«Les damos un espacio para que empiecen a construir lo que la violencia ha deconstruido»

Yoanna Magdalena. / D. ARIENZA
Yoanna Magdalena. / D. ARIENZA

«Las mujeres llegan con un sentimiento de culpa y miedo muy presente, pero no son las culpables y tienen que saber que no están solas»

L. M.GIJÓN.

Yoanna Magdalena (San Martín del Rey Aurelio, 1977) entró a trabajar en la red de casas de acogida como psicóloga en 2001 y, desde 2006, es su coordinadora.

-Los orígenes de la red se remontan al año 2000. ¿Cómo se gesta?

-Ese año, el Principado, la Federación Asturiana de Concejos y Cruz Roja firman un convenio marco que asegura que cualquier mujer de Asturias tenga el mismo nivel de intervención y los mismos tiempos de estancia independientemente del dispositivo en que ingrese.

-¿En qué sentido fue pionera?

-En el de trabajar con mujeres que no necesariamente tienen que interponer denuncia para ingresar en un recurso de acogida. La interposición de denuncia se trabaja dentro de la red junto con los centros asesores de la mujer. Acompañamos a las mujeres en el recorrido de si quieren o no denunciar, de asumir que tienen un problema de violencia de género y trabajar con ellas en un proyecto de recuperación personal. Otro aspecto innovador es que tenemos en cuenta absolutamente todo lo que nos dice.

-Amplíeme el concepto de «recuperación personal».

-La violencia afecta a nivel físico, psicológico y social y para su recuperación es imprescindible abordar estas tres esferas. Por eso hay psicólogos, trabajadores sociales, educadores... Además contamos con el resto de profesionales que forman parte del protocolo interdepartamental. La red no es solo un recurso, es una forma de trabajar contra la desigualdad.

-¿Cuáles son sus objetivos?

-Asesorar, acompañar, motivar y escuchar. No hay nada más terapéutico para estas mujeres que el estar presentes. Y que ellas hagan una vida lo más independiente posible. La red les ofrece un espacio privado para que empiecen a vivir, a pensar y reflexionar. Para que puedan construir lo que se ha deconstruido con la violencia.

-En este sentido, la Casa Malva supuso un cambio en el modelo.

-Sí, se empieza a construir a la par que diseñábamos el proyecto marco de intervención. Es un referente dentro y fuera de España. Se trataba también de hacer visibles los recursos para que la sociedad participe y valore esta problemática.

-¿Cómo estructuran la intervención con las mujeres víctimas de malos tratos?

-Es una intervención por fases. La primera es la de acceso, a través del servicio telefónico ubicado en la Casa Malva, que recibe unas 500 llamadas al año. En la segunda, la de acogida, se trata de ver en qué momento está de su decisión de romper esa relación violenta, darle tiempo para ver qué quiere hacer. También es un momento de adaptación al recurso y de acompañamiento constante. La siguiente fase, si quiere quedarse, es la de larga estancia, que dura en torno a seis meses. Y luego ya en un piso tutelado pueden estar hasta dieciocho meses.

-¿Cómo llegan las mujeres?

-Muy desvitalizadas. El sentimiento de culpa y miedo está muy presentes en ellas. También el de vergüenza y soledad. Aquí se trabaja en proyectos muy individualizados para que salgan del aislamiento al que han estado sometidas.

-¿Un mensaje para las víctimas?

-Han de saber que ellas no son las culpables y que no están solas.