Luz Cuesta Mogollón de nombre en el DNI

Luz Cuesta Mogollón muestra su DNI en Avilés. /
Luz Cuesta Mogollón muestra su DNI en Avilés.

Sus padres la llamaron así por la parroquia de Avilés sin darse cuenta de la combinación. Los de Lobo Javierre Hernández lograban por fin ayer inscribirlo legalmente en el registro

JESSICA M. PUGA

Ahora tiene 19 años y lo lleva con humor, pero la historia de Luz Cuesta Mogollón ha estado tan marcada por el nombre como la de Lobo Javierre Hernández, el bebé que ayer sus padres por fin pudieron inscribir en el Registro Civil de Fuenlabrada (Madrid).

Esta joven maña con ascendencia asturiana no tuvo trabas para figurar en los archivos, ni grandes problemas cada vez que va a renovar el DNI. De hecho, no fue realmente consciente de la situación hasta que llegó al instituto. «En el colegio éramos muy pequeños todavía para entenderlo. Ahí alguna vez me decían bombilla, por lo de Luz, pero sin más. Sí recuerdo el primer día de instituto. Estábamos todos los que llegábamos para empezar primero esperando a que el director pasara lista y nos repartiera en clases cuando dijo mi nombre completo y todos se empezaron a reír, tanto compañeros como profesores», cuenta desde Zaragoza tras haber estado unos días veraneando en Avilés. «Llamarme así no me ha supuesto ningún problema, más allá de algunas risas y algún momento incómodo», revela y señala sin dudarlo que lo peor era cuando, en plena adolescencia, los chicos mayores se paraban para saludar y reírse. «En clase, a veces, aviso a los profesores para que no digan mi nombre completo», apunta.

En su caso, a diferencia del pequeño Lobo, sus padres no fueron conscientes de la trascendencia que podría tener su acción. «Dicen que no se dieron cuenta», cuenta entre risas y explica que fue su madre, avilesina de nacimiento, quien quiso llamarla Luz por la parroquia homónima. «Poco después de casarse, a mi padre, que es de Soto del Barco, le salió un trabajo en Zaragoza y, como yo ya nací en Calatayud, mi madre dijo que su hija tenía que llevar algo de Asturias», explica la joven, cuyo apellido materno viajó desde Cáceres -donde es más habitual- con sus abuelos.

Un hecho que, lejos de suponer una traba en su vida, le ha valido alegrías. El año pasado, sin ir más lejos, ganó el premio al nombre más raro del mundo, organizado por 'Abc'. «Me animó mi hermana, Rita, y cuando me llamaron no me podía creer que había sido elegida por casi la mitad de los votos», cuenta. Por eso no ve normal que la Justicia haya querido impedir a unos padres llamar a su hijo Lobo. «Igual que hay leones o palomas, ¿por qué no va a haber lobos? Veo necesario que tome parte cuando son nombres ofensivos, como Goku o Supermán», dice, y lo sabe por propia experiencia.