«Si nadie va a un lugar de trabajo a insultar, ¿por qué al campo de fútbol sí?»

«Si nadie va a un lugar de trabajo a insultar, ¿por qué al campo de fútbol sí?»
Alejandro Carriedo, en la Facultad de Educación. / HUGO ÁLVAREZ

«Estar muy expuesto a los programas futbolísticos puede conducir a tener un razonamiento moral inferior en el deporte»

Elena Rodríguez
ELENA RODRÍGUEZGijón

El deporte no siempre fomenta valores morales. Lo dicen las investigaciones realizadas en las últimas décadas sobre deportistas que llevan años practicando deportes de contacto como el fútbol. ¿Y por qué muestran conductas reprobables en el terreno de juego? Una de las teorías es porque solo conciben el éxito si ganan campeonatos y se creen mejores que los demás. Con esa forma de pensar, es más probable que se comporten antideportivamente y lleguen a manifestar agresividad.

Alejandro Carriedo Cayón (Oviedo, 1985), profesor de Educación Física en el IES La Corredoria y docente asociado a la Facultad de Formación del Profesorado, tomó estos estudios como referencia para preguntarse: '¿Les ocurre lo mismo a los espectadores?'. Y a partir de esta reflexión -que tristemente está de plena actualidad tras los altercados de San Mamés, en el que murió un ertzaina- inició su tesis. Participaron 900 alumnos y fue dirigida por José Antonio Cecchini y Carmen González González de Mesa. A ellos agradeció el Premio Extraordinario de Doctorado que acaba de recibir.

-¿A qué resultados ha llegado?

-He visto, con mis directores de tesis, que los espectadores que dedicaban más tiempo a ver fútbol en televisión, escuchar programas de radio o leer noticias al respecto tenían más orientación al ego: solo percibían que los futbolistas tienen éxito si ganan. Eso nos llevó a predecir que estos aficionados tienden a tener un nivel de razonamiento moral inferior en cuanto al comportamiento deportivo.

-¿Razonamiento moral inferior?

-Sí, les preguntábamos si consideraban adecuado que un jugador de su equipo favorito fingiese una falta, un penalti, intentase engañar al árbitro, lesionara al adversario... Y esas personas que tenían una orientación al ego lo legitimaban en mayor medida. Fomentaban ese comportamiento entre sus deportistas y admitían haberlo hecho en los últimos cinco partidos que habían visualizado.

-En su trabajo analiza también el nivel de agresividad.

-Sí, de forma paralela vimos que, además de este bajo nivel de razonamiento, presentaban un mayor nivel de agresividad. También apreciamos diferencias entre hombres y mujeres.

-Cuente.

-Comparamos los niveles de agresividad y razonamiento moral en la vida cotidiana de unos y otros y comprobamos que eran iguales. Luego los medimos viendo el fútbol y comprobamos que los hombres tenían mayor agresividad que las mujeres y también peor nivel de razonamiento moral en el momento de ver un partido. El fútbol les altera más a ellos.

-Su tesis - 'El seguimiento del fútbol a través de los medios de comunicación social. Repercusiones sobre el funcionamiento moral y la agresividad'- también habla sobre el efecto de visualizar imágenes violentas en el deporte.

-Así es. Realizamos varios estudios experimentales. En uno mostrábamos un vídeo con imágenes violentas a un grupo y medíamos su agresividad. Y luego analizábamos ésta en otras personas que no habían visto la cinta. Tras los resultados, se puede sugerir que estar expuesto a este tipo de imágenes que se reproducen con bastante asiduidad en las televisiones puede provocar aumentos en la agresividad (física y verbal) y la ira en los espectadores.

-¿Con quiénes lo llevó a cabo?

-En el caso del vídeo, primero con 176 estudiantes de la Universidad de Nueva York, durante mi estancia allí. Establecimos un grupo de control y otro experimental. Luego, se repitió en Asturias, con 200 universitarios. La diferencia es que aquí se analizó la relación entre visualizar imágenes violentas y agresividad en el mismo grupo. Y salió el mismo resultado.

-Es profesor en ESO. ¿También hizo estas comprobaciones en la etapa?

-En su caso, contestaron al cuestionario sobre razonamientos morales. Y ocurre lo mismo en los adolescentes que en los adultos.

El ejemplo de Klose

-¿Qué reflexiones extrae?

-El fútbol es el fenómeno más importante de nuestro país y probablemente del mundo. Basta con fijarse en las audiencias anuales. La final del mundial de Sudáfrica, entre España y Holanda, la vieron 700 millones de personas en todo el mundo. Entonces, si ver tanto fútbol puede hacer percibir que comportamientos no apropiados sí lo son, habría que mandar un mensaje diferente en el que se viese que lo importante no es la victoria, sino el esfuerzo y la mejora.

-Claro.

-Pero, eso, en el mundo de la alta competición queda raro. Parece que no basta con aplaudir a Ronaldo o a Messi y decirles: 'Lo habéis hecho muy bien'. Hay que darles premios. Y ese fomento del éxito a través de los resultados es lo que está llevando a percibir que es legítimo el comportamiento antideportivo cuando el deporte es todo lo contrario: fair play y amistad. Todo el mundo sabe que España ganó el Mundial de 2010. ¿Y quién se llevó aquel año el Premio Fair Play de la FIFA? España. Es un ejemplo de que ganar está asociado con el juego limpio. Mire Klose, que marcó un gol con la mano y le pidió al árbitro que se lo anulara, fue el máximo goleador de los mundiales.

-En las gradas parece que hay comportamientos cada vez peores y cuando están jugando niños.

-Si los adultos conciben que los futbolistas de su equipo preferido solo tienen éxito cuando ganan, con sus hijos se comportan igual. Meten presión al árbitro, a los entrenadores, a los contrarios..., porque les impiden alcanzar el éxito. La gente debería ir al fútbol a disfrutar de un espectáculo bonito que genera emociones y que no hay que llevar al terreno negativo. Nadie va a un lugar de trabajo a insultar. ¿Por qué a un campo de fútbol sí? En él están trabajando árbitros, futbolistas... Si nadie recrimina una conducta inadecuada, el que la comete piensa que le aprueban. Es la teoría del silencio. Y también está la del contagio. Otros pueden repetirlo porque al otro no le pasa nada negativo.

-¿La agresividad que ha analizado tiene que ver con los ultras?

-No, los sociólogos y psicólogos dicen que los ultras son agresivos por otras causas. No es que por ir al fútbol se hayan hecho agresivos, sino que utilizan el fútbol para expresar su agresividad. Es un fenómeno que surgió en los sesenta, en el Mundial de Inglaterra.

-¿Siguió el derbi?

-Sí. Jugué de pequeño en el Real Oviedo y soy del Oviedo, pero, para mí, de lo que se trata es de que todos disfrutemos del espectáculo de manera sana. Y veamos a los dos en Primera División y no a uno en la máxima categoría y a otro en Tercera.

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