Los concejos turísticos, asfixiados por la falta de recursos para cubrir los servicios

Los concejos turísticos, asfixiados por la falta de recursos para cubrir los servicios
Llanes. Virginia Revuelta, copropietaria de Helados Revuelta, establecimiento emblemático de la localidad, explica su estrategia para sobrevivir a la afluencia de población. «Aumentar plantilla, abrir la cafetería todo el año y diversificar el negocio en invierno». / NEL ACEBAL

Multiplican el número de residentes y piden ayudas: «Con los impuestos de 6.000 hay que dar bienestar a 30.000»

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

En verano, al pueblo. Ocurre en toda la región: con el estío llegan los turistas, las familias regresan a sus segundas residencias y del occidente al oriente lugares como Tapia, Puerto de Vega, Luarca, Colunga, Ribadesella, Llanes o Cangas de Onís duplican e incluso triplican su población. Como consecuencia, aumenta también la presión sobre los servicios.

Esto llevó a la Federación Asturiana de Concejos, ya en el año 2000, a solicitar la figura de municipio turístico para los concejos que tuvieran una población estacional superior al 25% de los residentes habituales o donde los alojamientos turísticos y las segundas residencias supusieran el 50% de las viviendas en relación a las residencias primarias. Es una reivindicación «histórica, pero justa» que Ignacio García Palacios, presidente de la FACC, vuelve a hacer y que tendría que ir acompañada de «una línea de ayudas específicas para que las entidades locales puedan hacer frente a esa presión extra».

Una de las dificultades a la hora de tratar este fenómeno en Asturias es que no ha sido estudiado en profundidad, por lo que no se dispone de datos actualizados sobre el incremento de la población durante los meses de verano. No obstante, asegura Palacios, «es fácilmente constatable que este fenómeno no es homogéneo y ocurre principalmente en los municipios costeros, que concentran el aumento de esa llamada población flotante». El presidente de la FACC, que es a su vez alcalde de Navia, distingue tres fuentes principales de aumento poblacional: segundas viviendas, veraneantes que se alojan en casas de familiares y turistas propiamente dichos que se hospedan en casas rurales, apartamentos turísticos, campings u hoteles.

La cara indudablemente alegre de la situación es que durante un par de meses incluso en la 'Asturias vaciada', aquejada de males como la despoblación y el envejecimiento, se produce un espejismo y parece, de nuevo, algo más llena. El verano «es fuente de riqueza y dinamiza la actividad de sectores como la hostelería o los servicios», indica García Palacios. Pero el alcalde de Navia añade una dimensión algo más sombría al júbilo veraniego: «Desde el punto de vista municipal genera numerosas complicaciones para asegurar determinados servicios como la recogida de la basura, la limpieza de las calles, el correcto funcionamiento del alcantarillado o la seguridad».

«Tienes que mantener durante todo el año una infraestructura para el doble o triple de población con apenas dos meses de ocupación plena y quienes soportamos esa dotación somos los ayuntamientos con los recursos que nos aportan los impuestos», abunda Sandra Cuesta, alcaldesa de Colunga. Aunque los propietarios de segundas viviendas pagan el Impuesto sobre Bienes Inmuebles y otros gastos relacionados con el mantenimiento de dichas residencias, «hay que recordar que las transferencias del Estado vienen por el censo».

La elevada afluencia de población «es difícil de cuantificar», pero la regidora tiene claro que son La Isla, Lastres o Colunga los lugares con más visitantes.

Precisamente en Colunga, donde hay 3.332 habitantes censados, se encuentra la pastelería Amura. Su propietario, Javier Pardo Montoto, asegura que la diferencia entre verano e invierno es «brutal» tanto en dicho establecimiento como el que regenta en Lastres, la confitería Cristina. «En agosto vendemos cuatro o cinco veces lo de un mes normal y tenemos que contratar a más gente».

La diferencia poblacional también obliga a los negocios a adaptarse durante los meses invernales. «Solo abro de jueves a domingo, incluso cierro enero y febrero». Para sobrevivir a la despoblación vende por internet «turrones, polvorones y otros productos navideños» que llegan a Oviedo, Gijón o Ribadesella.

«Quebranto» para las arcas

El alcalde esta última localidad, Ramón Canal, coincide con la problemática expuesta por sus homólogos de Navia y Colunga. «Con los impuestos de 6.000 censados tenemos que dar servicio a 30.000 personas: ampliar el personal policial, incrementar los servicios de limpieza tanto urbanos como en playas... Se nos multiplican los gastos y esto supone un quebranto inmenso para las arcas municipales», lamenta, sin dejar de reconocer la parte positiva del asunto. «O buscamos una fórmula de desestacionalización que amplíe la afluencia o encontramos una vía de ingresos que nos sufrague durante estos meses».

Un caso especialmente paradigmático incluso a nivel nacional es el de Llanes. El concejo tiene un censo de 13.644 habitantes, pero llega a soportar una presión poblacional de 37.909 personas, según el último cálculo del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ellas, 23.541 son lo que se denomina población vinculada, es decir, que no reside en la localidad a tiempo completo pero pasa allí más de catorce noches al año. «Poo, que tiene 200 habitantes, puede llegar a los 600, y lo mismo ocurre con Naves, Celorio o Barro», ejemplifica el alcalde, Enrique Riestra.

Como consecuencia, muchos negocios se ven obligados a incrementar su plantilla. Es el caso de la heladería Revuelta, establecimiento emblemático abierto en 1922, que para hacer frente a la diferencia de trabajo duplica su plantilla y pasa de 15 empleados a casi 35. «El problema es que cada vez viene más gente y es muy difícil encontrar personal, porque el alojamiento para los trabajadores es complicado y hay poca gente que quiera y pueda trabajar en hostelería», una situación ya avanzada por EL COMERCIO y que confirma Virginia Revuelta, copropietaria de la heladería. En su caso, logran mantener el negocio abierto todo el año gracias a la cafetería, «pero en invierno únicamente da para cubrir los gastos». En la diversificación del negocio a través de la distribución a restaurantes y la implantación de rincones Revuelta en cafeterías y puntos clave fuera de Llanes han encontrado otra fórmula, indica.

Quien no logra mantener abierto en los meses de invierno es José Rodríguez, propietario del hotel Valle Las Luiñas y la cafetería Ecu, en Soto de Luiña. «Llega una fecha en la que tenemos que cerrar el hotel por fuerza mayor, no es rentable». Apunta también a la despoblación y al envejecimiento como causas del desfase en las distintas estaciones: «Este concejo tiene una población mayor y donde hace treinta años éramos 12.000, ahora hay 5.000. No hay recursos». Cree que explotar el Camino de Santiago es una de las posibilidades para desestacionalizar los negocios, porque «el verano está muy bien, pero dos son pocos meses para sobrevivir todo el año».