La catedral llora a un «buen hermano»

Más de sesenta sacerdotes y seminaristas participaron en el oficio, al que asistieron cientos de fieles. /  PABLO LORENZANA
Más de sesenta sacerdotes y seminaristas participaron en el oficio, al que asistieron cientos de fieles. / PABLO LORENZANA

El arzobispo de Oviedo oficia el funeral asturiano por Juan Antonio Menéndez«Puso bondad y abrió horizontes de esperanza en quienes acudieron a su lado», destaca Jesús Sanz Montes sobre el obispo de Astorga

EUGENIA GARCÍA OVIEDO.

Fue en la Catedral de Oviedo, un 10 de mayo de 1981, cuando fue ordenado sacerdote. Allí mismo, el 8 de junio de 2013, fue consagrado obispo. Y en el mismo lugar le despidieron ayer compañeros del sacerdocio y cientos de feligreses, que abarrotaron el templo para participar en la misa exequial por Juan Antonio Menéndez, obispo de Astorga fallecido a los 62 años el pasado 15 de mayo a causa de un infarto.

Presidió el oficio el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, quien ya hiciera lo propio hace diez días, en el funeral celebrado en la catedral de Santa María de Astorga. «Han sido intensos estos días pasados», comenzó Sanz Montes antes de agradecer la presencia de quienes no pudieron asistir a la misa celebrada en Astorga pero no faltaron a la de Oviedo. Rememoró cómo fue aquella mañana de primavera en la que don Juan Antonio llegó a su vera «como un niño que se deja llevar, que pide ser acompañado y sostenido» a su puesto como obispo auxiliar de la diócesis, y cómo durante algo más de dos años trabajaron juntos en la que fue «una fraterna colaboración que se fue transformando en recíproca compañía».

Reconoció haber recibido «con desigual sorpresa» los dos avisos en nombre del papa Francisco: «Que se me daba como hermano obispo a Juan Antonio y, dos años después, que me lo quitaban para llevarlo a Astorga». La conmoción fue sin duda mayor al conocer la noticia de su repentino fallecimiento en el mismo día, solo unas pocas horas después, de morir su amigo y compañero Herminio González Llaca, párroco de San Lorenzo en Gijón. Su pérdida «fue, sin duda, un factor que aceleró la presión interior sumida en el donor para un corazón ya tan maltrecho».

«Juan Antonio ha vivido su historia, quiso que Dios narrase con ella una biografía bella y sencilla que pondría bondad y abriría horizontes de esperanza en tantos que acudieron a su lado». Hombre sencillo y afable según quienes le conocieron, «no vivió encerrado en sus cosas, en sus pretensiones inconfesables ni en sus heridas, a pesar de que no tuvo pocas últimamente». Al contrario. «Fue dejando que ese Dios escribano nos relatase su biografía de sacerdote y de obispo, como un regalo por donde fue pasando sembrando el bien y la paz». Sanz Montes, quedurante las exequias de Astorga había hablado de cómo afectaron al obispo de Astorga los «casos concretos de sacerdotes descentrados y extraviados que hicieron daño a personas inocentes, víctimas de sus desvarios» hizo también referencia ayer a «algunos renglones torcidos» que se cruzaron en la vida de Menéndez.

En el oficio participaron sesenta sacerdotes de toda la diócesis. Por él, «para no olvidar sus palabras amables ni sus gestos de cercana humanidad», dieron gracias junto al arzobispo. «Descanse en paz este tan querido hermano».