«Esta Navidad tendré que brindar con la familia por internet»

Desde la izquierda, Alejandra Rodríguez, Pelayo García, Ana Villa (arriba) Nicolás Fernández, Belén Fernández y José Carlos Rubiera (abajo). / E. C.
Desde la izquierda, Alejandra Rodríguez, Pelayo García, Ana Villa (arriba) Nicolás Fernández, Belén Fernández y José Carlos Rubiera (abajo). / E. C.

La falta de conexiones internacionales complica el retorno de cientos de asturianos | «Es un atraso total con consecuencias para nosotros, pero también para el turismo, que no tiene forma de llegar a Asturias», coinciden

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

Billetes de avión el doble o el triple más caros. Viajes mucho más largos y pesados, con escala obligada en otro aeropuerto nacional o combinando el avión con algún otro medio de transporte. Incluso viajes por carretera atravesando el Eurotúnel y toda Francia. Son las alternativas a las que han tenido y tendrán que recurrir cientos de asturianos que residen fuera de España y quieren volver a casa en estas fechas después de que el aeropuerto asturiano perdiera en octubre todas sus conexiones internacionales. Otros, muy a su pesar, no podrán sentarse a la mesa con su familia en Nochebuena.

Ana Obaya es una de ellas. Desde que su hija vino al mundo hace diez años, esta veterinaria que lleva catorce en Reino Unido ha cumplido con la tradición de reunirse con sus padres, hermanos y sobrinas en Gijón. Pero estas Navidades las pasará en Inglaterra. Ya tiene asumido que «me tocará brindar con ellos por skype». Pilar Fernández, su madre, ha pensado en otra solución, aunque no tan tecnológica, para que la ausencia duela menos: «Pondremos una foto suya a la mesa», cuenta aún sin resignarse a no poder reunir a sus tres hijos y sus tres nietas el 24 de diciembre.

«Cuando EasyJet no puso a la venta vuelos a Asturias después de octubre teníamos la esperanza de que al final negociaran con el Principado y se arreglara», cuenta Obaya. Pero no ocurrió. Después, «teníamos la esperanza de que otra compañía cogiera la ruta». Tampoco. La única opción que les quedaba era volar a Santander con Ryanair, pero para entonces los precios de los vuelos ya estaban por las nubes. «Somos una familia solo de tres y nos plantábamos en más de 1.500 euros. Eso más luego a ver cómo íbamos de Santander a Gijón...». Ni así arrojó la toalla. «Miré también la opción de ir haciendo escala en Madrid, pero me salía por el doble de precio». En conclusión, «este año es el primero que no podemos ir. Para mi hija es un desconsuelo, ya que eran unas vacaciones muy especiales, de disfrutar de su familia y Reyes, que aquí no hay, pero lo más duro es para los abuelos, que eran los que más disfrutaban teniéndola a ella en navidades», lamenta.

La abuela, Pilar Fernández, aún trata de digerirlo. A ella, que no entiende «por qué quitan unos aviones que iban llenos», la caída de la cartelera asturiana de los vuelos a los aeropuertos británicos de Heathrow, Gatwick y Stansted también la deja sin la posibilidad de hacer alguna que otra escapada para ver a su hija y su nieta.

Ana Obaya, con su hija Naya, junto a Tower Bridge, en la capital inglesa.
Ana Obaya, con su hija Naya, junto a Tower Bridge, en la capital inglesa. / E. C.

Con un aeropuerto de Asturias en horas bajas, el de Santander se está convirtiendo en la terminal de referencia para los asturianos en el exterior. A él llegarán la ingeniera gijonesa Laura Menéndez -que lleva nueve de sus 27 años en el Reino Unido y ya reservó billete en agosto-, el ovetense José Carlos Rubiera -al que el trabajo como ingeniero le mantiene en Escocia desde hace tres años- y la gijonesa Selene Montes que, para el regreso a Southampton, donde trabaja como técnico de rayos en un hospital, tendrá que ir hasta Bilbao. Por el aeropuerto cántabro se decantó también la gijonesa Alejandra Rodríguez aunque ella, que lleva casi dos años trabajando en el sector de la hotelería en Londres, ha optado por posponer el reencuentro familiar propio de la Navidad al próximo mes de febrero porque «los precios para diciembre eran carísimos». «Y los salarios en Londres no son tan altos. No son acordes con el nivel de vida», refrenda la lenense Ana Villa, que trabaja en reservas para la cadena irlandesa The Doyle Collection. «Después de Reyes, a Santander encuentras vuelos por 50 euros. Eso lo hice algunas veces, pero ya llevo tres navidades sin ir, así que esta vez dije que iba a casa sí o sí». Compró el billete en agosto. 250 euros.

Justo el doble le costará volver a casa estas navidades a Selene Montes. Ella no pudo adquirir el billete hasta hace unas semanas y pagó caro el retraso: 507 euros por el autobús hasta el aeropuerto de Standsted -trayecto que le lleva casi cinco horas-, la habitación de hotel en la que tendrá que hacer noche para tomar el primera avión de la mañana y los vuelos. Y eso sin contar el gasto en combustible que hará su padre para ir a buscarla a Santander y llevarla a Bilbao para el viaje de vuelta. Volver a casa le saldrá por más del doble que el año pasado, pero lo asume. «Me hice el propio regalo de ir a Asturias y, para mis padres, estas navidades el regalo soy yo», bromea, consciente de ser una privilegiada. «Yo me lo puedo permitir, pero hay gente que no puede pagar estos precios».

José Carlos Rubiera, 31 años, ingeniero de EDP Renovables, es de los que intenta volver a Oviedo cada tres meses pero reconoce que «si hubiera mejores conexiones, iría más a menudo». Desde Edimburgo, donde trabaja ahora, la vía más rápida de llegar a casa es también Santander. El problema de la terminal cántabra, señalan los asturianos en el exterior, es que las combinaciones con el autobús para llegar después al Principado dejan bastante que desear. En función del horario de llegada del vuelo, hay quien tiene que esperar cuatro horas para poder seguir ruta por carretera. A Rubiera van a buscarle habitualmente sus padres o amigos. A Ana Villa, en esta ocasión, la recogerá su padre. «Llego a las 19.50 y el último ALSA sale a las 20 horas. Si el avión se retrasa, no te da tiempo a cogerlo», explica.

A enlaces a veces perdidos y largas esperas está más que habituado Nicolás Fernández, que lleva doce de sus 38 años fuera de Asturias. A caballo entre Colonia y Bruselas, donde se dedica a soporte de políticas de investigación, y sin vuelos directos desde que Air Nostrum dejó de operar en enlace con la capital belga a finales de 2011, su alternativa «para que el precio no se dispare» suele ser volar a Madrid -allí puede hacer noche en casa de su hermano- y de ahí, al aeropuerto asturiano. Será lo que haga este año «para que el precio total del billete no suba a más de 350 euros». Y eso volando el 3 de enero.

«Somos una región con un alto nivel de emigración de jóvenes y cada vez nos cuesta más ir a casa»

«Somos una región con un alto nivel de emigración de jóvenes y cada vez nos cuesta más ir a casa» laura menéndez, 27 años, Birmingham

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«Pagué 507 euros por los vuelos y la noche de hotel en Stansted. Este año el regalo de Navidad soy yo» Selene Montes, 27 años, Southampton

«No comprendo por qué dejaron de operar la ruta con Londres cuandoesos aviones iban llenos»

«No comprendo por qué dejaron de operar la ruta con Londres cuandoesos aviones iban llenos» Pilar Fernández, madre de Ana Obaya

Por el Eurotúnel y Francia

Tampoco podrá estar en casa en Navidad Pelayo García. Gijonés de 38 años, vive en Munich y padece las consecuencias de quedarse sin vuelo directo cada invierno. Este año, en su trabajo en un almacén de logística, tiene libre del 22 al 26 de diciembre, cinco días que pasarán en Alemania porque le resulta «imposible» pagar los cerca de 650 euros que le costaría el billete para esos días. Al final vuela el 28, con escala en Barcelona, por unos 300 euros. «Carillo, porque tardé en comprarlo».

Con una familia de cinco, la opción del avión está prácticamente descartada en casa de Belén Fernández. Gijonesa de 45 años, casada con un inglés y madre de tres niños de 15, 12 y 10 años, en un par de semanas se subirán a su coche, atravesarán el Eurotúnel, Francia y todo el norte de España para poder sentarse a la mesa en Navidad con el resto de la familia. Solo el viaje les consume cuatro días. En euros son unos 740. La opción de volar a Santander con Ryanair a Santander, consulta que hizo este viernes, les salía por 2.200 euros, más el transporte de Santander a Gijón o alquilar un coche para una semana. «Hubiera sido mucho más barato si lo hubiéramos cogido antes pero estábamos esperando por los de Asturias y para cuando se supo que se cancelaban ya era demasiado tarde para estos».

El hecho de que, por primera vez en sus cincuenta años de historia, el aeropuerto asturiano carezca de conexiones internacionales es «un atraso total». «Un desastre», coinciden. «Los pequeños viajes que hacíamos a Asturias para ver a los abuelos ya no son posibles. Ahora tenemos que hacer un viaje largo y costoso que solo merece la pena si tenemos al menos diez o quince días de vacaciones, así que solo Navidad y verano», resume Belén Fernández. «Somos una región con un alto nivel de inmigración entre nuestros jóvenes y cada vez nos cuesta más ir a casa», lamenta Laura Menéndez.

Los asturianos en la diáspora también ven consecuencias negativas para el turismo. «Asturias tiene muchísimo que ofrecer en cuanto a cultura, gastronomía y paisaje, pero no se ponen facilidades. El turista no tiene manera de llegar», dice Ana Villa. «Del norte solo conocen Santander», añade Rubiera. «Por el aeropuerto».

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