Pasaporte para estudiar en América

La Fundación Amancio Ortega beca a 22 adolescentes asturianos para estudiar en Estados Unidos o Canadá

Gijón. Alberto Abejón, Celia Friera (en los sofás), Nora López, Llara Fernández (en los reposabrazos), Lucía García, Toni Puerta, David Sastre, Marcos Mateo y Laura Caballero (de pie), en la hemeroteca de EL COMERCIO. /PALOMA UCHA
Gijón. Alberto Abejón, Celia Friera (en los sofás), Nora López, Llara Fernández (en los reposabrazos), Lucía García, Toni Puerta, David Sastre, Marcos Mateo y Laura Caballero (de pie), en la hemeroteca de EL COMERCIO. / PALOMA UCHA
JOSÉ LUIS RUIZ

El sueño de muchos jóvenes es poder estudiar fuera de casa y 22 estudiantes asturianos van a poder cumplirlo gracias a la beca de la Fundación Amancio Ortega. Conseguirla no ha sido fácil, tenían que tener una nota media de 7 en tercero de la ESO y al menos un 8 en inglés. La beca cubrirá todo un año escolar en Estados Unidos o Canadá e incluye alojamiento, manutención en una familia de acogida, escolarización, viaje, seguro médico y de accidentes, seguimiento y asignación para gastos menores.

Gijón

«Dicen que maduras un montón tanto tiempo fuera»

No ven el momento de empezar el nuevo curso, porque va a ser muy diferente. Nueve alumnos de Gijón cursarán primero de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá, donde seguro que harán muchos amigos. Se trata de Celia Friera y Marcos Mateos (ambos del colegio de la Inmaculada), Alberto Abejón (IES Jovellanos), Laura Caballero (IES Calderón de la Barca), Llara Fernández, Lucía García, Nora López y David Sastre (IES Montevil) y Toni Puerta (IES Roces). Los nueve saben que va a ser un año completamente diferente. «Dicen que maduras un montón y cambias al estar tanto tiempo fuera de tu casa», reflexiona Llara. Una expectativa que casi todos tienen. «Estoy seguro de que aprenderé a ser más independiente», dice David.

Las pruebas no les parecieron tan difíciles. «Llevábamos un buen nivel de antemano, así que la prueba escrita no fue para tanto; algo peor la oral, pero sobre todo por los nervios», comenta Llara. Tienen claro que perfeccionarán su inglés, a la fuerza. «Yo espero además llegar a conocer bien el acento propio de Ontario, que es donde voy, concretamente a Simcoe. Quiero estudiar traducción, especialmente alemán, o bien filología inglesa, o ser profesora de idiomas de alguna manera, así que esta experiencia me va servir y mucho». Así de segura se muestra Nora. Los demás aún no tienen tan claro lo que quieren estudiar. «Aún no estoy segura, tengo en mente diseño de interiores, medicina o veterinaria», dice Celia. «Biotecnología o ingeniería informática de software», cuentan Marcos y David. Para algunos es una elección aún prematura. «No tengo ni idea de lo que quiero estudiar todavía», se ríe Toni.

Todos, eso sí, han investigado ya la zona. «Yo voy a Edmunton, en Alberta, Canadá, y sé que tiene un museo de ciencias muy importante y uno de los centros comerciales más grandes del mundo», explica Celia. Laura estará «a cuatro o cinco horas de Toronto y a tres de Montreal, también cerca de las cataratas del Niágara; eso no me lo pierdo». David quiere verlo todo. Va a Estados Unidos y aún no sabe exactamente a dónde, pero no se perderá las cataratas, las grandes ciudades y los paraísos naturales. «Lo principal es que me lleven a muchos sitios». «Yo tengo un amigo en Calgary, en Alberta, Canadá, y ya me he dicho que aquello es impresionante, realmente bonito. Lo malo es que él vuelve cuando yo voy, así que no creo que coincidamos», se lamenta Llara.

Avilés

«Tenía muchísimas ganas de estudiar fuera»

Comparten la ilusión por estudiar en el extranjero desde mucho antes de que la beca apareciese en su vida y una sonrisa que les cuesta reprimir. Son Iria Cuesta Menéndez (colegio San Fernando), Jaime Majado García (colegio Nuestra Señora del Buen Consejo), Eva Pérez Álvarez (IES Número 5) y Clara Carvajal Arango (IES Isla de la Deva). En menos de siete meses estarán haciendo las maletas rumbo a Canadá y, en el caso de esta última, a Estados Unidos, a una localidad aún por definir. Estudiante de guitarra en el conservatorio Julián Orbón y nadadora, Clara Carvajal conocía la beca y tenía claro que quería presentarse a la convocatoria -«me gusta el inglés, viajar y conocer»-, algo importante si enfoca su futuro profesional hacia el diseño.

Iria Cuesta sabe que vivirá con una familia de Ontario y le gusta porque tiene la impresión de que en Canadá «son más familiares» que en Estados Unidos. Reconoce que pasó nervios en la entrevista y que de la prueba escrita todos salieron con una nefasta impresión que no resultó cierta. Se muestra encantada ante una experiencia «impresionante» en la que tendrá que cambiar el judo (este año será cinturón marrón) por cualquier otro deporte en la exuberante naturaleza canadiense. En el futuro le gustaría estudiar Criminología.

Jaime Majado y Eva Pérez vivirán en Terranova y en Nueva Escocia, respectivamente. Por supuesto, ya han buscado en 'Google' esos lugares. Jaime, al que le gusta la biología y valora la docencia como futuro profesional, confiesa que está algo «nervioso», a pesar de saber que disfrutará y aprenderá de la experiencia. Al igual que Clara, toca la guitarra, nada y juega al paddle. Eva Pérez, que quiere ser directora de cine o trabajar en algo relacionado con audiovisuales, conocía a dos chicas que habían disfrutado de la beca el año pasado y su madre se lo recordó este conocedora de que tenía «muchísimas ganas de estudiar fuera». «Es una experiencia súper guay, me encanta poder conocer otras culturas», por eso le resultaba un poco indiferente que le tocara Canadá o Estados Unidos. Septiembre, el mes de la partida, está a la vuelta de la esquina, pero para ella el curso escolar sigue su ritmo normal, por eso tiene pensado apuntarse a una clase de pintura. Una extraescolar más junto al baloncesto y la natación.

Oviedo

«Tienes que esforzarte mucho, pero reconforta»

Han trabajado duro, pero los frutos superan con creces el esfuerzo invertido. Ellas son María Rodríguez (Colegio Loyola), Claudia Pisa e Inés María García-Portilla (Colegio San Ignacio), Iris Cortés (Colegio Santa María del Naranco) y Marina Pizarro (Colegio Santa María del Naranco). Cinco estudiantes de los veintidós que han resultado agraciados con la beca de la Fundación Amancio Ortega para estudiar primero de bachillerato en Estados Unidos y Canadá.

Están «contentas» y «nerviosas» a partes iguales. Y, en ese sentido, salvo Inés, que ya tiene asignado parcialmente su destino en la Columbia Británica, Canadá, el resto aún no tiene ni idea de dónde estudiará el curso que viene. Solo saben que será en los Estados Unidos de América y que entre Oregón y California la elección es clara. «Me gustaría un lugar con playas y buen clima», admitió Iris. Algo que secundaron al instante todas sus compañeras. «¿Os imagináis que nos toca Alaska?», pregunta María. Y a excepción de Inés, para quien «la experiencia es lo que importa», todas niegan con la cabeza al instante.

Marina, por ejemplo, va más allá y no puede evitar pensar a largo plazo. Su vuelo, como el del resto, despega a principios del mes de agosto, pero ya ha pensado en el futuro. Sabe que la experiencia, «que hay que disfrutar al máximo», dará paso a una vuelta de nuevo a la rutina en Oviedo. «Quiero estudiar un grado de Humanidades y sé que cuando volvamos ya nos va a tocar ponernos las pilas con segundo de Bachillerato», explica. Otras, como Iris, prefieren no pensar en eso ahora. «Me gustaría estudiar Medicina», clamó.

Lo que está claro es que todas se han esforzado al extremo. «Los exámenes no han sido difíciles, eran dos pruebas accesibles para todo el mundo», relató Marina. «Y nos han dicho que en EE UU el nivel de estudios está ligeramente más bajo que aquí en materias como Matemáticas o Ciencias Sociales», añadió María. Solo queda un paso, terminar el papeleo y hacer las maletas.

Mieres

«Echaré de menos a la familia pero cumpliré un sueño»

Lucía Matilla tiene quince años y cursa cuarto de la ESO en el IES Sánchez Lastra de Mieres. «Nos informaron de estas becas en el centro y yo envié mis datos para apuntarme; luego tuve que hacer una prueba y me la dieron», señala con satisfacción. Admite que es una buena estudiante, saca buenas notas y también tiene un buen nivel de inglés; algo imprescindible para los diez meses que se va a pasar en Estados Unidos para estudiar el primer curso de Bachiller, eso ya el próximo curso. «La verdad, todavía desconozco la ciudad a la que voy a ir pero da igual, porque se trata de cumplir un auténtico sueño. Tengo muchas ganas de ir; echaré de menos a la familia pero creo que compensa. Están felices por mí, en casa están todos muy contentos, mi padre y mi hermana ya me quieren echar y ocupar mi habitación», dice entre risas. «Pero volveré».

El curso anterior obtuvo una nota media de 9,81 y señala que no hay grandes secretos para obtener estos registros. «Atender en clase y llevar el trabajo al día; hago cosas normales de los jóvenes de mi edad; hago judo, salgo con mis amigos ver series». En plena adolescencia, todavía no tiene muy claro lo que quiere estudiar cuando acabe el Bachiller; «igual Medicina o algo relacionado con la Biología, ya se verá, pero algo relacionado com la rama de las ciencias. Tengo dos años para pensarlo».

De Amancio Ortega, Lucía sabe que empezó a trabajar de muy pequeño y que ha construido su imperio textil a base de esfuerzo. «Creo que sabe lo que hace, y cabe destacar su apuesta por los jóvenes de este país. Tiene que ser un hombre bueno porque se gasta mucho dinero en estas becas, como unos 600 jóvenes». Y sí, afirma que compra ropa en Zara.

Tapia

«No sabes si encajarás. Buscan perfiles muy concretos»

Daniela Morales Lopes cumplirá los 16 años en Canadá siendo una de las 600 seleccionadas para cursar el primer curso de Bachillerato en el extranjero. «Me pareció una oportunidad increíble. Me encanta el inglés. Vi la beca como algo pensado para mí», afirma la joven tapiega, que estudia en el instituto Carmen y Severo Ochoa de Luarca.

El día que se enteró de que era una de las que había obtenido la beca tenía examen de matemáticas y a los nervios propios de la convocatoria se unía esta posibilidad. «Al ver mi nombre me quedé impactadísima. Llamé a mis hermanos y les pedí que mirasen la lista por si me lo estaba imaginando. Estoy muy feliz», rememora Morales Lopes.

Ella domina el inglés a la perfección, lee y ve las series en versión original. Por eso, aunque al principio pensó que la peor parte del proceso de selección sería la prueba escrita, superado el trámite admite que lo más duro fue la entrevista personal. «Buscan perfiles muy concretos y no sabes si encajarás. No puedes mentirles y te preocupa si eres la persona que estarán buscando». Se considera una buena estudiante, sobre todo, desde que comenzó la secundaria. Pero afirma que no estudió para esta prueba. «No sabía qué nota necesitaba para la beca. Tenía notas bastantes altas», afirma.

Para lograr esas calificaciones, aseguró que mantiene una máxima: «Llevar las cosas al día y no agobiarse». Siempre tiene presente la filosofía del esfuerzo que le inculcó su madre, Carmen. Eso sí, «sin que estudiar se convierta en nuestra vida».

Su futuro está ligado a la biología. «Me encanta la biología marina. Solo viví en un lugar donde no había mar, en Oviedo. Mi infancia fue en Tapia y siento una especie de conexión con el mar», y da las gracias a las profesoras Carmen Rico e Isabel Alagón, del instituto Marqués de Casariego, en Tapia, porque le hicieron ver que lo suyo era la ciencia.

 

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