«Todos los médicos somos un poco la mano de Dios»

El doctor Enrique Moreno, en su despacho en Madrid. /
El doctor Enrique Moreno, en su despacho en Madrid.

Enrique Moreno, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica 1999 | El jueves clausura las sesiones de la Academia de Medicina de Asturias. Lo hará con una charla sobre su especialidad, los trasplantes abdominales

LAURA FONSECA

Enrique Moreno (Madrid, 1939), Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1999, será el encargado de cerrar el próximo jueves, día 23, las sesiones de la Real Academia de Medicina de Asturias. El acto será a las ocho de tarde en el Colegio de Médicos, en Oviedo, y será de acceso libre. Este cirujano experto en trasplantes hepáticos y abdominales, figura de la medicina mundial y con hondas raíces asturianas (su madre nació en Novellana), es médico odontólogo, como lo fue también su padre, Juan Pedro Moreno, y su hermano, Juan Pedro, ya fallecido y que fuera decano de la Facultad de Odontología.

Fue durante décadas jefe de Cirugía y Trasplantes Abdominales en el Hospital 12 de Octubre, en Madrid, hasta su jubilación en la sanidad pública en 2009. Su vinculación con el Principado le viene también a través de la mano de uno de sus discípulos, el doctor Ignacio González-Pinto, quien puso en marcha en 2002 los trasplantes de hígado en el Hospital Central. Enrique Moreno dirige el Instituto de Cirugía del Cáncer Hepato-bilio-pancreática y Trasplante de Órganos Abdominales.

Es miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, con el sillón número 8. Pero lo que muchos no saben es que el doctor Moreno, que atesora a sus espaldas más de 2.000 trasplantes de hígado y más de treinta premios por su labor profesional e investigadora, es padre de siete hijos. Tres de ellos, con edades entre los cuatro y los seis años, a los que confiesa le encanta leerles cuentos.

¿Cuál fue su último trasplante?

El primer trasplante hepático lo realicé en abril de 1986 y el último en mayo de 2015. Posteriormente, iniciamos el pancreático (1995) y más tarde, el intestinal y el trasplante 'en bloque' de todos los órganos abdominales, páncreas, bazo, intestino delgado y grueso (cluster)

¿Sigue metiéndose en quirófano?

En la actualidad, ejerzo mis responsabilidad como cirujano en la Clínica de La Luz, de Madrid, anexionada a la Universidad Alfonso X el Sabio. Mi actividad quirúrgica la he trasladado completamente a este centro ya que se dan en él las condiciones óptimas tanto para el diagnóstico como para la terapéutica quirúrgica. Es una clínica que mantiene actividad ininterrumpida las 24 horas del día y, al mismo tiempo, un elevado nivel de exigencia en la calidad de prestaciones.

¿Cuántos trasplantes estima que ha hecho en su vida?

Creo que muchos. El cálculo es difícil pero piense que con mis excelentes colaboradores hemos realizado más de 2.000 trasplantes de hígado, más de 300 pancreáticos, otros 50 intestinales y varios de cluster.

Trasplantar a una embarazada

¿Recuerda alguno en especial?

Sí, recuerdo los primeros que hice tanto en adultos como en niños. También el primero que se practicó en el mundo a una embarazada de seis meses, que fue un éxito para la madre y el niño, viviendo ambos en la actualidad. Otro que conservo en la memoria es el de una niña que pesaba 1.750 gramos, que fue el primero que se practicaba en un paciente de esas condiciones. También el practicado a dos adultos utilizando un lóbulo hepático para cada uno.

¿El de Raphael fue especial?

El trasplante hepático que realicé con mis colaboradores al señor Rafael Martos no tuvo nada de especial salvo la mala situación en la que se encontraba el enfermo. Lo que sí debe destacarse de este exenfermo es su valentía para aceptar la enfermedad y su permanente agradecimiento a los donantes y los familiares de éstos, que superan la tristeza de la pérdida de un familiar y aceptan la donación.

Le habrá dedicado alguna canción, ¿no? Raphael a usted, digo.

Creo que nadie me ha dedicado un especial recuerdo, menos una canción. Los médicos somos en general un vehículo terapéutico, no somos la terapéutica en sí, pero sí que la buscamos con especial fuerza para desterrar la enfermedad.

Sus colegas le definen como 'la mano de Dios'. ¿Lo sabe Maradona?

Todos los médicos somos un poco la mano de Dios. Una vez bromeaba sobre nuestra acción en esta vida y me permití un terrible comentario que monseñor aceptó debido a la confianza y a la admiración que siempre le tuve. Le dije, 'monseñor, en nuestra actividad llegamos a realizar más milagros que Nuestra Señora la Virgen de Lourdes'. Entonces él, de forma rápida, aunque no existía en mí ningún atisbo de soberbia, con su voz ronca, y extraordinariamente viril, me contestó, 'claro hijo, porque tú eres su mano, tú haces la que Nuestra Señora te pide y te conduce'. A pesar de todo, riendo encantado con su gran humor y permisividad, apostillé, 'qué listo es usted, monseñor, me ha abierto una ventana a la esperanza que alguna vez merezca ser esas manos'.

En la conferencia que dará en Oviedo hablará sobre las modificaciones en los trasplantes abdominales. ¿Hay cambios novedosos?

Ha cambiado sobre todo la selección de los donantes y muchos de los pasos en el procedimiento técnico. Se ha incrementado la actuación de los equipos de anestesia y cambió mucho la terapéutica inmunosupresora para permitir una mayor tolerancia al injerto. Otras de las modificaciones de gran relieve se encuentra en los procedimientos de reanimación. Además, los equipos de trasplante son absolutamente polivalentes y eso ha hecho que mejoren los resultados.

Líderes en el mundo

En ese aspecto, España va muy bien, ¿no?

Sin duda. Es el país con mayor número de donaciones por cien mil habitantes. En Europa es líder indiscutible en trasplante hepático aunque no en páncreas, intestino o cluster. Desgraciadamente, en cuanto a donante vivo nos supera, al menos, el 50% de los países europeos.

La cifra de donantes baja porque afortunadamente nos morimos más tarde. ¿Qué solución tiene eso?

El mejor recurso es, sin duda, la donación en vivo. Es decir, que una persona sana pueda donar parte de su hígado y gracias a una capacidad regenerativa o de hipertrofia del hígado, seis meses más tarde, ambos, donante y receptor, posean un hígado morfológicamente semejante al órgano no intervenido. Otro reto es el uso de hígados procedentes de fallecidos por muerte encefálica para dos receptores, con lo cual, en teoría, se duplicarían los trasplantes.

¿Siempre hemos pensado que las técnicas de ingeniería celular serían el futuro de la medicina pero resulta que irrumpen las impresoras 3D y hay quien dice ahora que esos aparatos serán capaces de reproducir órganos para trasplantes. ¿Es un futurible o una idea descabellada?

Sin duda se dará esa posibilidad. En un principio trabajamos con cultivos celulares pero en la actualidad, los resultados ni son esperanzadores ni han mejorado el trasplante hepático o pancreático.

Es usted padre de siete hijos y figura mundial de la medicina, ¿cómo lo ha hecho?

Habría tenido muchos más si hubiera podido. Tengo cuatro hijas de mi primer matrimonio y tres maravillosos hijos, de los que he tenido la suerte de iniciar con María. Son Enrique, Javier y Juan Pedro, y junto a María, son mi mayor ilusión. Lo de figura de la medicina, no creo ser figura de nada. Me gustaría que mis hijos me recordasen como una persona cariñosa que se dedicó en gran medida a ellos.

¿Y puede conciliar?

Mi mayor satisfacción, si tengo la suerte de que estén despiertos al llegar a casa, es que todos juntos me pidan 'cuento de papá' y darme cuenta de que se duermen con mi voz.

 

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