«La dispersión rural puede ser un factor diferenciador del producto artesano»

José Feito Fernández, a la derecha, durante su charla. / MARIO ROJAS
José Feito Fernández, a la derecha, durante su charla. / MARIO ROJAS

El economista José Feito Fernández plantea en un seminario sobre el futuro del campo la elaboración de un catálogo sobre los montes comunales

JOSÉ LUIS RUIZ OVIEDO.

El futuro del mundo rural se enfrenta a difíciles retos en los próximos años. El economista y estudioso del campo asturiano, José Feito Fernández, cree que «la fragmentación territorial de Asturias tiene multitud de inconvenientes para las comunicaciones, pero puede aprovecharse para diferenciar los productos artesanos por cada determinado valle».

Feito abrió ayer el nuevo curso del seminario Gerardo Turiel centrado en el desarrollo de la Asturias rural con su charla titulada 'Situación y perspectivas del campo asturiano'. Entre las opciones de futuro, el economista de origen cubano apuesta también por «hacer algo con los montes comunales. Habría que hacer un catálogo y analizar su situación jurídica para ver su posible aprovechamiento».

De forma paralela, apuntó, «se puede poner sobre la mesa el problema del minifundio parcelado que en Asturias nunca se llegó a abordar. Un pequeño productor tiene sus terrenos dispersos, con parcelas en cuesta, húmedas, con muy mal aprovechamiento», explicó. Si se plantea un proceso de concentración parcelaria en el que se puedan incluir los montes comunales «puede ayudar al desarrollo de estas zonas».

En su charla recordó que Asturias históricamente había desaprovechado algunas oportunidades de desarrollo importantes como los programas Leader, «que tienen un enfoque territorial y participativo. Se trata de conectar con los grupos dinámicos de la sociedad». Sin embargo, según Feito, «lo que se ha hecho es aplicarlo como si fueran subvenciones en ventanilla, trasladando la del ministerio al ayuntamiento y algunos alcaldes dieron por hecho que era un dinero que podían utilizar para ganar elecciones».

También indicó que la «especial configuración geográfica de la región, aislada por la cordillera, favoreció que se buscaran modelos económicos 'a lo grande' para ser autónomos. Así se desarrolló la economía del carbón. Y las economías extractivas tienen siempre fecha de caducidad, porque se acaba», explicó. Una vez que esa industria va desapareciendo, indicó, «quedan pueblos desiertos en los que crece la naturaleza salvaje y favorece los incendios».