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«El triunfo de Bolsonaro me da pena»

La gijonesa Patricia Fidalgo Escobar, en Natal. / E. C.
La gijonesa Patricia Fidalgo Escobar, en Natal. / E. C.

Patricia Fidalgo trabaja en Brasil en un proyecto contra la violencia de género | «No me pierdo por nada del mundo votar en las elecciones de mayo después de lo que pasó en Andalucía», dice esta graduada en Políticas

A. VILLACORTA

Patricia Fidalgo Escobar (gijonesa, 24 años) vive desde el pasado septiembre al noroeste de Brasil, «un paraíso con sol, treinta grados, comida rica y barata y playas maravillosas todo el año», pero también una tierra «con enormes desigualdades donde es casi imposible ir a cualquier parte caminando» y donde se ve obligada a recluirse por las noches «en una urbanización con seguridad privada».

Desde allí, asiste desde primera línea al viraje radical hacia la ultraderecha al que se enfrenta el país con la llegada a la Presidencia de Bolsonaro. Todo un privilegio para una graduada en Ciencias Políticas y de la Administración Pública por la Universidad de Valencia que siempre supo «que quería hacer algo relacionado con la cooperación».

Con esa idea en la cabeza, Patricia Fidalgo desembarcó en Natal (con un millón de habitantes y donde cada año llegan dos millones de turistas en busca de sus espectaculares paisajes) después de conocer en España a su novio Pedro, brasileño y estudiante de Derecho, y tras pasar por Bélgica (donde hizo prácticas en un organismo de la Unión Europea) y París (donde trabajó como profesora de inglés). Y allí, en la capital de Río Grande del Norte, ha podido por fin dedicarse al voluntariado en un proyecto contra la violencia de género que desarrolla el Gobierno brasileño.

«Por una parte, hacemos un seguimiento de cada caso, viendo si las medidas de protección a las mujeres maltratadas funcionan. Y, por otra, tenemos un grupo de trabajo con los agresores cuya finalidad es que no reincidan. De alguna manera, que puedan reinsertarse en la sociedad, porque aquí se lleva mucho lo de 'si no eres mía, no vas a ser de nadie más'».

Una tarea más que ardua -cuenta- «si tenemos en cuenta que Brasil es el quinto país más violento del mundo, donde cada hora y media muere una mujer». Así que «hay mucho trabajo por hacer».

Eso fue, al principio, lo que más le costó. «Acostumbrada a España, donde las mujeres somos mucho más independientes y estamos muchísimo más empoderadas, no llevaba bien no poder ir sola a ningún sitio, no disfrutar de ninguna autonomía y hacer tanta vida encerrada en casa. Era un poco agobiante». Y, por eso, ahora todavía valora más si cabe «la libertad de movimientos que tenía en Gijón».

«O lo de que, al margen de ir a la playa a beber cocos, la mayor parte del ocio pase por meterse toda la tarde en un centro comercial». Algo que le parecía inconcebible con el clima brasileño.

Tampoco, en aquellos primeros meses, la adaptación de «la única española de todo el equipo» de trabajo fue fácil. Pero ahora, que se comunica perfectamente en portugués «sin meter la pata», ya la ven «como una más», así que se declara «muy feliz». Una alegría que compartió su madre cuando fue a visitarla en Navidad: «Después del viaje, ya no quería volver a la lluvia de Asturias», bromea.

Ella sí quiere volver. «Siempre hay que tener un plan B». Y, todavía más que ella, su novio Pedro, aficionado al surf, que «se quedó enamorado de Gijón y sorprendido de su calidad de vida y de su gran oferta cultural, algo que en Natal escasea».

«Nos dimos cuenta de que, a pesar de que es una ciudad pequeña, Gijón tiene muchísimos atractivos y un potencial enorme, así que Pedro insiste en que tenemos que irnos a vivir a Asturias, que además necesita jóvenes que retornen con nuevas ideas que impulsen la economía», dice mientras aplaude a «los que se han quedado a tirar de la región a pesar de todas las dificultades».

Pero, antes, seguirá observando como espectadora de excepción «un proceso político populista que ha generado mucha ilusión entre los brasileños, profundamente nacionalistas»: «Creen que Bolsonaro va a ser la solución a todos los problemas de violencia y corrupción. Hay muchas esperanzas puestas en él, pero a mí su triunfo de me da pena, porque lo cierto es que el pueblo no está muy informado y la política está muy mediatizada». Y tampoco se pierde «por nada del mundo votar en las elecciones de mayo después de lo que pasó en Andalucía, que también da bastante miedo».

 

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