El amor hace historia en Carabanzo

Susana Suárez y Miguel Rueda fueron los astures que contrajeron matrimonio este año. :: FOTOS: JORGE PETEIRO/
Susana Suárez y Miguel Rueda fueron los astures que contrajeron matrimonio este año. :: FOTOS: JORGE PETEIRO

El Festival Astur volvió a las calles de la localidad lenense para revivir una fiesta cultural que recreó la vida antes de la invasión romana, boda incluida

GUILLERMO MAESE

Carabanzo volvió a trasladarse ayer a la Edad de Hierro, después de que el año pasado no le fuese posible viajar en el tiempo. Sin romanos -esta vez- pero con astures, el pueblo del concejo de Lena volvió a ambientar sus calles y ropajes para teatralizar las costumbres de las tribus de la época. «Hemos montado esta fiesta con el tiempo y el dinero justo, todos los vecinos nos hemos volcado para sacarla adelante y volver a poner en el mapa a Carabanzo», dijo Belén Domínguez, una de las organizadoras, visiblemente emocionada por el espectacular resultado.

Ajetreo constante desde primera hora de la mañana y nervios en las casas a la hora de caracterizarse, el proceso más minucioso e importante del día. Más de doscientas personas se citaron a las doce de la mañana para dar comienzo al festival astur. Todo el pueblo en la calle. El mercado astur cumplía con las expectativas: artesanía de cuero; cosmética natural y para los más llambiones rosquillas, casadielles, cocadas, empanadas varias y boroñas. Era fácil sucumbir, a pesar de las colas en los puestos.

Una de la tarde, así que ya se podía: primera botella de sidra. Ritmo fuerte. Alegría entre los vecinos por haber conseguido revivir una fiesta que creyeron muerta. Sonaron las gaitas, panderetas y tambores para dar inicio al desfile de las tribus que llegaron a Carabanzo a mostrarle sus respetos al druida Dolfo. Las sacerdotisas del Aramo, los arqueros de Teverga, los amigos de Astorga, el clan de Breogán, las trebas galaicas y las guerreras del quempu formaban la comitiva. En un ambiente casi familiar -todos se conocían por las calles-, algunos desfilaban y otros grababan con el móvil desde la barrera. «Voy a pasárselo a la mi fía, que esti añu no pudo venir», contaba Concha a sus amigas en el privilegiado porche de su casa, situado en primera fila de la calle principal del pueblo. Tras el pasacalles, las tribus entregaron sus regalos: frutas, hortalizas, panes y flores al druida. Para él, Dolfo Camilo Díaz, es «un honor» representar al hombre sabio del pueblo. Fue el encargado de dar la bienvenida a las tribus sobre el escenario de la carpa situada en la pista de fútbol sala. Allí la alcaldesa de Lena, Gemma Álvarez se dirigió a los vecinos: «Ha sido un año especial, hemos peleado mucho por esta fiesta. Hemos cumplido la promesa de reactivarla y por ello estoy muy orgullosa de ser vuestra regidora. Para el año que viene seguiremos trabajando por recuperar el festival astur romano que durante doce años organizamos con tanto éxito. Os prometo que la decimocuarta edición será mucho mejor y recuperaremos aquello por lo que tanto luchamos. La folixa debe seguir siendo nuestra».

Y la folixa continuó. Los bares del pueblo, llenos hasta la bandera; la barraca de la carpa, sin un minuto de calma. Comenzaban los preparativos de la comida y quedaban pocos minutos para la boda astur. La identidad de los novios aún se mantenía en secreto. A los más pequeños, no solo se les caracterizó minuciosamente sino que también les entregaron escudos y espadas de madera. Para qué quisieron más. «Os vais a hacer daño», les advirtieron en un sinfín de ocasiones. Y sí, algún que otro llanto hubo. «Si es que sois muy burros», regañaban los padres mientras chequeaban posibles daños. Dos o tres minutos después, retomaban la batalla.

Gaitas y más gaitas, bailes y más bailes, para seguir con el ambiente festivo que reinaba en Carabanzo. Pasaban las horas y el calor se hacía notar, treinta grados a las dos de la tarde para dar comienzo al enlace astur. Ramas de castaño para los invitados: había que agitarlas para espantar los malos augurios cuando entrasen los novios en el altar. Las tribus esperaban con arcos artesanos en la entrada para escoltar a los novios. Fin de la sorpresa: eran Miguel Rueda y Susana Suárez. La reacción del pueblo fue de sorpresa y emoción. Dolfo y María, druida y sacerdotisa, oficiaron la ceremonia por el rito de las cuerdas. Mikeli y Susani -así se hicieron llamar en la ceremonia- entrelazaron sus manos para que posteriormente se las ataran con cuerdas como símbolo de eternidad. Ramas arriba y aplausos de los asistentes.

Durante el enlace se rindió homenaje a los cuatros elementos: aire, fuego, tierra y agua. La ceremonia concluyó cuando la sacerdotisa les deseó a los novios «la felicidad eterna». Acabada la boda, llegó el momento del banquete. Parrillada de carne para todos. El ritmo festivo no decayó, en parte, gracias a la banda de gaitas, que no cesó en su empeño de poner ritmo a la jornada. Para las gaiteras Llara, Indira y Laura, la de ayer era una «oportunidad perfecta para juntarnos a hacer lo más nos gusta, que es la música». Y, aunque miran con nostalgia las ediciones anteriores, no pierden la esperanza de volver a revivir la batalla astur romana.

Por la tarde, la actividad no perdió intensidad. Los astures más jóvenes tendrían la oportunidad de agudizar su ingenio, destreza y habilidad para superar los retos de los juegos que las guerreras del Quempau les habían preparado. Los arqueros de Teverga también participarían en las jornadas didácticas porque compartieron con los asistentes los secretos de la construcción y del lanzamiento de onda. La fábula se abriría hueco en la programación para que el druida Dolfo relatara las leyendas más mágicas transmitidas por sus antepasados. A las historietas se añadirían los seres mitológicos que hicieron su aparición en torno a las 20 horas. Seguían los bailes sin descanso.

Con el ocaso, los druidas volvieron a copar el protagonismo de la fiesta al conducir a las tribus hacia la aldea para hacer las ofrendas pertinentes al dios Belenos. Tras esto, los druidas compartirían con las tribus sus peores augurios. Terribles augurios: «Un temible ejército con gran capacidad de guerra invadirá nuestras tierras y acabará con el pueblo astur en un futuro cercano. Debemos plantar batalla y no sucumbir ante las fuerzas enemigas», advirtieron los sabios para poner punto y final a las actividades que recrearon durante una jornada maratoniana la vida cotidiana del pueblo astur.

Chus Pedro y Gabino Antuña, Spanta La Xente y La Tarrancha pondrían el toque musical a la noche con sus conciertos en la carpa. Fin a una jornada histórica y romántica. Enorme mérito de las asociaciones vecinales que consiguieron revivir la fiesta.