Una ópera en el colegio

Roberto Díaz, Carmen Rodríguez y Esther Bello, ayer antes de las charlas. /
Roberto Díaz, Carmen Rodríguez y Esther Bello, ayer antes de las charlas.

Futuros maestros conocen proyectos pedagógicos novedosos que llevan a cabo varios centros de la región

OLGA ESTEBAN

Contribuir a través del trabajo que se realiza en el aula a construir la sociedad que se desea. Esther Bello, profesora del colegio público Baudilio Arce, de Oviedo, persigue ese objetivo. Está convencida de que hay que buscar alternativas, nuevos proyectos educativos, porque «el modelo que impera es nefasto». En esa búsqueda, ella optó por la ópera. Tras un curso de verano en el Teatro Real decidió sumarse al proyecto LOVA, La Ópera, un Vehículo de Aprendizaje, una iniciativa educativa centrada en el «desarrollo emocional, social y cognitivo» que pasa por convertir una clase, durante todo un curso, en una compañía de ópera. Y en ello está desde 2009. Cada curso un espectáculo nuevo. Nuevo tema, nueva música, nuevos personajes, nueva escenografía. Y detrás, siempre, «una tesis, una reflexión más profunda».

Esther Bello es una de las maestras que ha sido invitada por la Facultad de Formación del Profesorado para contar su experiencia a los futuros maestros. Durante dos días, asistirán a las jornadas de este Practicum para escuchar la experiencia ya citada, pero también la «pasión y entusiasmo» que Roberto Díaz le pone a sus clases de Educación Física en el colegio gijonés de Jovellanos; para aprender del trabajo por proyectos del Jacinto Benavente, también de Gijón; para seguir 'La ruta de las esculturas' del mismo Baudilio Arce; para escuchar 'El arte de enseñar en la diversidad', con Lucía Gayol Rodríguez; para comprobar el trabajo que le valió al Evaristo Valle el primer premio del concurso 'Gijón, capital del reciclaje'; para hablar de todas las posibilidades de enseñar y aprender con Daniel García Ron, del Clara Campoamor, de Langreo.

Trabajar en equipo, dialogar

«El curriculum es el que es, pero también es flexible. Tenemos que interpretarlo y adaptarlo», dice Roberto Díaz. Aunque eso sea «cada vez más difícil» e implicarse en proyectos como el LOVA suponga una gran carga de trabajo, como explica Esther Bello. Pero los resultados, cuentan todos, son sorprendentes. Es posible que niños de tercero de Primaria se impliquen en una ópera. Y que, a partir de ahí, aprendan a «trabajar en equipo, a dialogar, a tomar decisiones, a pensar, a reflexionar, a crear». A aprender, al fin, todo lo que nos hace personas», insiste Bello. Consigue todo eso eligiendo siempre un tema que interese y preocupe a los propios niños. La valentía, por ejemplo. Este año han escogido la competitividad, con esta reflexión detrás: «Déjame ser todo lo bueno que pueda, sin compararme con nadie».

El proyecto LOVA implica «un trabajo intenso», que culmina con la representación de la ópera a final de curso. «Pero esa no es la parte principal, es una más». Una representación para la que el equipo de relaciones públicas se encarga de hacer las invitación, la cartelería, los folletos... Implicación hasta el último detalle. Porque lo que Esther Bello persigue es un «aprendizaje orientado a la transformación, al cambio».

Pasión y entusiasmo

Buscando también lo diferente está el profesor de Educación Física del Gaspar Melchor de Jovellanos de Gijón, Roberto Díaz. Su charla ante los futuros maestros se tituló 'Pasión y entusiasmo: clave en el aprendizaje de nuestros alumnos', título con el que trataba de resumir su proyecto, el proyecto de su asignatura. Aunque la LOMCE limite la Educación Física a solo dos horas a la semana, Díaz procura poner en marcha proyectos cooperativos que impliquen a los alumnos mucho más allá de esas dos horas.

¿Cómo se transmite a los alumnos esa pasión? «Si te ven a ti disfrutar de la clase, si llegas con una sonrisa en la boca. Que vean que eres un profesor motivado». Este maestro que salió hace 20 años de las aulas a las que ayer volvía, admite que la Universidad tiene que «ponerse las pilas» para adaptarse a las nuevas necesidades. Una realidad que debe «huir de las clases magistrales, del profesor como protagonista, trabajar el lado emocional de los alumnos...». Él lo pone en práctica con los retos cooperativos que los propios niños y niñas deben diseñar, corriendo juntos la San Silvestre, caminando la senda costera, surfeando en San Lorenzo...

Su 'Cuaderno del alumno' es toda una declaración de intenciones. Un cuaderno que sale del aula para llegar a los hábitos deportivos y alimenticios del niño y para implicarlo en su propia autoevaluación.

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