Adiós a Marichu Llavona, «una mujer alegre y trabajadora»

La familia de Marichu Llavona llega con sus restos a la colegiata Santa María la Mayor. / FOTOS PALOMA UCHA
La familia de Marichu Llavona llega con sus restos a la colegiata Santa María la Mayor. / FOTOS PALOMA UCHA

Vecinos, amigos y familiares despiden en Salas a la repostera que convirtió los carajitos del profesor en todo un referente

BELÉN G. HIDALGO SALAS.

Aunque imperaba la tristeza en los rostros de los muchos vecinos, amigos y familiares que ayer acudieron a la Colegiata de Santa María la Mayor de Salas, todos recordaban a Marichu Llavona, la confitera que falleció este lunes a los 85 años habiendo convertido los carajitos del Profesor en un símbolo de Salas y un postre de referencia en Asturias, como una mujer «alegre y trabajadora» que supo ganarse la admiración de los suyos. La figura de la célebre repostera permanecerá ligada irremediablemente al legado de su tío Falín, que heredó de su padre, el profesor de música Pepín Fernández, la mítica 'Casa del Profesor'. En 1976, Marichu fue quien tomó las riendas del negocio familiar, promocionando una pasta de avellana hoy centenaria. Ahora serán sus hijas, Teresa y Carmen quienes continúen con la tradición familiar en la confitería más aclamanda de la villa salense.

De Falín, la confitera aprendió mucho más que la receta de una pasta. Quienes la conocieron afirmaban que también heredó su «alegría», además del gusto por la música y su espíritu colaborador tanto con la villa de Salas como con los pueblos del concejo.

«Muy participativa»

Muchos eran los vecinos que recordaban la buena disposición de Marichu cada vez que llamaban a su puerta pidiendo colaboración para llevar a cabo alguna iniciativa popular. «Era una mujer muy activa y participativa», reconocían los salenses en su funeral, rememorando cómo tocaba el armonio, cantaba en el coro o su importante papel en la Cofradía Virgen del Viso. Todos se deshacían en halagos hacia la confitera.

«Salas perdió un referente, un modelo. Dejó su nombre muy alto. Potenció el producto y lo hizo internacional. Era una persona muy activa y alegre. Era algo sencillamente extraordinario», afirmó Juan Carlos Rodríguez, que aseguró mantener una relación «muy entrañable. Me unía una gran amistad», confesó, recordando que Marichu «por menos de nada, llegabas a la tienda y se ponía a tocar el piano, a cantar... También tocaba el acordeón. Una comida normal ella la acababa en fiesta».