Un dron analiza en Bendueños las pinturas para su futura restauración

Uno de los drones, en el santuario de Bendueños, para hacer fotos de las pinturas. / E. C.
Uno de los drones, en el santuario de Bendueños, para hacer fotos de las pinturas. / E. C.

La asociación Vindonnus hace pruebas con el robot a petición de la Dirección General de Patrimonio para fijar el estado de los frescos

ALEJANDRO FUENTE CAMPOMANES (LENA).

¿Qué se esconde en cada rincón del Santuario de la Virgen de Bendueños? La Asociación Vindonnus quiere desentrañar todos los secretos de este templo de estilo gótico, fundado el año 905, y que en la actualidad es una de las paradas obligatorias -por la belleza del paisaje- dentro del recorrido del Camino de Santiago. Para realizar un estudio pormenorizado de sus pinturas -una de las joyas artísticas del concejo de Lena- se han realizado las primeras pruebas con un dron especializado; se trata de un artilugio de la empresa Fotoasturias, especializada en realizar trabajos de documentación de patrimonio. «Cuentan con varios drones para exteriores y, ahora, están ensayando con uno más pequeño que es apto para su uso en espacios interiores reducidos, en condiciones de poca iluminación», explica el presidente de la asociación cultural y arquitecto David Ordóñez.

¿Con qué motivo se realizan estos estudios de los frescos el templo lenense? Ordóñez explica que es la Dirección General del Patrimonio Cultural del Principado la que estimó que el camarín era un lugar apropiado para este tipo de análisis mediante el robot volador. «Este tipo de herramientas tienen mucha utilidad, por ejemplo, para documentar bóvedas de gran altura o espacios industriales donde el acceso a las partes altas es complicado», señala el responsable de Vindonnus. Y es precisamente este tipo de documentación la que requiere el lugar para abordar la restauración de las pinturas tras la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del recinto.

El Boletín del Principado (BOPA) publicaba el pasado abril el anuncio de la Consejería de Educación y Cultura por el que se incoaba expediente para la declaración como BIC, con la categoría de Monumento, de este santuario. Las primeras menciones al templo datan del año 905, como lugar de atracción de peregrinos del Camino de Santiago.

«Esta herramienta es útil para documentar zonas inaccesibles», apunta el colectivo

En riesgo

La Asociación Vindonnus conoce muy bien esta iglesia; de hecho, la constitución del colectivo obedece a lograr su protección y restauración, objetivos que parecen ahora muy cercanos. Adosado por la parte trasera del presbiterio de este templo, se encuentra el camarín. Según datos recogidos por la agrupación cultural, este cuerpo fue construido en 1704 bajo la dirección del maestro cantero Pablo de Cubas, miembro de una familia con gran tradición constructora. Si bien la composición y los detalles de molduras y recercados responden a un lenguaje plenamente barroco, la bóveda de arista fue ejecutada según la técnica gótica. Este habitáculo debió ser mandado construir por alguna familia nobiliaria del entorno, con la finalidad de rezar a la Virgen con más intimidad, separados del resto de fieles.

En 1710 se encargó a Toribio Fernández Vaquero, maestro de dorar y pintar, la fábrica de un frontal y la realización de las pinturas al óleo de dicho camarín. En la actualidad se conservan, parcialmente, las cenefas del zócalo, organizadas en tres niveles y ornamentadas con motivos vegetales y zoomórficos, como son aves, girasoles, uvas y otros frutos.

Con el paso de los años, la falta de un adecuado mantenimiento en la cubierta conllevó la aparición de filtraciones de agua de lluvia, que terminaron por traspasar la plementería de la bóveda y escurrirse por las paredes. La presencia de agua en la cara interior de los paramentos ha afectado de forma muy negativa a la conservación de las pinturas.

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