Ríos de juerga

Miguel Cueto, de seis años, quiere ser el futuro ganador del Sella. Es el deportista más joven del equipo riosellano. :: NEL ACEBAL/
Miguel Cueto, de seis años, quiere ser el futuro ganador del Sella. Es el deportista más joven del equipo riosellano. :: NEL ACEBAL

Durante estos días, para quienes acampan a orillas del Sella «dormir es secundario» porque «hay que disfrutar» del ambiente festivo y el «buen rollo» que se ha creado en pocas horas entre todos los ocupantes de las tiendas

VANESA MARTÍN

Algunos recuerdan entre risas «cuando se podía acampar en mitad de Ribadesella y había tiendas de campaña hasta en las rotondas», tal y como cuenta Lorena, madrileña que viene desde hace años al Sella, junto a su amiga Bea, también de Madrid; y Alberto, «un gallego en el Descenso». Tampoco se olvidan de aquellos otros amigos que «iban a ducharse por la mañana con la manguera de la gasolinera porque estaban acampados al lado». Eso ya no sucede desde hace años y las zonas de aparcamiento y acampada están ahora perfectamente reguladas y organizadas, pero lo que no ha cambiado por más tiempo que pase son las ganas de divertirse, de «irnos al pueblo a ver las orquestas y de fiesta. Venimos a pasarlo bien y a ver las piraguas», aseguran estos tres amigos, que reconocen que se irán «el domingo, cuando nos eche la policía, como todos los años». Porque ese día, último de fiesta, a partir de las doce de la mañana, «nos vienen a despertar y nos dan un par de horas para recoger todo, porque luego tienen que empezar a limpiar. Ya tenemos la experiencia de otros años», explican, mientras disfrutan de su merienda-cena: un 'tupper' de pasta que después del viaje y de montar las tiendas les está sabiendo «a gloria».

Un poco más allá, un grupo de palentinos pide «por favor, que los cachopos sean más pequeños y los bocadillos de tortilla más baratos», aunque inmediatamente después se arrepienten y prefieren que «los bocadillos sean más baratos, pero los cachopos igual de grandes, están bien así», dice Javier ante las carcajadas de sus amigos. Son un grupo de «trece de todos los sitios: Aranda de Duero, Cuenca, Madrid, Burgos capital... Nos juntamos todos» y también vienen al Descenso desde hace años «porque hay muy ambiente y está genial que haya barras y fiesta por todo el pueblo», comentan. Además, les gusta venir a Asturias «por el paisaje, el clima, el deporte, el buen rollo» y porque en la acampada hay «muchos chicos y chicas guapos. Nos gusta hasta la lluvia», que no dejó de caer, por cierto, en toda la tarde pero que no aguó la fiesta a ninguno de ellos. Puestos a reconocer cosas, la mayoría de los 'selleros' confiesa que «aquí se duerme poco. Igual de ocho a doce como mucho, cuatro horitas» porque el resto del tiempo «hay que disfrutar».

Con esa misma idea vienen por primera vez de acampada Mercedes, Janire, Isabel y Carola, también madrileñas. Para ellas, estos días «dormir es secundario», aunque también tienen sus diferencias. Las dos primeras aseguran que están «acostumbradas a dormir poco por nuestro trabajo, así que no será un problema». Isabel, sin embargo, se ha traído en el equipaje «los tapones para los oídos y el antifaz, porque yo sí necesito dormir». Acampan en Ribadesella porque «nos lo han recomendado, dicen que aquí se pasa muy bien», y se sumarán a las miles de personas que durante estas noches asistirán en Ribadesella a las verbenas con la intención de hacer también el Descenso «nosotras mismas el sábado por la tarde. La buena voluntad la tenemos. A ver si lo conseguimos. Ya te contaremos el domingo», dicen.

Algunos de los más veteranos de las acampadas y la fiesta del Sella están en un grupo que viene «de Langreo, de San Martín y uno de Grado». Ya no duermen en esteras en el suelo de las tiendas, sino que las han sustituido por unos colchones hinchables «porque ya tenemos una edad», se justifican entre carcajadas. Varios de los integrantes del grupo «antes también remábamos, estábamos en un club, así que vemos las piraguas», defienden ante quienes dicen que no hay tiempo para ver la competición. «Hay que verlo. Esto ye lo más guapo, la fiesta más grande del verano», dice Adrián, mientras uno de sus amigos saca de la nevera de playa dos melones que se han encargado de decorar bien con rotulador antes de partirlos en rodajas para la cena.

Cualquier motivo es bueno durante la tarde para reírse, para disfrutar de los buenos momentos «con los colegas» mientras, por ejemplo, se intenta montar la tienda y ella, rebelde, se cae de un lado o de otro. Tampoco puede faltar el buen humor cuando se llega a la 'zona de descarga' y hay que sacar todo de los coches para ir llevándolo poco a poco al recinto de acampada. Mucho menos aún cuando toca ir a uno de los supermercados de la villa y volver cargados de bolsas por todo el paseo. Es el Sella y no hay lugar para otra cosa que no sea el deporte y el «buen rollo. Aquí sobre todo hay buen rollo», enfatizan.

Justo al otro lado de la ría, en el Paseo de los Vencedores, el pequeño Miguel Cueto Soto, de seis años, vive el descenso con tanta o más alegría que los mayores en sus tiendas. El miércoles, participó por primera vez en el Mini-Sella y logró finalizar la prueba siendo «el más pequeño del equipo», pero yendo a entrenar «todos los días, desde hace tres meses», junto a Manuel Busto y Alberto Llera. Ayer, participaba en el izado de las banderas, también como el más joven de todos, y elegía la de España «porque es la que lleva la Selección y porque estamos en España y en Asturias», decía bajo la atenta mirada de su madre y su abuela. Ambas cuentan que «desde que tenía dos años le encantan las piraguas. Su padre también competía y ahora que ha cumplido los seis ya se ha puesto él también a remar» dice su madre. La abuela comenta orgullosa que, además, «se come sus buenos platos de fabada, pero en la piragua lo quema todo». Mientras tanto, Miguel no quita la vista de los participantes en la contrareloj que acaba de empezar y no pierde detalle porque él, dentro de unos años, también quiere «ganar en el Sella».