La Cadellada, luces entre sombras

Una de las asistentes a la inauguración, ante el audiovisual que se proyecta. / FOTOS: PALOMA UCHA
Una de las asistentes a la inauguración, ante el audiovisual que se proyecta. / FOTOS: PALOMA UCHA

El comisario de la muestra, Alfredo Aracil, recuerda que el centro cerrado en 2005 fue en su última etapa cuna de la psiquiatría comunitaria Una exposición aborda las líneas médicas surgidas en el antiguo psiquiátrico

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

Tres cuartos de siglo en funcionamiento, una guerra civil, una dictadura y varias olas modernizadoras dan para muchas historias. De las que ha dejado como legado el antiguo Hospital Psiquiátrico de La Cadellada, antes de que los últimos cuarenta pacientes fueran desalojados en 2005. Un negro relato que es testigo de la historia del tiempo presente de la región pero que no siempre fue así. «Cuando entra José Luis Montoya, uno de los pioneros en psiquiatría comunitaria, lo cambia todo; en 1964 había mil camas, separación entre hombres y mujeres sin que ninguno pueda salir a la calle, situaciones de electrochoque, ausencia de diagnóstico y prácticas inhumanas», relata Alfredo Aracil, comisario de la exposición 'Apuntes para una psiquiatría destructiva. Caso de estudio: La Cadellada', inaugurada ayer en la sala 1 del Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón. El centro ovetense arrastra un extenso inventario de historia de miserias humanas que ha desplazado con frecuencia a aquellas que también lo convirtieron en un símbolo de revueltas médicas que intentaban colarse por las grietas modernizadoras del tardofranquismo. «Tampoco soy ingenuo y son experiencias con luces y sombras, pero era interesante conocer las alternativas a una psiquiatría orientada a la disciplina y control de la enfermedad», dice Aracil.

El paseo por la muestra es precisamente esa dicotomía entre el ser y el querer ser de una ciencia cuya primera reforma concluiría en 1968, cuando fueron despedidos los médicos más progresistas del centro ovetense. Habría que esperar hasta 1983 para que Víctor Aparicio tomara las riendas y liderase la segunda reforma: «Cuando llegué era un hospital donde había mil personas en un espacio para 500, evidenciando las pésimas condiciones de vida y donde seguían existiendo celdas de castigo», apunta. El psiquiatra recuerda que se «trataba de un centro que destruía a la gente más que ayudarla».

«Había mil personas en un espacio para 500», recuerda Víctor Aparicio, exdirector del hospital

Vuelta a casa

El periodista e historiador Alfredo Aracil (La Coruña, 1984), exresponsable de Proyectos de LABoral Centro de Arte (2013-2016) y actual comisario asociado de la Galería Pasto de Buenos Aires está al frente de esta muestra para la que ha estado trabajando los tres últimos años como parte de su tesis doctoral: el proceso de desmanicomiolización en España. ¿Por qué La Cadellada? ¿Por qué Asturias? «El consumo de farmacoquímicos en esta región es salvaje; es un lugar perfecto donde probar las biopolíticas, un tema que se trata poco». La muestra, de acceso libre, permanecerá abierta hasta el próximo 13 de octubre.