Alerta por el aumento de agresiones sexuales a adolescentes en lugares de ocio en Asturias

El Punto Lila de Gijón, el primero abierto en Asturias, funciona todo el verano desde la noche de San Juan en el espigón de Fomento./J. PAÑEDA
El Punto Lila de Gijón, el primero abierto en Asturias, funciona todo el verano desde la noche de San Juan en el espigón de Fomento. / J. PAÑEDA

La región registra un ataque cada tres días | El único centro de atención a víctimas en Asturias ofreció tratamiento a 123 mujeres en 2018

CHELO TUYAGIJÓN.

Tiene cuatro años y ya conoce a las psicólogas de Cavasym. Ya sabe cómo es el único Centro de Atención a Víctimas de Agresión Sexual y Maltrato abierto en Asturias, con sede en la Casa de Encuentro de las Mujeres de Gijón. Tiene cuatro años y es la víctima más joven de una agresión sexual de las 123 que Cavasym atendió el año pasado. La víctima de mayor edad de las atendidas le saca 51 años.

Así lo desvela la memoria de actividad de Cavasym en 2018. Un estudio que recoge un descenso del 26% de casos respecto al año anterior, pero que confirma que Asturias se sitúa ya sobre la barrera de los cien casos de agresiones sexuales al año. Solo dos años antes, en 2016, el volumen de nuevos expedientes abiertos en Cavasym se quedó en 46.

«Se han incrementado muchísimo los casos de agresiones a mujeres jóvenes y menores», apuntaba hace un año la fundadora de Cavasym. Doce meses después, Mariti Pereira ve confirmadas sus sospechas. El colectivo mayoritario de las mujeres a las que Cavasym prestó atención el año pasado tiene entre 14 y 29 años. Son 58 mujeres frente a las 57 de más de 30 años que solicitaron apoyo psicológico y legal.

También lo demuestran los tipos delictivos en los que se enmarcan los casos atendidos por Cavasym. La mayoría de las mujeres que pasaron por el centro asesor, el 37%, sufrió un abuso sexual. Le sigue la agresión sexual, con un 24% de los casos, muy cerca del 21% de los expedientes abiertos por abuso sexual en la infancia.

La fundadora del centro, que también es la responsable de Relaciones Sociopolíticas e Institucionales de la Federación de Asociaciones de Asistencia a Víctimas de Violencia Sexual y de Género (Famuvi), siempre ha explicado que en el caso de abusos en la infancia, «el autor siempre es alguien del entorno de la niña o del niño», lo que significa que el agresor es o un pariente directo o una persona muy cercana a la familia.

Agresores conocidos

Esa característica, la del agresor conocido, es común también a los atacantes de las jóvenes. Advierte Mariti Pereira que «hay un gran aumento en el caso de agresiones a adolescentes de catorce años» y, en la mayoría, «los agresores de las menores son conocidos, amigos o, incluso parejas». Una cercanía sentimental que les sirve a ellos para consumar una agresión. «Es necesario tomar medidas urgentes», pide la fundadora de Cavasym, ya que los testimonios que recaba de sus víctimas desvelan que «para algunos adolescentes la agresión sexual es una diversión. Es muy preocupante, así como el consumo de alcohol y otras sustancias que va en aumento», asegura.

Los datos del Ministerio de Justicia sobre condenas sexuales en 2017 señalan a tres asturianos entre el grupo de 269 menores que hace dos años tuvieron una sentencia en contra por un delito sexual. Entre los mayores con condena por la misma causa, entre los 2.280 reos de 2017 en España hay 36 asturianos.

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Unas cifras que preocupan a Cavasym, sobre todo porque, asegura Mariti Pereira, «hay muchas agresiones que quedan ocultas». Desde la entidad, que ofrece asistencia psicológica y legal gratuita a todas las víctimas, así como seguimiento de sus casos y terapia «algunas llevan aquí desde hace muchos años», se tiene claro que «muchas de las víctimas no quieren denunciar».

Como ejemplo, la joven que, el año pasado quiso contar a EL COMERCIO su experiencia «solo para que él sepa que no le tengo miedo, que no me va a hundir la vida». Narraba ella una noche de verano con amigas, un encuentro con un grupo de jóvenes en un local de ocio y elevado consumo de alcohol. Cuando fue al baño, «él me siguió, me agarró por el brazo y me metió en el aseo de hombres». Allí, sin que nadie hiciera nada, «me obligó a hacerle una felación». Ella aún se recupera de aquello. Él nunca pasará por el juzgado, porque no hay denuncia.