Hacienda justifica la inspección a los recién casados por el negocio que hay en torno a las bodas

José Ignacio Rollán./E. C.
José Ignacio Rollán. / E. C.

José Ignacio Rollán señala que colaborar con la Agencia Tributaria es una obligación

AIDA COLLADO GIJÓN.

Colaborar con la Agencia Tributaria, recordaba ayer su delegado en Asturias, José Ignacio Rollán, «es una obligación para todos». Ni más ni menos. Pero, más allá de esto, los recién casados que reciban la visita de los técnicos de Hacienda para solicitarles todas las facturas relacionadas con su reciente enlace «pueden estar tranquilos», ya que no es su situación lo que se pretende fiscalizar. Lo que se les hace, por parte del personal de la AEAT, «es un requerimiento de información» para posibles análisis de la actividad económica relacionada con las bodas. Tal y como explicó Rollán, lo que se pretende es recopilar información para comprobar las cuentas de los negocios relacionados con el sector nupcial. Reunir datos «que sirvan a una investigación ya en marcha o de manera genérica para seleccionar contribuyentes a los que analizar en el futuro».

Y por esa razón, más hincapié que en cuántos regalos se han recibido o de qué importe -aunque con la ley en la mano se debería tributar por todos ellos, en función de la ley de Donaciones de cada comunidad autónoma- los técnicos que se presenten en la puerta del incipiente matrimonio insistirán más en obtener las facturas del restaurante, el vestido, el fotógrafo o el cuarteto de cuerda que haya amenizado la por lo general infinita espera hasta el banquete. Por si hubiese una investigación en marcha o en el futuro interesase contrastar las cuentas de algún negocio.

La picaresca no es ajena a ninguna actividad económica y, en el caso de las bodas, por poner un ejemplo, algunos declaran haber servido íntimas celebraciones, con poco beneficio, cuando en realidad hasta los que bailaron en Belén pidieron bises entre cigalas. «Cuando hacemos la regularización de cualquier actividad económica, la que sea, necesitamos información», zanja Rollán. Pero en ningún caso es la Agencia Tributaria la que pone el foco sobre los regalos recibidos por la pareja, «ya que al tratarse de una donación se corresponde con un impuesto que está cedido al Principado. Es ajeno a nosotros, pero en cualquier caso no tenemos constancia de que se esté regularizando el tema de los regalos. Sería bastante complejo». Así las cosas, al margen de lo más o menos costoso que resulte a cada cual reunir la información que se le solicita, la visita de Hacienda no es nada que tenga que preocupar a los novios. Y tampoco a los negocios que no hayan intentado engañar al fisco. La gerente de la Unión de Comerciantes, Carmen Moreno, reconoce que han tenido conocimiento de esta práctica de la Agencia Tributaria «por algunos casos de parejas que nos lo han contado». De la acción de Hacienda, de la que forma parte la inspección, «siempre que respete la intimidad de las familias» la Unión de Comerciantes tiene «poco que opinar».

De hecho, la asociación defiende que siempre ha defendido el cumplimiento de las obligaciones fiscales y «así lo hacemos saber a los nuestros socios, a los que orientamos para el cumplimiento adecuado y con garantías de sus obligaciones». Eso sí, matiza, la obligación debería ser igual para todos y desde la Unión echa de menos «que el Ministerio ponga en marcha campañas para actuar sobre el mercado negro, la evasión fiscal o la venta desde tiendas no físicas, que muchas veces tributan en paraísos fiscales». La polémica ha tenido eco político. «La campaña iniciada por Hacienda de acoso y persecución a los recién casados para que tributen por donaciones por los regalos de boda es la constatación de la voracidad fiscal de los gobiernos socialistas», criticó el candidato a la Presidencia del Principado, Ignacio Blanco. Desde las empresas expertas en eventos nupciales prefieren no opinar, aunque aseguran que se ciñen a la legalidad.