El regreso a tierra de Anabel

La jefa de la última misión del 'Open Arms' descansa estos días en Asturias antes de regresar a su trabajo en Barcelona

Anabel Montes disfruta de unos días de vacaciones tras el desembarco del 'Open Arms' en Lampedusa./Hugo Álvarez
Anabel Montes disfruta de unos días de vacaciones tras el desembarco del 'Open Arms' en Lampedusa. / Hugo Álvarez
SANDRA S. FERRERÍA

Cuentan los que la conocen que cuando era pequeña gateaba hacia el mar. Sus ojos y su pelo azul, así como los tatuajes que cubren su cuerpo son una muestra del amor que Anabel Montes (Oviedo, 1987) siente por el mar. Si a eso le sumamos que su padre siempre dijo que era «una abogada del diablo», no es de extrañar que haya sido la Jefa de la última misión del 'Open Arms'. Estos días se encuentra en la tierra que la vio nacer, «aunque sigo en alerta». Asturias significa para ella «desconexión», mientras que Barcelona «es trabajo». «Aquí no tengo amigos que estén relacionados con la ONG, eso me sirve». Anabel Montes asegura que parar de golpe tras tanta tensión acumulada es peligroso, por eso hizo una bajada paulatina. Se quedó en Lampedusa diez días más y sus escasas vacaciones comenzaron la semana pasada en Oviedo. Ahora, coge fuerzas en Picos de Europa antes de regresar el lunes a su trabajo en Barcelona.

De momento permanecerá en la ciudad condal trabajando en la ONG. «Cuando llegas a tierra necesitas un periodo para entender, aposentar, digerir, ver las cosas...», explica cuando se está llevando a cabo la investigación del barco donde estuvo 20 días con más de 100 inmigrantes a 800 metros de la costa italiana. «No es contra 'Open Arms' ni contra nadie de la organización», recalca, sino que es contra una fórmula que existe en Italia «contra desconocidos». Así, se investiga quién o quiénes son los culpables de que la situación «se agravara tanto» y de que no se permitiera la entrada del barco a puerto. No dice nombres pero «todos sabemos un nombre y un apellido».

De las personas rescatadas Mabel sabe que en España están 15 pero solo tres se han puesto en contacto con ellos.

Sentada en un bar del Oviedo Antiguo mientras en las calles ponen los chiringuitos de San Mateo, «ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que estuve en fiestas», Montes hace un barrido mental del rescate. Así, recuerda la visita al barco de Richard Gere o cuando, a los nueve días de estar abordo, les llegó un aviso de rescate de guardacostas malteses. «Fue un momento complicado, llevábamos nueve días y estábamos a 30 millas, al lado. No podíamos dejar de ir», recuerda. Reconoce que la tensión se palpó en el ambiente, «¿Por qué volvemos al sur?», le preguntaban. Montes califica el rescate de «peculiar». Cuando las 35 personas subieron al barco «fueron aplaudidas por los que estaban abordo, nos ayudaron a sentarles, a darles agua...». Los peores momentos reconoce que fue navegar con olas de tres metros de altura sobre ellos. «Sentí rabia y frustración porque se podría haber evitado», apunta.

En el 'Open Arms' se sucedieron ataques de ansiedad, crisis de nervios... «Un barco es una cárcel y no hay escapatoria», advierte recordando cuando estaban a 800 metros de la costa italiana. «Veíamos la costa, los coches, los periodistas... y no podíamos bajar», lamenta.

La historia de un egipcio, dice, es la que más le marcó en estos cuatro años. Según relata, el joven fue uno de los que se tiró del barco el mismo día del desembarco. «Tirarse destapó el trauma de todas las torturas que había vivido en Libia», según les explicaron. «Pensé que no me reconocía, pero lo que en realidad pasaba era que estaba acostumbrado a que cuando hacía algo malo le dieran una paliza o lo torturaran. Lo primero que vio cuando abrió los ojos fue a mi. Y yo era la jefa del barco. Esperaba que yo le pegara, por eso me miraba con tanto miedo», explica emocionada. «¿Y ahora qué?», dice. Sabe que están en tierra pero no deja de preguntarse qué futuro le espera. A ella, el mar.

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