El monte abre la puerta a la carroña animal

Cadáveres de vacas en una explotación en Verdicio, en el concejo de Gozón. /
Cadáveres de vacas en una explotación en Verdicio, en el concejo de Gozón.

El Principado levanta la prohibición para dejar los cuerpos, activada hace quince años por las vacas locas

RAMÓN MUÑIZ

El Principado pasa página de las vacas locas y, desde hoy, permite abandonar en el monte los cadáveres de los animales, siempre bajo ciertas condiciones. Una resolución publicada ayer en el Boletín Oficial identifica los 330 valles y bosques declarados «zonas de protección para la alimentación de especies necrófagas de interés comunitario». En ellos se podrán dejar los cuerpos de equinos, bovinos, ovinos o caprinos en sitios apartados. Como poco, a más de doscientos metros de los abrevaderos, carreteras, ríos, aerogeneradores y zonas de cultivo más próximas. La distancia exigida sobre las viviendas es de medio kilómetro, mientras que alrededor del aeropuerto se mantiene el veto en un radio de trece kilómetros.

Las cautela pretende evitar que los trozos de carne atraigan a carroñeros como el buitre, el quebrantahuesos, el lobo o el oso, a sitios donde podrían generar nuevos conflictos con las torres eólicas, de alta tensión, sembrados, aviones o población. Además la resolución impide el abandono de animales «sospechosos de padecer una enfermedad transmisible al ser humano u otros animales», así como el de bovinos que hayan superado los 48 meses de edad. De cumplir todos los principios, el único trámite que hay que solventar es rellenar un formulario, dar parte del caso, mantener un seguro de recogida de cadáveres y permitir que la Consejería de Desarrollo Rural haga una inspección de la zona.

Los ganaderos reclamaban esta medida, si bien suprimiendo también el seguro. Llevan quince años obligados a llamar a Proygrasa, filial del consocio de residuos (Cogersa), y esperar a que la empresa se hiciera cargo del cuerpo. La tarifa es de 0,52 euros por kilo de bovino y 0,32 para ovejas y otras especies.

2,5 millones cobrados

La memoria de 2015 indica que por esta vía retiró 32.043 animales, de los que un 75% eran vacas. En su factoría de Serín, trituró 6,8 millones de kilos de carne, piel y hueso, hasta convertirlas en grasas y harinas que se eliminan en un horno. En total, Proygrasa ingresó 2,5 millones con la recogida y tratamiento de cadáveres de animales, lo que supone el 90% de los recursos para esta sociedad de 27 trabajadores.

Quienes reclamaban levantar el veto al abandono de la carroña vinculaban la resistencia del Principado con los intereses de Proygrasa, filial que en realidad depende de Cogersa y, por extensión, es en un 80% propiedad de los ayuntamientos. «Llevamos diez años solicitando esta solución, somos la última región en aprobarla, y tras las vacas locas todas las empresas públicas que se dedicaban a la transformación de grasa tuvieron un resurgir», indica Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la protección de los animales salvajes (Fapas).

Conservacionistas y ganaderos se felicitaban de la medida. «Salvo que hayan metido alguna trampa, el trámite parece sencillo; comunidades como Cantabria fueron más rápido, pero piden tantos requisitos y gestiones que al final no puedes ni dejar un ratón muerto», dice Hartasánchez. Dejar la carroña «es un beneficio ambiental de primer orden, al proporcionar alimento a numerosos carroñeros, y también económico y de manejo para las ganaderías en régimen extensivo», señala Xuan Valladares, de Asturias Ganadera.

La resolución justifica el cambio en un reglamento comunitario y un Real Decreto de 2011. Ambas normas buscan hacer compatible la destrucción de animales susceptibles de extender la enfermedad de las vacas locas, con la protección de especies necrófagas. Cabe recordar que algunas de ellas, como el quebrantahuesos, están en peligro de extinción. «No existe ninguna razón para haber tardado tantos años en adoptar estos principios, y sí muchos perjuicios por la demora», señala Hartasánchez. «Se ha generado un conflicto social en el medio rural impresionante», reconoce. Según su análisis, el abandono de la carroña supondrá «una inmediata disminución de los daños provocados por el lobo y el oso».

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