Las casas de acogida de mujeres en Asturias, desbordadas

Las casas de acogida de mujeres en Asturias, desbordadas
DAMIÁN ARIENZA

Su ocupación supera el 100% por un aumento en la demanda y estancias más largas | La media de edad de las víctimas atendidas el año pasado fue de 35 años | 32 profesionales integran la red, Medalla de Plata del Principado

LAURA MAYORDOMOGIJÓN.

Una llamada al 112 o al 016 -desde donde será redirigida al servicio telefónico ubicado en la Casa Malva, disponible los 365 días del año y anónimo- es la llave que abre la puerta de alguna de las tres casas de acogida y los 20 pisos tutelados de Asturias en los que hasta 80 unidades familiares pueden encontrar refugio ante una situación de malos tratos en el ámbito doméstico. 243 mujeres atravesaron ese umbral el año pasado. Lo hicieron acompañadas de 213 menores -sus hijos- y once personas adultas a su cargo. La demanda es alta. Lo atestigua que en siete de los doce meses del año pasado, todos los recursos de la red de casas de acogida estuvieron al cien por cien de ocupación. Y en estos momentos, «la superamos en toda la red».

No es la primera vez que la demanda desborda los dispositivos repartidos por Gijón -doce pisos tutelados-, Oviedo -cuatro-, Avilés, Castrillón, Valdés y Langreo, con uno en cada concejo. Esta «altísima ocupación» es, explica la coordinadora de la red, Yoanna Magdalena, algo que ocurre con cierta frecuencia desde hace algo más de dos años. ¿La explicación? Por un lado, un ligero incremento en el número de demandas, en buena medida motivado por un mayor conocimiento de los recursos existentes. Por otro lado, porque las salidas «son más complejas». Y así, la fase de larga estancia, que suele durar seis meses, se extiende hasta los diez. Del mismo modo que, para dar respuesta a las necesidades particulares de cada caso, los 18 meses estipulados para residir en un piso tutelado pueden alargarse hasta los dos años. La consecuencia es ese «estancamiento» que se está produciendo ahora mismo.

Psicólogas, trabajadoras sociales, educadoras y auxiliares educadoras -así, en femenino, porque solo hay un hombre entre los 32 trabajadores de la red- se ocupan de favorecer su recuperación y regreso a una vida autónoma. Por esa impagable labor, el Gobierno regional resolvió esta semana distinguirles con la medalla de Plata del Principado. Una distinción que se suma a muchas otras, como la Medalla de Oro de Cruz Roja (en 2009) o el premio Mujeres Progresitas, concedido en 2011 por el Ministerio de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad «Este es el colofón. Estamos muy orgullosos», resume el sentir de sus compañeros Yoanna Magdalena, coordinadora de la red.

Cada vez más jóvenes

Entre las mujeres atendidas el año pasado, el 84% manifestaron ser víctimas de malos tratos físicos y psíquicos. El 16% restante sufrió violencia psicológica. Y en el 76% de los casos, los episodios de violencia tuvieron lugar delante de sus hijos. «También son víctimas directas» y por eso también cuentan con un equipo de profesionales que se ocupan de ellos. El 55% de las mujeres que accedieron a alguno de los dispositivos de la red lo hicieron junto a sus hijos menores.

Tres de cada diez eran inmigrantes, sobre todo procedentes de países de sudamérica. En lo que respecta a la media de edad de las mujeres atendidas por la red de casas de acogida en 2018, ésta fue de 35 años. Y es un hecho que los casos de malos tratos de los que estos profesionales tienen conocimiento aumentan de forma preocupante en el rango de edad que va de los 18 a los 25 años.

El 84% de esas 243 mujeres atendidas en 2018 mantenía la relación violenta al ingresar en la red. Y en siete de cada diez casos, interpusieron denuncia contra su agresor.

Más información