La acusación eleva a dos años la pena para los tres cuidadores del geriátrico de Mieres

Uno de los acusados, a la entrada de los juzgados de Oviedo. / Á. PIÑA
Uno de los acusados, a la entrada de los juzgados de Oviedo. / Á. PIÑA

La defensa carga contra la dirección del centro por la muerte de un anciano, ya que, asegura, era suya la responsabilidad de los residentes

M. VARELA MIERES/OVIEDO.

Visto para sentencia. El juzgado de lo Penal número 2 de Oviedo acogió ayer la segunda y última de las sesiones del juicio de los tres acusados por la muerte de un octogenario en una residencia geriátrica de Mieres en 2016. La acusación particular, ejercida por los cinco sobrinos del fallecido, se sumó a la petición de la Fiscalía.

Transcurridas las dos sesiones del juicio, la acusación particular, ejercida por los cinco sobrinos del fallecido, se sumaba a la petición de la Fiscalía, que considera que los tres cuidadores de la residencia pudieron incurrir en un delito de homicidio por imprudencia grave, ha decidido elevar la pena que pedía a dos años de cárcel, además de cuatro años de inhabilitación de cualquier empleo en el ámbito de la salud y/o cuidado de mayores.

Sostienen que no vigilaron adecuadamente al anciano, que presentaba un cuadro de vómitos y que, cuando su situación empeoró y a pesar de que llamaron al 112, no lograron abrirle la puerta. El fiscal remarcó que «su conducta fue inexplicable. Llega la médico, el portón no abre y ni siquiera salen a ver qué pasa ni van a la habitación del residente». Lo consideran una falta de atención hacia el octogenario y creen que de haber podido acceder la doctora, «se le pudo salvar la vida o haber muerto atendido, no solo».

Esta calificación de homicidio fue rechazada por los tres abogados defensores, que se basaron en una posible negligencia de la dirección del geriátrico a la que consideran responsable de los residentes, y en las manifestaciones del forense, que declaró ayer, y que no ve relación causal entre el comportamiento de los acusados y el fallecimiento del residente. Dijo que el anciano murió debido a «una reacción poco común, inexplicable a un antidepresivo que estaba tomando que le produjo un síndrome neuroléptico que produjo una subida de temperatura de forma abrupta, que pudo superar los 42 grados.

Por su parte, el letrado de la aseguradora, al que los sobrinos del fallecido reclaman 75.000 euros, que el Fiscal baja hasta 50.000, rechazó la petición al considerar que «no pueden acreditar que hubiese afectividad. Nunca han vivido con él, ni consta que le hayan visitado en el geriátrico», testificó.

Más

Temas

Mieres