Asturias no olvida a Severo Ochoa

Asturias no olvida a Severo Ochoa
César Nombela, Santiago García Granda, Manuel Álvarez-Uría, Simón Guardado, Carmen Lavandera-Lavandera, Julio Bobes, Wenceslao López, Francisco del Busto y Juan Méjica, en la sede del Colegio de Médicos, donde tuvo lugar el acto de homenaje. / PABLO LORENZANA

El «asturiano universal» recibe un homenaje en el 60 aniversario del premio Nobel

ALBERTO ARCEOVIEDO.

Se cumplen sesenta años de la concesión del premio Nobel de Fisiología y Medicina al bioquímico luarqués Severo Ochoa de Albornoz, el «asturiano universal» que conquistó la más alta cumbre de las ciencias a nivel internacional, y el Principado está de enhorabuena. El extenso catálogo de reconocimientos programados en torno a la significativa efeméride, que se extenderán a lo largo de todo el año y abarcarán también parte de 2020, comenzó ayer con una sesión especial organizada por la Real Academia de Medicina de Asturias en el Ilustre Colegio de Médicos de Oviedo.

Allí glosaron su figura, en las distintas facetas de su vida, Manuel Álvarez-Uría, presidente de honor de la Academia; Juan Méjica, presidente de la Fundación Méjica; Carmen Lavandera-Lavandera, sobrina nieta del científico; César Nombela, presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa y ahijado del científico; Julio Bobes, presidente de la Real Academia de Medicina de Asturias; Santiago García Granda, rector de la Universidad de Oviedo; Francisco del Busto, consejero de Sanidad; y Wenceslao López, alcalde de Oviedo.

En el mismo acto fue inaugurada en el vestíbulo del colegio parte de la exposición 'Severo Ochoa o la belleza de la Ciencia', que podrá verse hasta el próximo viernes. La componen algunas obras de arte del propio Méjica, inspiradas en la personalidad y la labor del más insigne científico asturiano, que se suman a los trescientos documentos inéditos recopilados por su fundación, gracias a la cesión de una docena de familiares. La exposición podrá verse íntegra en septiembre en Oviedo, antes de viajar a otras ciudades españolas.

El primero en hacer ejercicio de memoria fue Nombela, que admitió que uno de sus mayores «honores» fue desarrollar su formación postdoctoral trabajando junto a Severo Ochoa en Estados Unidos. «¿Acaso sabremos jamás lo que es la vida?», preguntó, citando al que fuera su maestro tiempo atrás, después de relatar cómo en 1959 llegó «el telegrama de Estocolmo» y cómo en 1966 se descifró el código genético.

Tras él, Álvarez-Uría se centró en la faceta más humana y sencilla de un científico y «gran entusiasta de la fabada» que «era feliz viendo sonreír a su esposa». Él «no reía demasiado debido a una tos seca que venía de un enfisema propio de los fumadores empedernidos», desveló. «Pero sonreía, y mucho».

La sobrina nieta de Ochoa desgranó su infancia con «el tío Severo», con el que «íbamos todos los veranos a la playa de Portizuelo», muy cerca de la casa familiar, en Villar de Luarca. Allí, y de su mano, «aprendimos las lecciones más elementales de biología mirando a los renacuajos o las algas», abundó. En las largas tertulias en Villa Carmen, «nos hablaba de sus viajes, de sus amistad con Federico García Lorca y de la Residencia de Estudiantes», añadió.

Francisco del Busto, consejero de Sanidad, asumió que «la sanidad asturiana tiene el deber de recoger el testigo del Nobel para mantener el progreso y el futuro en la región» mientras que el alcalde de Oviedo, Wenceslao López, clamó para que los asturianos «pongamos lo nuestro en valor». La capital asturiana cuenta con una calle dedicada al científico y otra a la poeta Aurora de Albornoz, su sobrina.