«Los brigadistas no somos dioses, tenemos limitaciones y miedos»

Manuel García, en el despacho de su casa de Oviedo, donde guarda infinitos recuerdos de la mina, como esta lámpara. / MARIO ROJAS
Manuel García, en el despacho de su casa de Oviedo, donde guarda infinitos recuerdos de la mina, como esta lámpara. / MARIO ROJAS

«Tener que recuperar los cuerpos de personas fallecidas, tardar una semana en sacarlos, te marca para siempre»

SANDRA S. FERRERÍA

Cuarenta y cuatro años en la mina, casi la mitad de su vida. Manuel García García (Mieres, 1928) nació en una familia minera, comenzó en el oficio a los 17 años y se jubiló en 1989. Facultativo de minas, a mediados de la década de los 60 entró en la Brigada de Salvamento Minero hasta su jubilación. Lleno de recuerdos y vivencias, 'Manolo, el Brigadista', como lo conocen, acudirá el jueves al acto de homenaje organizado por el grupo empresarial Preventiva Seguros, que se celebrará en el Museo de la Minería y la Industria, en El Entrego, a las cinco y media de la tarde.

-¿Cómo fue su vida, Manuel?

-Nací en una familia minera. Mi padre era minero, mi madre ama de casa, y tenía un hermano y tres hermanas. Todos los chicos nos dedicamos a la mina. Comencé en 1945 y me jubilé en 1989; siempre en la mina. Estudié facultativo de minas, terminé la carrera en la promoción 1949/1950, no tenía ni 21 años. No se cómo me arreglé porque trabajaba en la mina y, a la vez, estudiaba.

-¿Por qué minero?

-Por necesidad. En mi casa solo trabajaba mi padre, y con cinco hijos había mucha escasez. Después de la guerra yo pasé hambre. Recuerdo cómo las mujeres en los años 40 iban a León a buscar comida porque en Asturias no había ni eso ni dinero. Entré en la mina por voluntad propia a los 17. Mi padre se enfadó porque quería que estudiara. Al final hice las dos cosas.

-¿Entró como picador?

-De ramperu. Cuando acabé la carrera ejercí la profesión dirigiendo la mina.

-¿En qué pozos estuvo?

-Primero en minas pequeñas, en chamizos. Luego fui a Hulleras de Olloniego y después a minas de Figaredo. Allí estuve como facultativo hasta que me mandaron a Pajares, donde residí durante 7 años y donde nacieron mis hijos. Con la crisis de 1959 volví a Figaredo, pero era una mina pequeña y no veía campo para desarrollarme. Pedí el traslado a Duro Felguera y trabajé en el Pozo María Luisa otros seis años. Luego quedó vacante el puesto en la Brigada de Salvamento y me quedé hasta la jubilación. Concretamente, 22 años, dos meses y ocho días.

-¿Qué trabajo le marcó más?

-El de la Brigada me marcó mucho. Fueron experiencias muy dramáticas. Tener que recuperar gente fallecida, tardar una semana en sacarlos... Eso te marca. Los mineros tenemos una idiosincrasia muy particular, somos muy reivindicativos, pero hay mucho compañerismo. Cuando hay una desgracia la gente se vuelca. Durante esa etapa, a veces tenía que parar a algunos y decirles 'a ver si van a tener que venir a salvar a los salvadores'.

-¿Cómo era ese trabajo?

-Había siniestros cada poco, no siempre de rescatar fallecidos, pero sí muchos incendios. A mí me tocó trabajar con el canario, yo lo jubilé. El canario tiene un ritmo de respiración muy rápido y en cuanto el ambiente no está como tiene que estar, se cae. Era lo que había por aquel entonces, luego ya vinieron los equipos de protección respiratoria.

-¿Cuál fue el primer rescate en el que participó?

-Fue el 5 de enero de 1972, en el Pozo María Luisa. Se murieron cinco y logramos sacar a uno con vida. Se llama David Rego Seoane y todavía vive, hace poco tomé un café con él. Por ese rescate nos dieron la medalla al mérito del trabajo en la categoría de oro de carácter colectivo.

Siempre en alerta

-¿Cómo vuelve uno a casa después de un trabajo así?

-Uno se hace a todo. Cuando yo llegué a la Brigada conocía la mina perfectamente y no me causó ninguna sensación. Los accidentes no me cogían por sorpresa.

-Últimamente se habla mucho de la Brigada por su participación en el caso de Julen.

-Yo sabía que en cuanto la Brigada tuviera que actuar, lo haría bien.

-Ahora dicen que son superhéroes...

-Somos gente normal, aprendimos un oficio y tenemos la obligación, por voluntad, de ir a los rescates. Pero no somos dioses, tenemos nuestras limitaciones y nuestros miedos. La Brigada tiene que estar en alerta porque los siniestros vienen cuando vienen. Por eso los brigadistas tienen que ser personas de hábitos moderados, hay que hacerles reconocimientos médicos y practicar mucho ejercicio.

-También tienen fama de reivindicativos.

-El trabajo minero es un trabajo embrutecedor. El minero se hace así en la mina, pero es noble y solidario, por eso hay que entenderlo. Va en su ADN, y para saber cómo es la mina, hay que entrar.

-Ahora las minas cierran.

-Qué pena. Eso es increíble. Yo sé qué fue de la minería desde que entré hasta ahora, fueron muchos años, y es increíble todo lo que movía el carbón, todo el esfuerzo que hicimos para que ahora estamos abandonados.