de arrancar», lamenta. Y la perspectiva de la distancia le da una de las razones de ese estancamiento: «En España, y en Asturias, tendemos a polarizar las cosas, a crear bandos con posturas enfrentadas que pretenden imponer su punto de vista al resto, sin pararnos a intentar llegar a un punto de acuerdo en común que beneficie al conjunto de la sociedad», concluye