Criadero de esperanza

El Centro de Experimentación Pesquera cuenta con un equipo de biólogos en Castropol que trabaja por ofrecer herramientas para la sostenibilidad del oricio

Alevines de oricio, en el criadero del Centro de Experimentación Pesquera de Castropol./JORGE PETEIRO
Alevines de oricio, en el criadero del Centro de Experimentación Pesquera de Castropol. / JORGE PETEIRO
PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

Son uno de los manjares favoritos de los asturianos y uno de los principales recursos pesqueros de nuestras costas. Los oricios forman parte de la alimentación de quienes habitaron esta tierra desde el Paleolítico y basta observar su demanda en los restaurantes para comprobar el aprecio que siguen teniendo en nuestras mesas. Desde hace dos años su captura está vedada en todo el territorio asturiano, medida que la Dirección General de Pesca Marítima del Principado se vio impelida a adoptar en septiembre de 2016 ante el preocupante descenso de la biomasa explotable y la desaparición de importantes bancos de esta especie. El periodo de prohibición se amplió hace dos semanas –como ya informó EL COMERCIO– por lo menos hasta el próximo 31 de diciembre, a la espera de una mayor información del estado de las zonas repobladas en las últimas campañas.

En el criadero de Castropol del Centro de Experimentación Pesquera, un equipo bajo la conducción de la bióloga Carmen Rodríguez trabaja para contribuir a que los oricios puedan seguir siendo un recurso pesquero de explotación sostenible. Allí, en los tanques del criadero, se 'cosecha' una producción anual de entre 10.000 y 15.000 alevines de este equinodermo (cuyo nombre científico es Paracentrotus lividus), destinados a repoblar zonas seleccionadas por sus especiales características y en las que hubo anteriormente bancos de oricios. Rodríguez y su compañera, Silvia de la Uz, encargada del proyecto, rechazan con prudencia y un cierto malestar el calificativo de 'salvadoras del oriciu' referido a la labor que desarrollan en su centro. «Nuestra tarea es de apoyo y de refuerzo a la gestión y sostenibilidad de un recurso importante para Asturias. No somos un centro de investigación, sino de experimentación aplicada y lo que tratamos de hacer dentro de nuestras limitaciones en cuanto a personal, espacio y medios, es poner a punto una serie de técnicas y protocolos para afinar las pautas de cultivo y transferir esa información al sector», aclara Carmen Fernández. En cuanto a las campañas repobladoras, también incide en matizar su dimensión: «Se trata de producciones pequeñas, pero no deja de ser una herramienta más de refuerzo, junto a la gestión de vedas, tallas mínimas y cupos, para hacer que la pesquería sea sostenible», explica.

Carmen Rodríquez y Silvia de la Uz muestran un grupo de juveniles .
Carmen Rodríquez y Silvia de la Uz muestran un grupo de juveniles . / JORGE PETEIRO

Puestas en febrero y abril

En el criadero de Castropol se sigue todo el proceso de cultivo y cría del oricio, desde el ciclo reproductivo y su fase larvaria hasta que alcanza la madurez necesaria y los 15-20 centímetros para soltarlo en su medio natural. Los ejemplares destinados a la reproducción se obtienen de ese mismo medio. «Su ciclo reproductivo es invernal. Todos los años hacemos dos puestas: una en febrero y la otra en abril-mayo. Aprovechando ese ciclo en los meses fríos de invierno, que es cuando madura la gónada, cogemos reproductores adultos, seleccionamos machos y hembras, una muestra de entre 50-100 individuos, y ahí una vez realizados el desove y la fertilización iniciamos el cultivo», relatan las responsables de este proyecto de acuicultura. Las crías se distribuyen en dos naves distintas del centro de Castropol.

En una de ellas se cultivan las larvas, alimentándolas con microalgas –cultivadas a su vez en 'bolsas' diferenciadas por especies– y luego pasan a su nuevo espacio en el que los alevines son alimentados con algas bentónicas (adheridas a la superficie de unos colectores) en una fase transicional, durante la que alcanzan los 3-5 milímetros, hasta su 'destete' para pasar a ingerir su principal alimento en el medio natural, las macroalgas (laminarias, lechuga de mar, etc.), recolectadas por el personal del centro entre las que llegan arrastradas por las mareas a la costa.

En los tanques donde crecen actualmente esos cerca de 20.000 ejemplares –junto a otros 5.000 excedentes de la cosecha anterior que serán los siguientes en soltarse–, es posible observar a simple vista cómo los pequeños oricios horadan con sus potentes dientes (poseen cinco, la llamada Linterna de Aristóteles) las láminarias, ramoneando en sus pastos con auténtica voracidad.

En el Centro de Experimentación Pesquera, precisamente trabajan ahora en el diseño de un proyecto encaminado al engorde de oricios en cautividad, una experiencia que ya se realizó en el pasado y que ahora pretende abarcar todo su ciclo de crecimiento. «Tratándose de un recurso limitado y especialmente demandado creemos que puede ser interesante para una posible iniciativa de acuicultura similar a las que ya existen de ostras y almejas», detalla Rodríguez.

Las biólogas del centro de Castropol son cautas alhablar de la actual situación de la especie en Asturias. Sobre los motivos de la ampliación de la veda, Carmen Rodríguez apunta que «el motivo principal del aplazamiento de la veda es la campaña de muestreos seguida estos dos años y que aún no están terminados. Nos queda otra campaña a finales de año y, una vez finalizada, hay que barajar todos los resultados y sacar conclusiones. Aún falta información para decidir de una manera más objetiva».

De la problemática que afecta a la especie en nuestras costas, con la misma cautela, señala que, «cuando gestionas una pesquería de cualquier especie, hay que valorar la capacidad reproductiva y de reclutamiento de la especie, así como la capacidad extractiva para que sea un recurso que no se esquilme y no disminuya». Con todos esos factores es cuando los expertos podrán decidir «no solo levantar la veda o no, también jugar con esos tiempos, adaptarlos, quizás, para que se desplace a otros meses del año y ver si el ciclo reproductivo se ajusta a los periodos de extracción y de veda».

Un buzo realiza tareas de muestreo de oricios.
Un buzo realiza tareas de muestreo de oricios. / E. C.

Cudillero y Valdés

A su juicio, en las causas de la disminución de bancos de oricios, además de la pesca de un producto con gran demanda, intervienen factores medioambientales, así como la abundancia o escasez de alimento. El estudio, a base de muestreos en las zonas de repoblación, sirve también a los expertos para observar la evolución de los bancos.

De hecho, las costas de Cudillero y Valdés son las elegidas como zonas de repoblación. Así, en la segunda «se ha apreciado una mejora notable, nos quedaría por conocer los resultados de la zona pixueta», refiere Carmen Rodríguez. En todo caso, se trata de una especie de crecimiento lento, en el que los individuos no alcanzan su total desarrollo hasta los cuatro años. La receta para alcanzar el optimismo sobre la recuperación del oriciu, es, por tanto, «el tiempo. No es algo de hoy para mañana y sobre todo necesitamos una buena gestión del recurso».

Los cuatro biólogos y el técnico de mantenimiento que trabajan en el Centro de Experimentación Pesquera de Castropol desarrollan una labor no siempre visible, lejos de aspirar a la 'salvación' de ninguna especie, por estimada que sea en el paladar de los asturianos. Sus frutos son cada uno de esos miles de 'bichinos' que hoy ramonean en los tanques y los que ya han sembrado en su medio natural.

Cada uno de ellos en su Linterna de Aristóteles –su boca de cinco dientes– alberga una pequeña luz de esperanza para nuestro oricio. El reto para todos es saber gestionarla.

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