Mar Alonso Martínez, premio Talento Joven de la Academia de la Ciencia
«La base del trabajo investigador la hace gente con sueldos irrisorios»«En Asturias hacemos muy buena investigación, es para estar orgulloso. Pero no podemos perder la perspectiva: somos ratón e intentamos ser cabeza de ratón»
Mar Alonso Martínez (La Espina, Asturias, 1986) es profesora titular en el Departamento de Construcción e Ingeniería de Fabricación, da clases en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, la EPI, y es directora del Grupo de Investigación en Construcción Sostenible, Simulación y Ensayo GICONSIME de la Universidad de Oviedo. Su trayectoria le ha hecho merecedora del Premio Anual al Joven talento científico-técnico que otorga la Academia Asturiana de la Ciencia y la Ingeniería.
Comenzó su trayectoria investigadora en 2011 en el Grupo de Investigación en Tecnologías de la Construcción (GITECO) de la Universidad de Cantabria, y se doctoró dos años después en Ingeniería por la Universidad de Oviedo. Y es en la institución asturiana donde sigue desarrollando su carrera investigadora.
-Antes de nada, enhorabuena. ¿Qué supone el premio de la Academia de la Ciencia?
-No me lo esperaba. Ha sido una sorpresa que nos enorgullece.
-Entiendo que sirve de impulso para una carrera que, desde fuera, se ve poco gratificante...
-Lo nuestro es intentar hacer cosas, a veces se acierta pero a veces también nos equivocamos.
-No me refería a los fallos, sino al escaso reconocimiento social de la investigación. ¿No es así?
-Es muy vocacional y hay que ser muy persistente. Muy paciente. Por suerte, yo ya tengo una posición más estable, pero es verdad que tienes muchos años de dedicación hasta llegar a una posición tranquila y estable.
-Lidera el grupo de investigación Construcción sostenible, simulación y ensayo. ¿En qué trabajan en la actualidad?
-Estamos con dos vertientes, que están relacionadas pero son bastante diferentes. Por un lado estamos con las fachadas adaptativas, que cambian su comportamiento térmico, fundamentalmente, cómo transmiten el calor, según las condiciones a a las que están expuestas. Para que nos entendamos: los edificios tienen una envolvente, que es como el abrigo. Si nos centramos en el caso de Asturias, en invierno necesitamos calentar nuestra vivienda... Bueno, hasta ahora era así, no sé lo que va a pasar a partir de ahora... Hasta ahora teníamos necesidad de calentar nuestras viviendas. Sin embargo, durante el verano podías estar con las ventanas abiertas que estabas igualmente confortable en el interior.
Siempre lo explico coloquialmente como el abrigo: nosotros no podemos cambiar el armario de la vivienda, porque la fachada es estática, pero sí podemos incorporarle ciertos materiales que posibiliten cambiar las condiciones de la fachada en función de la temperatura que están soportando. parece algo muy sofisticado y muy extraño, con los denominados materiales de cambio de fase, pero es química, el agua es un material de cambio de fase: por debajo de 0 grados es sólida y por encima de 100 es gas. Y entre 0 y 100 es líquido. Hay químicas que se desarrollan para que cambien de fase en un intervalo. Lo que hacemos es desarrollar metodologías que te permitan saber qué material de cambio de fase debes incorporar a la envolvente que tienes para el clima que tienes. Y lo que hará la envolvente será cambiar su comportamiento dependiendo de las condiciones interiores o exteriores.
-¿Es un cambio de comportamiento inmediato?
-No hablamos de inmediatez porque tampoco nuestras condiciones son inmediatas. No tenemos una variación de diez grados de un minuto a otro. Se habla de inercia térmica de las fachadas. Lo que hacemos es evitar que el calor salga, hacemos que se quede en la envolvente cambiando de fase el material y cuando lo tengo que recuperar puedo hacerlo. En lugar del concepto de aislamiento, ese termo que evita que el calor se vaya, lo que hacemos es retenerlo.
-Importantísimo para el ahorro energético.
-Claro, es una de las patas en las que trabajamos, bajar los consumos. El consumo energético de los edificios es altísimo a nivel mundial. Y una de las actuaciones más importantes o que más beneficio tendría para la sociedad sería reducir esos consumos energéticos. Tanto para frío como para calor. Hay zonas en las que se consume mucha calefacción, zonas en las que se consume mucho aire acondicionado y zonas como Madrid en las que necesitas calefacción y aire acondicionado. Este tipo de soluciones permiten, sin aumentar espesores, reducir el consumo energético.
Aprovechamiento de subproductos
-¿Y la segunda línea de investigación?
-La revalorización de subproductos industriales. Hay determinados subproductos que no son un residuo en si mismo pero salen de un proceso de minería, o de un proceso de fabricación de metal, y se revalorizan en algunas industrias, como la farmacéutica o de alimentación, y nosotros estamos intentando aprovechar esos subproductos y sus propiedades para hacer materiales más duraderos en el tiempo. Hay gente que trabaja en hacer materiales con más resistencia, pro ejemplo, o en otras líneas. Nosotros queremos mejorar la durabilidad de los materiales y darles unas propiedades que quizás ahora no tienen.
-¿Por ejemplo?
-La Beca Leonardo que recibí es para desarrollar hormigones autosensitivos, es decir, que el propio material te pueda dar avisos de que algo le está pasando que no es correcto, crear una especie de sistema nervioso que nos avise de posibles fallos...
-¿Algo así como un material inteligente?
-No nos gusta hablar de material inteligente porque no piensa y no toma decisiones. Me gusta más compararlo con el sensor de los diabéticos, que te da unos pulsos que tú conoces y, en el momento en que algo se dispara para arriba o para abajo, sabes que algo está pasando.
-Abundan las investigaciones sobre nuevos materiales o nuevos usos a los que ya conocemos. ¿Es una necesidad?
-Hay dos cosas que a nosotros nos motivan. Una de ellas es que hay muchos subproductos que son poco aprovechados e incluso a veces acaban siendo residuos. Por ejemplo, un material que se extrae de una mina y durante su proceso se lava, salen productos que son subproducto, pueden usarse para otras cosa, pero no son una línea prioritaria de las empresas. Darle salida a esos productos tiene valor añadido tanto para la industria que lo produce como para la industria que los va a utilizar. Además, esos subproductos a veces dotan a nuestros materiales, por ejemplo a un material tan tradicional como el hormigón, de otras características. Conocer qué pasa cuando los incorporas, para bien o para mal, es muy interesante. Siendo muy cautos, pero hay un espectro amplísimo y de colaboraciones a hacer.
-Habla de la Beca Leonardo que recibió. En esta edición fue la única asturiana seleccionada. ¿Es una muestra de la calidad investigadora que hay en Asturias?
-Hacemos grandes cosas. Estoy muy orgullosa de ser asturiana y de lo que hacemos en la Universidad de Oviedo. Pero no podemos perder la perspectiva. Somos un ratón e intentamos ser cabeza de ratón. Vamos a universidades punteras en el mundo, yo estuve en la décima a nivel mundial cuando hice la tesis, uno de nuestros doctorandos se va a Oxford el curso que viene, colaboramos con grandes universidades, pero eso no significa que nos podamos poner a su altura.
Estar orgullosos
-Está claro que con Oxford no podemos competir.
-Exactamente. Tenemos un ecosistema que tampoco nos lo permite. Tenemos mucha calidad, hacemos muy buena investigación, y lo que digo siempre, somos competitivos, que eso es un mérito en si mismo.
-Asturias es lo que es en tamaño y tiene el presupuesto que tiene.
-Efectivamente, y los recursos. Cuando vas a una universidad grande hay un administrativo por cada x profesores. Nosotros aquí hacemos de mujeres y hombres orquesta: das clase, investigas, tramitas facturas, lees leyes y BOEs... Es nuestro ecosistema y tenemos que saber dónde estamos. Pero insisto: aún estando ahí, siendo un ratón, hacemos grandes cosas, deberíamos estar orgullosos.
-Siempre hay margen de mejora. ¿Qué pediría?
-Siempre reivindico lo mismo: el core de nuestro trabajo lo hace gente que cobra muy poco. Los investigadores que sacan adelante el trabajo que nosotros lideramos son gente, sobre todo, vocacional... En nuestro caso hablo de gente que podrían estar trabajando como ingenieros en empresas en las que cobrarían el doble de lo que trabajan aquí y deciden quedarse aquí dedicándose a la ciencia, dedicando todo su tiempo, porque éste no es un trabajo de oficina, y con salarios... en nuestro grupo tenemos dos FPU, becas nacionales, con sueldos irrisorios. La política debería trabajar en que esa gente, que realmente sustenta una parte muy importante de nuestro sistema científico e investigador, estén compensados como merecen.