El nuevo HUCA, ¿crítica «canalla» o improvisación?

El nuevo HUCA, ¿crítica  «canalla» o improvisación?

Dos personas vinculadas a los inicios del proyecto, Juan Luis Rodríguez-Vigil y José Sanchis Moll ofrecen visiones diferentes sobre lo que ocurre en el nuevo hospital

LAURA FONSECA GIJÓN.

Uno fue quien puso la semilla en Asturias de lo que ya vemos, caminanos, tocamos y utilizamos como nuevo Hospital Universitario Central de Asturias. El otro, quien tuvo en sus manos el primer boceto del HUCA en La Cadellada a principios de la década de los noventa. Juan Luis Rodríguez-Vigil, exconsejero de Sanidad, expresidente del Principado y actualmente vocal del Consejo Consultivo, inició la andadura del futuro HUCA allá por 1988 cuando problemas de estructura en el viejo complejo de El Cristo le llevaron a idear un plan de reforma y a concluir que era mucho más rentable levantar un nuevo hospital que rehabilitar los vetustos edificios (nada menos que 17). José Sanchis Moll, desde su cargo de gerente del complejo hospitalario en 1993, vio los primeros trazados de todo aquello, aunque ese proyecto no llegaría jamás a ejecutarse.

La entonces osada idea de construir un nuevo hospital logró el aval del que era director general del Insalud, José Simón. No se trataba de un trámite baladí, ya que cualquier actuación de envergadura que se pretendía desarrollar en el Principado requería de la autorización de la Administración central, puesto que Asturias carecía de competencias sanitarias. Han pasado desde entonces la friolera de 26 años. Por el medio ha habido un tortuoso proceso de fusión hospitalaria y un no menos polémico proyecto de construcción en La Cadellada, cuyo presupuesto arrancó en 205 millones de euros y finalizó en casi 300, a los que se deben sumar otros casi 200 millones para equipamientos y accesos. Pero lo que pocos podían preveer era que, una vez abierto, el nuevo HUCA siguiera siendo motivo de polémica, esta vez por otras razones: «fallos informáticos y cierto grado de improvisación en la puesta en marcha», apunta Sanchis Moll, y «cainismo a la asturiana», reflexiona Rodríguez-Vigil.

Con cierta pena y algo de cansancio ve este exconsejero de Sanidad lo que está ocurriendo estos días en La Cadellada. «Claro que habrá fallos. Tiene que haber desajustes y problemas. Estamos hablando de un proceso complejísimo que requerirá de unos meses de adaptación. Pero salir a criticar así el nuevo hospital es una canallada. Tengo la impresión de que aunque las cosas fueran bien en Asturias y la crisis se acabara, aquí seguiríamos diciendo que todo está mal, muy mal». Cerrar un hospital, trasladar su actividad, sus pacientes, sus trabajadores y poner en marcha otro de las dimensiones del Central, «dotado de una tecnología nueva y en algunos casos futurista, es dificilísimo y hay que mostrar cierta comprensión», abunda. «Hacer compatibles todos los sistemas informáticos y los equipos exige un proceso de ajuste muy preciso y me consta que es en lo que están trabajando ahora mismo», indicó a modo de ejemplo.

Sin embargo, el facultativo y exgerente Sanchis Moll, ya jubilado, es algo más crítico y afirma que el nuevo HUCA «es un edificio monumental, pero poco hospitalario». Ya le ha tocado «ir como cliente» y a él sí le preocupa lo que está pasando en La Cadellada. «Salvo el traslado, que ha salido muy bien, el resto está dejando mucho que desear». Es consciente de las dificultades que supone no sólo cambiar de piel a un hospital, sino mudarlo entero, pero insiste en que el HUCA «como edificio, es bonito, pero poco funcional».

Sobre las críticas de los profesionales, especialmente los médicos, hacia el programa informático Millennium, Rodríguez-Vigil considera que «lo que deben hacer todos los trabajadores es aprender a manejar la herramienta. Me consta, porque tengo amigos médicos en el HUCA, que es una cuestión de actitud. Si lo tomas apriorísticamente con resistencia y desgana, la cosa va mal y sólo verás problemas, pero si lo coges con buena predisposición, optimismo y ganas de hacer bien las cosas, al final verás que no es tan complicado. A fin de cuentas el Millennium no es más difícil que lo que para los de nuestra generación, que nada sabíamos de informática, supuso el Word».

Cambio sanitario

A este exconsejero y expresidente le consta que «pueden darse situaciones de posibles errores o fallos, pero, hablando en plata, veo más gente empeñada en agudizar los problemas que en resolverlos». Lo mismo ocurrió allá por 1990 «cuando la fusión hospitalaria, que al final se demostró que era el único camino posible y que ahora nadie se atreve a discutir». Con el nuevo HUCA «pasa lo mismo. Hay gente que no quería ese proyecto y que ahora sólo se dedica a oscurecerlo cuando deberíamos verlo como una oportunidad de cambio sanitario, social, cultural y de oportunidad económica», opina.

Por contra, el exgerente del Hospital Central sí apunta como aspectos a mejorar los problemas del sistema informático, los fallos en los laboratorios y robots, y también la falta de cobertura telefónica. A su parecer «ha sido un error basar todo el hospital en el modelo de 'sin papeles'; habría que haberlo hecho poco a poco».

Pero volviendo a las críticas, Rodríguez-Vigil dirige sus dardos más al ámbito político y sindical, que al sanitario. «Que un jefe sindical de los médicos presente una ponencia en un congreso sobre cómo hacer huelgas sanitarias, en lugar de referirse a cuestiones que favorezcan a los enfermos, habla por sí mismo, y que se vanaglorie de que él sabe hacer paros mucho más efectivos que los de la minería, me parece una vergüenza». No quiere señalarle, «él sabe a quién me refiero», pero «cuando ves cosas así te das cuenta de que algo falla».

Con todo, entiende que el cambio se «haya podido hacer con algo de precipitación y hasta que se hicieran mal ciertas cosas, pero eso no es justificación para empañar lo importante: tenemos un nuevo hospital que es uno de los mejores del país y de Europa». En cualquier caso, ambos están convencidos de que los problemas «finalizarán pasados dos o tres meses, que es el periodo de adaptación y ajuste que requerirá el nuevo hospital». Hasta entonces, apostilla el ex consejero, «seguirá sonando la banda sonora que tocan los sindicatos de empleados públicos».

Sobre la Finba

Otro de los aspectos que tampoco comprende Rodríguez-Vigil es la polémica sobre la Fundación de Investigación Sanitaria (Finba). «¿Cómo es posible que un diputado ignorante en temas sanitarios -solo sabe de cosas de ganado- se pueda permitir el lujo de criticar de manera burda en la Junta General al director técnico de la Finba, al prestigioso Carlos Suárez, quien, entre otras cosas, ha conseguido que tengamos el mejor servicio de otorrinolaringología oncológica de España. Me extraña que el resto de los parlamentarios no lo saquen a gorrazos por ignorante, frívolo e insolente», increpó.

 

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