Las Piraguas amanecen con resaca

Un grupo de selleros recogiendo sus cosas después de un intenso fin de semana. /
Un grupo de selleros recogiendo sus cosas después de un intenso fin de semana.

Los selleros se despidieron de una edición diferente del Descenso Internacional del Sella

PELAYO ARIAS

Cuando se entra en Ribadesella el domingo por la mañana después de las celebraciones del Descenso Internacional del Sella, el paisaje que uno espera encontrar podría compararse al de una película postapocalíptica en la que cientos de 'zombies' se arrastran de vuelta a casa. Pero la madrugada de ayer, y siguiendo con las comparaciones cinéfilas, hubiera sido definida como una producción de bajo presupuesto con pocos monstruos y mucha tranquilidad.

Poco antes de las 11 de la mañana la normalidad empezaba a reinar en la capital riosellana, aunque las secuelas de la noche anterior podían verse en los pocos rostros que se atrevieron a acercarse al centro de la localidad a recuperar fuerzas. Si el sábado la opinión más extendida era ya que la asistencia a la fiesta fue menor que en otras ocasiones, ayer los selleros más trasnochadores confirmaban las sospechas. «Había poca gente. El viernes más, pero es el año que menos gente recuerdo» comentaba Mateo, de Oviedo, que había convencido a sus compañeros de Universidad para pasar el fin de semana en Ribadesella. «Lo hemos pasado genial, aunque hoy estamos destrozados», confesaba uno de ellos, que debía poner ayer rumbo a Sevilla.

en contexto

El aspecto era un poco más crudo en las cercanías de la estación de tren. Algunos ultimaban la fiesta, copa en mano, al ritmo de tonada asturiana, mientras los menos afortunados pagaban las consecuencias de la ingesta de alcohol. Eran los que menos. La gran mayoría empezaba las dificultosas tareas de recogida, cargando con tiendas a medio cerrar y arrastrando mochilas. Las caras de todos delataban la fiesta de un largo fin de semana. En cuanto a las acampadas del Prau San Juan y la Mediana, los 3.702 campistas que este año colocaron sus tiendas debían abandonar el lugar antes de las 14 horas de la tarde. «Menos mal, otros años era mucho antes», agradecía Patricia, medio ronca después de una noche de fiesta «legendaria». Según Miguel Ángel Pérez, uno de los organizadores, «no hubo ninguna incidencia y desde las 10 de la mañana se empezó a abandonar el recinto con mucha tranquilidad». Los números no mienten y fueron significativamente menos acampados que en la edición anterior, donde entre 5.000 y 5.500 selleros pernoctaron en Ribadesella.

En Arriondas la cosa estaba más calmada. En el Parque de la Concordia los más perezosos terminaban de meter todos los bártulos en los coches. «Nosotros ayer nos acostamos pronto, que bajamos el río y fue mucho más duro de lo que esperábamos», reconocía Marcos, de Madrid, que junto a cuatro amigos había decidido acercarse a la Fiesta de 'les Piragües' por primera vez. «Ayer la gente decía que se notaba que este año no coincide con el Aquasella», comentaba uno de ellos, desilusionado por el descenso de ambiente nocturno. «Aún así repetiremos, la noche fue estupenda y el ambiente muy sano».

Por su parte Pelayo, de Oviedo, valoraba con «un 10 en 'bulliciu'» la edición y, sobre los precios, afirmó que estaban «muy bien. La caja de sidra rondaba los 30 euros». Arriondas y Ribadesella vuelven a la normalidad, mientras que los selleros aún tardarán un poco más en recuperarse de este intenso fin de semana.