Asturias tiene la mitad de psiquiatras de los que la OMS aconseja por cada cien mil habitantes

Asturias tiene la mitad de psiquiatras de los que la OMS aconseja por cada cien mil habitantes
Ana Fernández, la mujer agredida por un perturbado el pasado viernes, junto al enfermero Felipe Carreño que la socorrió. / JORGE PETEIRO

Desde la Asociación de Familiares y Enfermos Mentales critican la «criminalización» que sufren muchas personas con esta patología

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

En 2004, Ramón del Barrio, con esquizofrenia diagnosticada, oyó unas voces que le incitaban a cometer un asesinato. Lo hizo, y acabó con la vida de un niño que jugaba en el parque Isabel la Católica. Algo parecido ocurrió el pasado viernes, cuando otra persona con problemas mentales severos intentó estrangular a una mujer cuando paseaba por los aledaños al paso subterráneo del Piles, en Gijón. A ambos hechos los separan casi quince años, pero el debate ahora es el mismo que entonces y las preguntas generan la misma irritación entre los expertos en la materia. «No se puede criminalizar a un enfermo, y menos generalizar y estigmatizar por una serie de hechos que son del todo puntuales», critica Carmen Solar, presidenta de la Asociación de Familiares y Enfermos Mentales en Asturias (Afesa).

Se trata, sin lugar a dudas, de casos aislados, pero no por ello casuales, menos si cabe en Asturias. «La región no cumple ahora mismo las recomendaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tampoco está siendo consecuente con lo pactado en la Estrategia Europea de Salud Mental. Esta claro que no hemos hecho los deberes, especialmente respecto a personal», evidencia el psiquiatra y catedrático Julio Bobes. Este profesional, uno de los más respetados en la materia, se refiere a los 16 psiquiatras por cada 100.000 habitantes que la OMS aconsejaba, y de los que Asturias solo tiene 9. «No se duda de que casos como el del pasado viernes sean puntuales, pero de no haber una carencia de personal, quizás podrían evitarse también», reflexiona.

La falta de profesionales dedicados a la atención, tratamiento y rehabilitación de enfermos mentales es una situación que viene siendo motivo de queja durante la última década, y que desde las asociaciones tratan de paliar a base de trabajo de campo y concienciación. «Trabajamos mucho la prevención. Muchas veces ocurre que el propio enfermo mental no es consciente del problema o que sus familiares no son capaces de detectarlo», explica Solar, desde cuya plataforma invita a que, «al mínimo signo de problemas mentales» se acuda inmediatamente a cualquiera de sus sedes para pedir ayuda.

La agresión como defensa

El combate contra los prejuicios es real. «Hay que ponerse en su lugar. Cuando un enfermo mental ataca a otra persona no es consciente de lo que está haciendo. Agrede como mecanismo de defensa contra algo que es una amenaza», insiste. Desde Afesa tratan siempre de estar en contacto con las familias de los afectados, siempre que este entorno exista. «Hay casos en los que vemos que se nos puede ir de las manos. Para estas ocasiones ponemos en marcha la vía judicial, y pedimos al juez el ingreso de esa persona en un centro especializado», cuenta Solar, quien reconoce que el agresor del pasado viernes podía ser un sujeto necesitado de esta última medida. «Cada caso es distinto, habría que analizarlo de forma muy particular», concede.

Para el diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, uno de los más críticos con el retraso en la elaboración del nuevo Plan de Salud Mental, aún pendiente de aprobar, la solución nunca debería pasar por el encierro. «Los enfermos mentales hace tiempo que consiguieron que se respetasen sus derechos, entre ellos el de libertad», afirma, quien descarta que exista una relación causa-efecto entre la violencia y quienes sufren trastornos psiquiátricos.

Llamazares también coincide a la hora de afirmar, «sin lugar a dudas», que el sistema de atención a estas personas es cuánto menos mejorable. «Hemos perdido mucho en cuanto al tratamiento de rehabilitación para personas con enfermedades mentales graves. No puede ser que para este tipo de patologías haya lista de espera. Casos como el del viernes son puntuales, pero la pérdida de calidad en atención de salud mental en Asturias debería llamar la atención de quienes se encargan de gestionarla», critica.

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