Sin colesterol para volar un dron

Estudiantes de la EPI en la charla impartida por un piloto avanzado de drones de la Guardia Civil de Oviedo. / PALOMA UCHA
Estudiantes de la EPI en la charla impartida por un piloto avanzado de drones de la Guardia Civil de Oviedo. / PALOMA UCHA

La licencia profesional para utilizar estas aeronaves exige de un alto nivel de salud | Diabetes, problemas de vista y de oído son motivos excluyentes para el uso profesional de este tipo de aparatos

JOSÉ LUIS RUIZ GIJÓN.

La legislación española aplicable a los drones está en continua actualización debido al interés que estos aparatos suscintan en los últimos años. Una de las cuestiones principales a la hora de comprar un dron es determinar si su uso va a ser lúdico o profesional, ya que en éste último caso es obligatorio obtener una licencia para la que hay que aportar un certificado médico muy restrictivo. «Debe ser expedido por una clínica aeronáutica, hay una en Oviedo. Entre las causas de exclusión se encuentran la diabetes y el colesterol alto. Además, hay que tener bien la vista, el oído y superar un test de consumo de drogas», advierte un piloto avanzado de drones de la Guardia Civil de Oviedo.

Así lo explicó dicho profesional en una charla que tuvo lugar días atrás en la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) de Gijón, organizada por la asociación de drones de la Universidad de Oviedo, Drone for students. La Asociación de Guardias Civiles colabora con los alumnos participando en charlas explicativas sobre las nuevas normas de vuelo. «La legislación se rige por un real decreto de 2017, pero en 2018 y 2019 se introdujeron nuevos puntos en el tema recreativo para cubrir algunos vacíos legales», aclaró Fernando González, delegado de la AEGC en Oviedo.

Lo primero que hay que saber es que las normas varían en función del peso del dron y del uso que se le vaya a dar. Los drones de hasta 250 gramos pueden volar sobre población, aunque no sobre grandes aglomeraciones, y se pueden utilizar sobre edificios hasta una altura de 20 metros y siempre con contacto visual. Estos aparatos «se consideran como un juguete». Los que pesan entre 250 gramos hasta dos kilos son algo más serio y «no se pueden hacer volar sobre la gente ni sobre edificios», y tienen una altura máxima permitida de 50 metros. A partir de ahí hay que pedir permiso a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea. «Si queremos volar sobre la catedral de Oviedo para hacer un reportaje, por ejemplo, hay que pedir autorización porque puede haber riesgos para la población y para los edificios», explicó dicho piloto.

Para usos profesionales hacen falta muchos más requisitos. Entre ellos una licencia de piloto que se expide para cada modelo de dron, un certificado médico y un seguro de responsabilidad civil obligatorio. «El seguro también es muy recomendable para uso particular», abundó.

Nunca en un aeropuerto

Antes de echar a volar un dron hay que tener otros muchos aspectos. «Siempre tenemos que calibrar la brújula, el GPS y establecer que en caso de avería vuelva a casa, esto es, al punto de partida, no vale con poner solo que baje porque puede producirse la avería encima de un lugar inaccesible», advirtió el experto. También es importante comprobar si el espacio aéreo está restringido o no.

Existen aplicaciones para el móvil que nos dan una detallada información sobre espacios aéreos. De todas formas hay que saber que nunca se podrá utilizar a menos de ocho kilómetros de un aeropuerto, en parques naturales o urbanizaciones privadas.

Los equipos que emplea la Guardia Civil causaron gran expectación durante la charla. La Benemérita usa drones para vigilar el tráfico porque «son muy versátiles y llegan a muchos lugares que un agente no puede. No obstante, de momento no tienen radares». Lo más espectacular es el equipo Pegaso de protección antidrones. Con aspecto de fusil intergaláctico es capaz de interceptar la frecuencia de cualquier dron que esté volando ilegalmente y retenerlo hasta que se le agote la batería o atraerlo hacia sí para confiscarlo.