Los custodios de extramuros

El Núcleo de Servicios de la Guardia Civil se encarga del traslado de presos desde la cárcel asturiana a consultas médicas, bodas, velatorios y funerales

Un sargento de la Guardia Civil introduce a un hombre en el autobús de traslados / FOTOS JORGE PETEIRO
OLAYA SUÁREZ

Son los encargados de llevar a los internos penitenciarios al médico, a los funerales y velatorios de familiares, a juicios e incluso a sus propias bodas. Son sus custodios fuera del penal, extramuros, un trabajo «complicado» en el que la prevención y la precaución son clave. Los efectivos del Núcleo de Servicios de la Comandancia de Oviedo de Guardia Civil se ocupan a diario de las conducciones de los presos desde la cárcel, ubicada en Llanera, a los hospitales de referencia y a los juzgados.

Celdas de seguridad en el HUCA.
Celdas de seguridad en el HUCA.

Tienen una rutina fija y otros servicios que les imponen las emergencias. «Si los servicios médicos del centro penitenciario deciden a las 3 de la mañana que hay que llevar un preso a Urgencias, se pone en marcha el protocolo para llevarlo en el furgón al hospital, aunque la mayoría de traslados que hacemos son programados previamente», explica José Román Gómez Mahave, jefe del Núcleo de Servicios de la Comandancia de Oviedo. De esa forma, conocen las citas médicas de los internos: oftalmología, traumatología, ginecología, cirugía vascular... «El nuevo hospital cuenta con un espacio reservado para los internos, unas celdas de seguridad en las que les pasan consulta y que son vigiladas en todo momento desde fuera, lo que se intenta es que los internos pasen el menor tiempo posible en el hospital y que transiten por los espacios comunes lo mínimo», añade el responsable del servicio, que cuenta con una unidad similar en la Comandancia de la Guardia Civil en Gijón.

El autobús procedente de prisión, a las puertas del Hospital Central de Asturias (HUCA).
El autobús procedente de prisión, a las puertas del Hospital Central de Asturias (HUCA).

Su principal cometido es que «todo se desarrolle con la máxima seguridad, para el interno y también para los funcionarios». Los efectivos destinados en esta unidad saben que los traslados «son momentos de alto riesgo en los que se puede aprovechar para un intento de fuga, esa posibilidad siempre la tenemos presente, por eso extremamos las precauciones y realizamos antes una inspección del lugar para comprobar el entorno y conocerlo».

En cada trayecto, la dirección del penal entrega una hoja individual de casa preso. Refleja el grado de peligrosidad y si tiene antecedentes con tentativas de fugas o agresiones a otros internos o a funcionarios. «Tratamos de tener la mayor información posible de todo, del propio interno y del terreno en el que nos vamos a mover para no llevar sorpresas», abunda el teniente Gómez Mahave.

«Trabajamos constantemente en la coordinación entre Instituciones Penitenciarias, el Servicio de Salud y la Guardia Civil, tenemos muy buena sintonía y estamos en permanente comunicación para trabajar de la mejor forma posible», añade.

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Pisar la calle

Además de transporte a consultas médicas y juicios, a los agentes de la Guardia Civil les corresponde también la tarea de llevar a los internos a funerales de familiares, velatorios e incluso a sus propias bodas, como ocurrió cuando la interna María Jesús Lastra se casó con otro preso, Gabriel Gabarri, en un juzgado de Llanera. «Ante todo los internos son personas, eso lo tenemos siempre muy presente», asevera el jefe de la unidad. Para los condenados, salir extramuros, aunque sea para acudir a una consulta médica, significa pisar la calle a la que no volverán, algunos, en muchos en años.