Fallece en México, a los 77 años, el empresario Enrique Fernández Prado

Enrique Fernández Prado, en 2015, al recoger el premio de Langreanos en el Mundo. /  JUAN CARLOS ROMÁN
Enrique Fernández Prado, en 2015, al recoger el premio de Langreanos en el Mundo. / JUAN CARLOS ROMÁN

Premio Langreanos en el Mundo en 2015, dejó dicho que sus cenizas fueran esparcidas en su pueblo natal y en Celaya

MARTA VARELA LANGREO.

El concejo de Langreo perdió el pasado fin de semana a uno de sus vecinos más insignes. El empresario Enrique Fernández Prado, que hace tres años recogió en su localidad natal el premio de Langreanos en el mundo, falleció el sábado en México, país al que había emigrado con 27 años. Allí vivió medio siglo y se convirtió en toda una leyenda, tanto deportiva como empresarial. Por eso, la asociación Langreanos en el Mundo no dudó en otorgarle su premio anual en 2015. El jurado consideró que era «un ejemplo para los más jóvenes y para todos los emprendedores y empresarios». Él recogió emocionado el galardón: «Que me premie mi pueblo, Langreo, es lo máximo que me ha ocurrido», agradeció.

Nacido en el barrio de El Puente un 30 de junio de 1940, de adolescente, junto a su familia, se trasladó a vivir a Córdoba, pero regresó a Asturias para terminar la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo. Compaginó estudios y deporte ya que durante su estancia en el Principado también practicó el fútbol en el club Pelayo.

Fue en 1967, en marzo, cuando viajó por primera vez a México, país en el que recibió una sustanciosa oferta de trabajo y adonde se trasladó en diciembre de ese año a vivir con su mujer y su primer hijo. Tres años más tarde, fundó su propia empresa, Productos Alimenticios Asturias S. L., que con el tiempo pasó a llamarse Compañía Manufacturera Asturias, con la que en 1976 pasa a formar parte del grupo Lastur y de Lasen Alimentación de México, un conglomerado empresarial en el que en la actualidad trabajan más de medio millar de personas.

Fichó a Butragueño

Gran aficionado al fútbol, deporte que había practicado en su juventud, en la década de los 70, y junto con otros empresarios, compró un equipo de fútbol de la Segunda División y le puso el nombre de Toros de Texcoco. Posteriormente, el club se llamó Atlético de Cuernavaca y más tarde Atlético Celaya. Fue ya con este nombre cuando el equipo ascendió a Primera y Fernández Prado fichó al mismísimo Emilio Butragueño, a Míchel y a Hugo Sánchez. Por aquella acción fue considerado un visionario de su tiempo, ya que pocos empresarios se atrevían entonces a invertir grandes cantidades de dinero en el fútbol.

A su tierra volvió en numerosas ocasiones. Desde el verano de 1982 no faltó a su cita con sus raíces y con sus vecinos. En Asturias le gustaba pasar al menos dos meses. Y en Asturias, en Langreo, quedará por siempre su recuerdo. Y su alma. Porque, como dejó dicho Fernández Prado, sus cenizas serán esparcidas por su localidad natal. También en la localidad que fue su segundo hogar, Celaya. Allá, en México.

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