«Gano mil euros al mes haciendo trabajos de fin de grado por encargo»

Un grupo de alumnos consulta unas notas en el tablón de una facultad de la Universidad de Oviedo. / E. C.
Un grupo de alumnos consulta unas notas en el tablón de una facultad de la Universidad de Oviedo. / E. C.

Un abogado asturiano lleva dos años logrando ingresos extra con la elaboración de todo tipo de proyectos: «Todos mis clientes son de fuera»

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Es un negocio al alza. La elaboración de trabajos de fin de grado (TFG) y de fin de máster (TFM) por encargo está al orden del día. También en Asturias. Basta con hacer una búsqueda en internet para encontrar un amplio abanico de posibilidades, algunas con nombres tan evidentes como 'apruebatodo', 'nohagasnada' o 'tutfgamedida'. Incluso en una clásica web de compraventa de artículos de segunda mano aparecen hasta 133 referencias si la búsqueda se limita al Principado.

Es a través de esta página como le llegan los encargos a un abogado asturiano que prefiere ocultar su identidad. Quiere evitar problemas. Tras concluir el grado de Derecho en la Universidad de Oviedo y superar el máster de Abogacía, las cosas empiezan a irle bien y ha conseguido colaborar de forma estable con un bufete de abogados. Pero hace dos años prácticamente todos sus ingresos procedían de los trabajos que le encargaban.

La mayoría de Derecho, pero no solo. Ha elaborado trabajos de fin de grado de Relaciones Laborales, de Magisterio y de Historia y media docena de trabajos de fin máster de Derecho y Relaciones Laborales. Continúa con la actividad, pero en los últimos meses apenas le dedica ya unas tres horas diarias. Suficiente para obtener unos euros extra. «Puedo ganar unos mil euros al mes». Además, que ésta no sea ya su principal vía de ingresos le permite «ser más selectivo» con los trabajos que acepta.

Mayo y junio, los meses en que suelen concentrarse las convocatorias ordinarias de presentación de los trabajos de fin de grado y de fin de máster, junto con enero -cuando salen convocatorias atrasadas- son los de mayor actividad. «Cuando el tiempo se les echa encima es cuando la gente te llama». En cambio, el inicio del curso, septiembre, octubre y noviembre «son meses muy flojos».

Lo que hace no le supone ningún dilema moral. «La infracción la comete quien expone un trabajo que no es de su cosecha propia. Yo estoy dado de alta como autónomo en el epígrafe de enseñanza no reglada, facturo todos los trabajos y los declaro. Lo hago todo dentro de la legalidad», asegura.

Seis euros por página

Tiene establecida una tarifa de seis euros por página, pero el precio puede encarecerse en función de la complejidad del trabajo o de la urgencia con que se lo encarguen. De media, el trabajo puede salir por 300 euros. Pero los pagos se realizan de forma fraccionada, por entregas. «Más o menos a los diez días de recibir el encargo, cuando llevo hecho como un veinte por ciento del trabajo, se lo paso al cliente y, si está contento con el resultado, realiza el primer ingreso». Él recibe las cantidades por transferencia bancaria, pero el giro postal o los pagos por sistemas como Paypal son las opciones empleadas por quienes, al contrario que él, no declaran estos ingresos.

«Hay gente que dedica diez o doce horas y puede cuadriplicar lo que yo gano. Con ocho horas diarias, en un curso puedes ingresar diez, doce o hasta quince mil euros». Cada vez es más habitual que quienes se dedican a esta actividad se asocien, constituyan una empresa y facturen como tal. «Es un sector en auge. Hay mucha competencia», constata este abogado asturiano.

A él le han hecho encargos de todo tipo. Como hacer las prácticas de Derecho que, desde que entró en vigor el plan Bolonia, los alumnos deben presentar cada semana para su corrección en clase. «Cada vez hay más demanda de gente que prácticamente quiere que le hagas los deberes, o bien una práctica concreta o las de todo el curso. También hay quien pide los típicos trabajos de Secundaria o de FP. A mí, por ejemplo, me tocó uno sobre los tipos de panes en Extremadura que fue una chapa».

Casualidad o no, hasta ahora ninguno de los encargos que ha recibido procedía de un alumno de la Universidad de Oviedo. «Casi todos eran de gente de universidades del sur. No sé por qué, pero en esa zona hay mucha clientela». Y eso le obliga a conocer las normas que establece cada universidad para la presentación de los trabajos de fin de grado o máster, en concreto, los distintos criterios a la hora de citar las fuentes utilizadas. No hay un perfil de cliente fijo, pero sí coincide que todos los que le encargaron un trabajo fin de máster estaban trabajando. La mayoría de los del fin de grado en cambio, opina, son «vagos camuflados» que argumentan no tener tiempo.

La exposición, importante

Él, que fue una de las primeras promociones de Derecho tras el plan Bolonia, está convencido de que es precisamente la adaptación de las carreras al espacio educativo de la Unión Europea lo que ha favorecido la proliferación de este tipo de prácticas. Y cree que «con una mayor implicación de los profesores, se podría evitar el fraude». Porque, apunta, «en muchos casos, los alumnos conocen el tema del trabajo en noviembre y no vuelven a tener contacto con el tutor hasta un mes antes de presentarlo».

Consciente de que una mala exposición ante el tribunal puede hacerles suspender, este abogado recomienda a sus clientes que se lean muchas veces el trabajo que él les ha elaborado y que preparen un power point para la presentación. «Fue lo que yo hice para el de fin de grado y fin de máster y me fue muy bien». Ni se le pasó por la cabeza recurrir a ayuda externa: «Nadie lo va a hacer mejor que tú».

 

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