ADIÓS A UNA MAESTRA

LUIS ANTONIO ALÍAS

La noticia me sorprendió y llenó de nostalgias. María Luisa García, que el apellido se integraba en el nombre, ha muerto. La sorpresa vino por la repetición de despedidas tristes e importantes que, cosas de la edad, sufro; la nostalgia surge de su amistad con mis padres y poseer, entre mis primerísimos recuerdos, algunos paseos cogido de su mano por el parque de Mieres.

Hablo de sesenta años atrás.

Mujer emprendedora y decidida, en unas cuencas mineras donde la mujer se encargaba de absolutamente todo menos postear o picar, aprovechó su temprana orfandad materna, con varios hermanos a su cargo que sacó decididamente adelante, para forjar un destino transcurrido, beca meritoria mediante, por las escuelas de promoción de la mujer de la Sección Femenina -en higiene, economía doméstica, labores y capacitación profesional más útiles y bastante menos caricaturizables de lo que se cree- y luego por la enseñanza, pueblo a pueblo, aldea a aldea, del arte de cocinar, hecho esencia de fogón y millonaria tirada editorial.

Se necesitaban tales aportaciones tras Nieves o La Parabere. La escasez de los años duros empeoraba por la ignorancia popular hacia muchas sanas y ricas materias primas disponibles, y vuelta la tortilla con la abundancia del desarrollismo, pasamos a un curioso monotema de arroces sobrecocidos, filetes turrados y pitos de fábrica.

Para enriquecer la dieta sin penar a la economía, ella, como Magdalena Alperi, Carmina Fernández de la Rivera, Bibiana y Sofía Fernández, sentaron cátedra desde la Villa del Camino a toda España.

Quien nos acaba de abandonar centenaria, deja por legado imperecedero, además de muchas alumnas, madres y abuelas ya de otras muchas alumnas, sus dos extraordinarios tomos del 'Arte de Cocinar', y su tercero del 'Arte de la Repostería', que recopilan enciclopédicamente platos asturianos, españoles y universales con una sencillez y claridad capaces de convertir en chef al incapaz de freír un huevo.

Presidenta de las Guisanderas de Asturias, multipremiada y multihomenajeada, encargada de que el papa Wojtila comiera durante su estancia asturiana no como un cardenal, sino como el mismísimo obispo de Roma, hoy pienso elegir, leer y reproducir una de sus recetas: no porque sea el mejor homenaje que le podemos hacer, porque es y será el generoso homenaje que ella nos seguirá haciendo a perpetuidad.