Un ataque epiléptico del conductor, posible causa del accidente de autobús en Avilés

El conductor del autobús accidentado en Avilés pudo sufrir un ataque epiléptico en los momentos previos al choque
PETEIRO

Los investigadores centran su atención en esta hipótesis, que explicaría la pérdida del control del vehículo. ALSA afirma que desconocía que el chófer tuviese una enfermedad

PABLO SUÁREZ

Un ataque epiléptico segundos antes de que se produjese el choque. Esa es ahora mismo la hipótesis que cobra más fuerza en las investigaciones del siniestro sufrido por un autobús de la empresa ALSA el pasado 3 de septiembre en Avilés, y que se saldó con cinco pasajeros fallecidos y hasta quince heridos. Los investigadores de la Guardia Civil habrían centrado sus pesquisas en esta opción, que explicaría la pérdida de control del vehículo por parte del chófer, Omar L., el cual consiguió salir vivo del accidente pese a perder una pierna tras la colisión, a raíz de las conclusiones obtenidas en un estudio etiológico, que también reflejan una tendencia a este tipo de ataques por parte del conductor, quien unos años antes habría padecido otro similar.

A raíz de estas conclusiones, el juez al frente de la investigación se ha dirigido formalmente a la mutua para obtener una explicación respecto a los motivos por los que este trabajador continuaba desempeñando su actividad. Según determina el Reglamento de Conductores, aquellos chóferes que hayan sufrido un ataque de epilepsia precisarán de un informe previo realizado por un neurólogo en el cual se asegure que el paciente no ha sufrido ataque alguno durante los últimos cinco años. Únicamente de esta forma le podrá ser concedida una licencia con duración de 24 meses.

Por su parte, desde ALSA han emitido un comunicado en el que reconocen no disponer de la citada información «ni de la posibilidad de obtenerla», por lo que niega tener constancia alguna de que su conductor hubiese sufrido cualquier tipo de enfermedad «que le impidiese conducir». A su vez, inciden en el hecho de que el conductor «cumplía con todos los requerimientos legales» que le habilitaban para desempeñar su oficio, tal y como refleja el último reconocimiento médico que le fue realizado el pasado 5 de abril. Por último, aseguran que su última baja laboral, de febrero de 2015 a febrero de 2016, fue por «enfermedad común».

Omar L., que tal y como adelantó EL COMERCIO recibió el alta hace algunas semanas, se encuentra actualmente en una clínica privada, donde ha comenzado un proceso de rehabilitación que se antoja largo. A la pérdida de la pierna en el momento del choque se suma también una lesión severa en la cadera, de la cual ha tenido que ser intervenido una vez su vida ha estado fuera de peligro. Pese a que en un primer momento se especulaba también con la pérdida de un ojo, los médicos del Hospital Universitario Central de Asturias han conseguido salvarle ambos globos oculares. Tal y como han relatado fuentes cercanas a este periódico, la moral del chófer es cuánto menos irregular, con algunos momentos complicados, que se han ido incrementando a medida que conocía de mano de los psicólogos cuál había sido el desenlace del siniestro. «Tiene momentos buenos y malos. Es consciente de lo que sucedió, así que es muy duro para él», afirman desde su entorno.

 

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