El área central tendrá estructura a partir de octubre y se abrirá a empresarios y sindicatos

Fernando Lastra detalló el proyecto del área central en el Fórum de EL COMERCIO celebrado en el Real Club Astur de Regatas de Gijón. /  FOTOS: DANIEL MORA Y DAMIÁN ARIENZA
Fernando Lastra detalló el proyecto del área central en el Fórum de EL COMERCIO celebrado en el Real Club Astur de Regatas de Gijón. / FOTOS: DANIEL MORA Y DAMIÁN ARIENZA

El Principado apuesta por crear un consejo metropolitano como paso previo a un consorcio Fernando Lastra desvela en el Fórum EL COMERCIO que formalizar el ente abre la puerta a un fondo de la UE con 90.000 millones

MARCO MENÉNDEZRAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

En 1981 Asturias aprobó un estatuto de autonomía que anuncia que además de concejos y un Gobierno regional «podrán crearse áreas metropolitanas». Desde entonces todos los intentos para desarrollar la primera se cuentan por fracasos, situación que el Principado quiere remediar en tres meses. Su intención es que en octubre se apruebe la primera estructura metropolitana, formada por dos consejos: uno de carácter ejecutivo y con competencias propias, el segundo consultivo y asesor. La entidad incorporará a todos los ayuntamientos de la zona central que quieran sumarse, y en su asamblea consultiva los sindicatos y empresarios tendrán asiento. De coger fuerza, la organización avanzaría «a modo de consorcio u otra vinculación conveniada».

El consejero de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, Fernando Lastra, desveló ayer este plan en el Fórum EL COMERCIO, que organiza este periódico con la colaboración del banco SabadellHerrero, y que ayer llenó el Real Club Astur de Regatas de Gijón con una nutrida presencia de alcaldes, ediles y empresarios. Ante ellos reconoció que en los últimos meses la discusión se ha ceñido a «una fase voluntarista, pero hay que darle ya una estructura jurídico-formal». La fórmula será «la que concite el acuerdo», aunque las discusiones de los últimos vienen desbrozando el camino: «Puede ser algo que avanzar por el procedimiento de aproximaciones sucesivas, desde una estructura en forma de consejo metropolitano hacia una figura de la legislación del régimen local», tipo consorcio o similar.

Por de pronto, conformar esa primera estructura ya supone un punto y aparte en las décadas de debates sobre el área central, realidad «que va por delante de la política, en la que viven tres de cada cuatro asturianos, y donde se crean dos de cada tres trabajos», según recordó Pablo Junceda, director general del SabadellHerrero.

Lastra concedió que en ese espacio «los asturianos tenemos mucho que ganar». Formalizar el ente permite «presentarse a la Unión Europea con proyectos con capacidad de financiación», justificó. «La UE dirige hoy la política de cohesión a fortalecer los principios de asociación y de las ciudades», recordó. Tal es así que en el periodo 2014-2020 «el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, Feder, invertirá la mayor parte de sus recursos (alrededor de 90.000 millones en este periodo) en zonas urbanas».

Para concurrir a estas ayudas conviene tener en cuenta los dictámenes del Comité Económico y Social Europeo sobre las áreas metropolitanas, criterios que las definen como «una ciudad grande, policéntrica, con varios centros o núcleos y una masa crítica de al menos 500.000 habitantes». Se trata de una «definición que se ajusta como un guante a nuestra área central», subrayó Lastra.

Eso sí, tras analizar las experiencias de otras regiones y países, se ha concluido que el área asturiana será de nuevo cuño o no será. Toca aprender de los errores pasados y entre ellos estaría, precisamente, importar formatos que casan mal con una región que tiene tres grandes ciudades. «Creo que no haber tenido éxito se debe, o tiene que ver, a mi juicio, con pretender mantenerse en la ortodoxia procedimental del artículo 43 de la Ley de Bases para crear un área metropolitana», apreció Lastra.

Esa norma define el foro como «agrupaciones forzosas de municipios, y solo de municipios, donde la administración autonómica es un agente externo, con todas las papeletas para entrar periódicamente en conflicto», identificó. El resultado son entes obligatorios, «composición municipal en exclusiva, creados por ley, rígidas, y con una dificultad para conformar sus órganos de gobierno en situaciones de alta fragmentación política», expuso.

En Barcelona o Bilbao estas divisiones se superan concediendo un predominio a la capital, lo que no respondería al caso asturiano. «Solo el hecho de tener que plantearse una discusión de esta naturaleza produce un fuerte efecto disuasorio», argumentó. El consejero instó al Gobierno de Pedro Sánchez para que actualice ese texto. A expensas de ello, el experimento asturiano buscará aval en otras normativas. Ese encaje legal lo estaría perfilando un equipo liderado por Fernando Rubiera, profesor de la Universidad de Oviedo.

«Malditas las ganas que tenía»

El proyecto avanza así, con la meta de «dejar un instrumento creado para la legislatura siguiente», ilustró Lastra, quien no oculta que desencallar el asunto fue uno de los deberes que le impuso el presidente Javier Fernández cuando le nombró consejero, hace un año. «Malditas las ganas que tenía», ironizó.

Lo está logrando a base de replantear contenido y metodología. El último intento de su predecesora, Belén Fernández, se basaba en un plan que concretaba concejos, funciones y criterios urbanísticos; una vez presentado el borrador el resto de afectados debían acudir al trámite de alegaciones para participar. En su lugar, «nos hemos replanteado el itinerario: decidimos ir de lo político a lo institucional», opuso. Como primer paso, desligó este proceso de la renovación de las directrices urbanísticas, que se actualizarán en función de lo que decida el consejo metropolitano.

«No hemos fijado su perímetro, no hemos establecido, aún, cuántos son los municipios del área», puntualizó. Todo lo que se ha hecho es trabajar con seis concejos, «un núcleo primacial» con el que llegar a ese mes de octubre con nueva estructura.

La evolución del consejo queda abierta, y ahí Lastra no que ve bien que la estación final sea un consorcio. «Hay que analizar su éxito frente al fracasado de las mancomunidades. ¿Qué era lo más importante cuando se creaba una? No cómo se presta el servicio, si no saber quién va a gobernarla; los consorcios en cambio tienen gerencia profesional, competente y funcionan bien», apuntó.

Uno de los escollos lo han puesto los alcaldes de Mieres y Langreo, al dejar de asistir a las reuniones como medida de presión para lograr que el grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte se ubique en el campus de Barredo, no en el de Gijón. Para recuperar su concurso «hay que ser pacientes, moderados y comedidos», contuvo Lastra. «No es culpa del área central que tengamos que discutir dónde se pone una titulación universitaria, primero porque el área central aún no existe, y segundo, porque aunque existiera, no habría que atribuirle la solución a estas cuestiones», expuso. A su entender el foro metropolitano puede debatir cómo impulsar este o aquel campus, pero la decisión sobre las titulaciones corresponde a la propia Universidad.

A quienes ven con recelo que las alas queden al margen, les respondió así: «No se puede plantear el desarrollo del área en términos tan mezquinos de política de mesa camilla; merece la pena que los debates políticos eviten este tipo de insidias. El área metropolitana beneficiará objetivamente a toda Asturias».

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