«Entre los años 70 y 90 nos hinchamos a hacer obras en zonas inundables»

«Entre los años 70 y 90 nos hinchamos a hacer obras en zonas inundables»

«Decir que los ríos están sucios es un mantra contraproducente. Las avenidas no tienen una solución, sino muchas que competen a todos»

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Cocinero antes que fraile, sabe que sus palabras pueden molestar, pero entiende que su compromiso con la ciencia le obliga a pronunciarlas. Jorge Marquínez es doctor en Geología, presidió la Confederación Hidrográfica del Cantábrico durante ocho años, coordinador de la Comisión Nacional de Inundaciones entre 2005 y 2012 y ahora director del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo.

-¿Qué ha pasado?

-Que ha llovido mucho durante mucho tiempo. Ese es el único motor de las inundaciones, no hay que buscar ninguna causa extraña porque es lo que viene ocurriendo desde hace millones de años. Hemos tenido eventos similares en 2003, 2005, 2010 y en 2012, cuando el episodio fue más o menos similar.

-¿Tienen razón quien culpa a los ríos por estar sucios?

-La gente quiere oír cosas amables, que esto es extraordinario, que los ríos estaban sucios y los embalses han soltado mucha agua, pero cuando niegas eso con datos te miran mal. Las crecidas en los ríos son algo común en el mundo y, también en otros sitios, nuestros colegas sufren ese mantra de que la culpa es de los ríos por estas sucios. Hay que decir la verdad, y la verdad es que la actividad de la atmósfera es caótica y a veces llueve fuertemente, con el resultado de las crecidas de los ríos. No hay más causas. Lo de que los ríos están sucios es un mantra falso que resulta contraproducente. Si cometiéramos la barbaridad de limpiar toda la ribera del Eo agravaríamos el riesgo de que este episodio inundara a Vegadeo. En el mundo científico es conocido que si quitas la vegetación de ribera conviertes al río en un canal, por lo que el agua baja con más fuerza en menos tiempo.

-¿No se puede hacer nada?

-Las inundaciones no tienen una solución, sino muchas y nos competen a todos, a la Confederación, el Principado, los ayuntamientos y los ciudadanos. Hay que hacer algunas actuaciones de limpieza, claro, pero puntuales y concretas. También hay que mantener las canalizaciones, limpiarlas para que no aterren sedimento y vegetación que las obstruye. En zonas urbanas hay que reforzar las defensas. No puede ser que perdamos el tiempo y energía demandando una solución única contraproducente.

-De las zonas inundables se viene hablando desde hace lustros sin que parece que cambie mucho.

-Nunca se puede estar satisfecho con los avances, pero se están dando. Los años 70, 80 y 90 fueron terribles porque no sabíamos que había zonas que se inundaban y nos hinchamos a hacer obras mal diseñadas desarrolladas la mayor parte en zonas peligrosas. Hoy tenemos a 15.000 personas viviendo en zonas inundables peligrosas y a más de 100.000 en zonas inundables. Muchos de los desarrollos recientes de hospitales, colegios, residencias de ancianos y otros espacios públicos se hicieron en sitios igual. Hemos actuado muy mal, hemos mejorado mucho en los últimos años, pero todavía queda mucho por hacer.

-¿Y por dónde empezar?

-Pues siendo consciente de que no hay que buscar culpable externo, ni rasgarse las vestiduras cuando hay un evento como este para luego olvidarse. La respuesta de los servicios de emergencia, alcaldes y propios ciudadanos en estos momentos es excelente, pero luego hay que persistir en la prevención. Reconforta por ejemplo que esta vez muchos ribereños, sabiendo los efectos que han tenido crecidas pasadas, tomaran medidas de autoprotección. Eso hay que reconocerlo e incentivarlo.

-Además de la lluvia, influye la capacidad del suelo para absorberla. En ese sentido, ¿nos han perjudicado los últimos incendios?

-Creo que no se puede hacer una relación de causa y efecto. Puntualmente los incendios pueden agravar los episodios de erosión en alguna zonas, pero no nos volvamos locos. Ha llovido un montón y esto es un episodio que se produce cada cierto tiempo y, ojo, se volverá a producir. Tenemos evidencias de ello y de que podemos sufrir inundaciones todavía peores, por eso es tan importante actuar en prevención de una forma realista conforme al peor escenario posible. En el Indurot hemos hecho estudios según los cuales en un evento extremo las inundaciones podrían suponer más del 20% del PIB regional en daños. Esta vez ha sido importante, quizás de cientos de millones, pero si la intensidad se incrementa un poco, los daños se disparan.